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De zapatero a pescador para sobrevivir a la pandemia en Progreso

Durante un recorrido por Progreso en el segundo domingo de agosto

La economía no se puede detener, dice un pescador

Mientras algunas personas se bañan en el mar de Chicxulub Puerto y otras caminan en la playa, en el muelle el señor José Santana, quien lleva un cubrebocas ya mojado, pesca jureles con un anzuelo.

De oficio zapatero, José es una de los miles de personas que se han visto afectadas por la pandemia de Covid-19. Tuvo que cerrar su taller y vivir de sus ahorros que cada vez fueron mermando. Apenas reabrió hace una semana, pero reconoce que no es igual que antes.

Para olvidarse un poco de la situación, pesca casi todos los días y así, señala, sale para la comida.

“No hay nada como esto… y es gratis”, dice tras asegurar que ha visto a médicos llegar a contemplar el mar durante varios minutos.

Es la primera vez que José ve una “situación muy dura” en el puerto y por eso dice que la economía no se puede detener, pues muchos están al día. “Ese restaurante”, comenta señalando uno en la orilla de la playa, “está vendiendo comida a domicilio, pero ¿quién compra?”

Chicxulub Puerto estaría rebosando de gente en estos días, asegura. “Pero ¿a qué vienen los turistas si las playas están cerradas? (…) Está bien que se tomen las medidas, pero la economía no se puede detener”.

Por disposición del gobierno del Estado, para prevenir contagios de Covid-19 se restringió el acceso a las playas y lugares públicos, pero hay gente que se las ingenia o aprovecha la escasa vigilancia para meterse a la playa y bañarse en el mar.

Domingo turístico

Es el segundo domingo de agosto y allí mismo, en el muelle, una pareja hace ejercicio, otra pareja de la tercera edad se toma fotos junto al letrero “I (símbolo de corazón) Chicxulub” y un grupo de jóvenes espera a una embarcación que se irá de pesca de 15 a 20 días mar adentro.

En los negocios es posible ver a veraneantes surtiéndose de agua, refrescos o botanas. Se ve gente en la calle, en las tiendas y en la playa, pero los que no se ven son policías ni a los “Amigos de la Salud” para que exhorten a las personas a permanecer en casa.

Lo mismo ocurre en Progreso, donde el malecón sigue cercado con vallas y cintas amarillas, que algunos paseantes saltan para caminar unos minutos en la arena y sacarse fotos.

En esa área nadie se baña, quizá por ser más céntrica y de repente podría asomarse una patrulla, pero en la playa cercana a la Casa del Pastel la situación es diferente.

Si bien no en demasía como en años anteriores, sí es posible ver bañistas, inclusive turistas nacionales disfrutando el mar y tomándose “selfis”.

Esa situación molesta a los locales. Un progreseño, al ver al fotógrafo del Diario sacar fotos en las letras monumentales que dicen “Progreso”, apunta hacia la playa y exclama, mientras pasa en su automóvil junto con su familia: “¡Allí hay gente bañándose!”.

Luego remata: “No estamos en contra de que los meridanos vengan y se metan al mar, pero que también nos dejen a los que vivimos aquí”.

Según el reporte de ayer, Progreso acumula 203 casos de Covid-19, lo que lo sitúa en el octavo lugar en el Estado.— Jorge Iván Canul Ek

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