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Derrotar a la violencia

La cautela con que opina David Trimble (Bangor, Irlanda del Norte, 1944), experto en procesos de paz, es la mejor muestra de que la crisis de violencia que padece México es tan desafiante como compleja.

Lord David Trimble, exprimer ministro de Irlanda del Norte

Mario S. Durán Yabur

El exprimer ministro de Irlanda del Norte y antiguo líder del Partido Unionista de Ulster, quien recibió el Premio Nobel de la Paz en 1998 junto con su rival político John Hume por su papel en el proceso de negociación que puso fin a 30 años de guerra entre católicos y protestantes, no ofrece una fórmula contra la escalada de terror y muerte que desangra a México, aunque en su conversación va dejando pistas sobre cómo construir una salida.

El constante incremento de asesinatos en México después de que el gobierno declaró la guerra contra el narcotráfico en 2006 ha situado al país entre los más violentos del mundo desde entonces. Cinco de las seis ciudades del planeta con mayor tasa de homicidios en 2018 eran mexicanas, según el estudio anual del Consejo Ciudadano para la Seguridad Pública y la Justicia Penal.

La violencia ha mantenido su aumento este año. Con más de 17,608 asesinatos, el primer semestre de 2019 fue el más violento en la historia del país. “Ni siquiera Yucatán, considerado el estado más pacífico, se libra de esa espiral de violencia. Pese a ello, su capital, Mérida, fue catalogada recientemente como la segunda ciudad más segura de toda América, de acuerdo con la revista CEO World”, reporta el medio alemán Deutsche Welle.

Precisamente por esta última razón, “por ser una muestra de que la paz es posible si la sociedad y el gobierno trabajan juntos”, es que Mérida fue escogida para acoger la XVII Cumbre de los Premios Nobel de la Paz, a la que vino Trimble.

Este abogado de personalidad compleja —según lo describen sus biógrafos— obtuvo merecida fama de especialista en negociaciones cuando logró convencer a la mayoría protestante, durante largo tiempo apegada a sus privilegios, de que compartiera el poder con los católicos, en busca de una Irlanda del Norte reconciliada. Además del Nobel y la reputación, ganó con ello el privilegio de dirigir el primer gobierno semiautónomo de su país, surgido del llamado Acuerdo de Viernes Santo, en 1998.

En conversación con este periódico, durante un receso de sus actividades en la Cumbre, dice de entrada que es la primera vez que está en México, como para advertir que no puede hablar de lo que no conoce, aunque eso no le impide señalar que el gobierno está obligado a combatir con acciones contundentes la problemática de la inseguridad.

Como es de suponerse tratándose de un experto en la construcción de pactos, el político británico se opone a quienes pretenden apagar el fuego con más fuego, avisa que los engaños y las artimañas no sirven y reivindica la importancia de una buena negociación para construir la paz. “Negociar es estar dispuesto a ponerse en la piel del otro y a asumir compromisos para alcanzar acuerdos”.

El político norirlandés también advierte acerca de los peligros que entraña la propuesta del gobierno mexicano de conceder la amnistía a presos que purgan condenas por delitos considerados menores —narcomenudeo, robo simple, algunos delitos contra la salud y los de naturaleza política, como la sedición— y subraya que una medida de esta naturaleza no puede echarse a andar sin antes ponerla a consideración de los ciudadanos.

¿Esta crisis de violencia que vive México es un asunto de leyes, estrategias, valores, educación..?

Obviamente es un poco de todo esto. Sin embargo, cuando se dice que la violencia está desafiando al país no es bueno generalizar, hay que identificar bien de qué tipo de violencia se trata y dónde se ha salido de control, porque, por ejemplo, aquí donde hoy estamos prácticamente no existe, está en otras partes de México. Así que lo primero que se tiene que hacer es identificar dónde está el mal y cuál es su origen y a partir de ahí buscar soluciones. Lo que es claro es que esto tiene que ser resuelto, no es saludable ni correcto que el gobierno tolere tanta violencia —sea criminal o de cualquier otra índole—, tiene la obligación de lidiar con ella, de combatirla con acciones contundentes. Sé que es difícil hacerlo, pero una de las cosas más importantes es mostrar que estás determinado a ser efectivo al respecto, que realmente sabes que las cosas están mal y quieres resolverlas. Cuando el gobierno esté seguro de esto actuará para sacar al país adelante.

¿Qué podría enseñarle a México la negociación que logró el acuerdo para poner fin al conflicto en Irlanda del Norte?

En mi país identificamos bien cuáles eran nuestros problemas y buscamos las maneras de resolverlos. Uno de los principios fundamentales fue crear —y sostener— procesos democráticos, algo que puede parecer una obviedad, pero en algunas situaciones complicadas muchas personas pretenden ignorar o menosprecian los resultados obtenidos mediante un proceso democrático. Y otra cosa importante fue que antes de sentarnos a negociar identificamos opciones para la toma de decisiones, algo derivado del proceso democrático, pero una vez que les dices a los demás: “¿Cuál es tu proceso de toma decisiones con respecto a los demás partidos que están involucrados?, puedes identificar y clarificar lo que se necesita negociar y nos dio los procesos para hacerlo. Básicamente, lo que hicimos fue entablar una negociación eficaz entre dos partes. La negociación es útil en situaciones complicadas.

Usted ha señalado que hay que moverse fuera de lo convencional en los procesos de negociación ¿Cómo podría aplicarse esto en el caso mexicano?

Bueno, no puedo responder esa pregunta porque no soy un experto en México y no sé cuáles son sus problemas particulares, algo que se necesita conocer a fondo antes incluso de pensar cómo pueden resolverse. Lo que sí puedo decir acerca de esto es que hay que darse cuenta de que cada situación tiene sus particularidades, sus propias características. Tú podrías decir que es algo parecido a lo que pasó en otras partes, pero no hay que pasar por alto que el contexto particular de un país tiene sus propios antecedentes, sus propias circunstancias, sus propias personalidades. Y se debe tener en cuenta todo eso antes de decidir el siguiente paso a seguir, antes de comenzar a construir el camino hacia una solución duradera.

¿Como experto en procesos de paz, está usted de acuerdo con una ley de amnistía como una forma de lograr el fin de la violencia?

Bueno, esto es algo… En una iniciativa como esa las autoridades tienen que ser muy cuidadosas y detenerse a pensar en la sociedad, en todo por lo que ha pasado, así que saber la opinión de los ciudadanos no sólo es necesario, es fundamental. Como un principio general, contar con un sistema legal sólido, completo, que pueda lidiar con actos criminales, es indispensable. No se puede voltear a ver a otro lado y pasar por encima de las leyes que ya existen. Si los implicados en terrorismo y corrupción pueden librarse de su castigo y el sistema legal no puede evitar que esto suceda, la sociedad será la gran perdedora. Así que la autoridad debe tener siempre presente qué circunstancias justifican la medida. De hecho, nuestro proceso sí involucró la liberación anticipada de presos, claro, bajo ciertas condiciones. Las preguntan entonces serían: ¿cuáles son los antecedentes de estos delincuentes, cuáles son sus historiales y la gravedad de sus crímenes? Nuestra conclusión fue que bajo ciertas circunstancias puede disminuir —pero en algunos casos también aumentar— el tiempo de cárcel. Pero fuimos muy conscientes, muy cuidadosos, para evitar que la sociedad pudiera pensar que el sistema legal podía ser burlado. Queríamos que se percibiera que lo hacíamos buscando la reconciliación del país.

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