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Días contradictorios

Foto: Megamedia

Gran éxito en lo simbólico y todavía poco en los hechos, saldo del corte de caja de los primeros meses del nuevo gobierno federal

Los primeros cien días de López Obrador ofrecen visiones contrastantes: por un lado, el éxito de su política simbólica, manifestado en la popularidad extraordinaria de que goza, y por otro el envío de señales contradictorias en el terreno de los hechos, que hacen difícil observar cuál será la perspectiva sexenal.

Cien días suenan a poco, advierten los analistas Freddy Espadas Sosa, Martín Echeverría Victoria y Álvaro Cano Escalante, aunque, admiten, la necesidad de acción que tiene ahora mismo México para comenzar a resolver sus problemas justifica el cumplimiento del rito de someter al presidente a una evaluación de sus pasos iniciales.

Contrastes

El Dr. Echeverría Victoria, investigador yucateco de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla (BUAP), comenta que a nivel simbólico la actuación del presidente le ha parecido interesante, porque ha reivindicado demandas sociales —el combate a la corrupción y el huachicoleo, las medidas de austeridad…— que durante mucho tiempo no fueron escuchadas y el presidente ha empezado a destrabar.

“Ahora bien, a mediano plazo no entiendo las señales que envía: cancela la construcción del aeropuerto, que es un mensaje negativo para los inversionistas —nadie arriesga su dinero en un país que cambia su política económica al cabo de cada sexenio—, pero al mismo tiempo corteja a los empresarios y los invita a invertir en el país”.

“O sea, en términos reales no entiendo bien, no me queda clara la coherencia de su programa económico”.

Tampoco, continúa, hay congruencia en su programa educativo: por un lado dice que va a tirar la reforma educativa —que tiene sus partes buenas— y por otro tolera las manifestaciones de la CNTE. “Es decir, hay contradicciones que me hacen difícil observar en el terreno concreto de los hechos cuál va a ser la perspectiva sexenal, pero en términos de política simbólica, me queda claro que ha sido un éxito y probablemente esa sea la línea a seguir a lo largo del sexenio”.

El Dr. Echeverría Victoria señala que el rumbo del país se ve claro solamente en el corto plazo y en cuanto a ciertas reivindicaciones históricas, pero ya pensando en todo el sexenio el panorama se hace borroso.

Pese a todo, dice sentirse optimista, aunque no tanto por lo que hace el gobierno, subraya, sino por la forma como la gente ha demostrado estar dispuesta a acudir a las urnas a demandar cambios. “Esa participación para darle la vuelta a los sistemas que los han defraudado llegó para quedarse. No estoy seguro de ser optimista respecto al gobierno, pero sí me hace tener esperanzas esa activación sociopolítica. Creo que hay sociedad civil y que está cada vez más y más activa”.

“En un balance de cien días se leen intenciones, se lee un despliegue simbólico, no se pueden leer resultados. Desde este punto de vista creo que López Obrador ha hecho su trabajo de reivindicación social, pero en lo demás tenemos que esperar un poco más de tiempo”.

Claroscuros

El doctor Espadas Sosa coincide en que la naciente gestión ha sido de claroscuros, aunque según su análisis los aciertos inclinan la balanza a su favor, por los cambios que están generando.

Entre lo positivo, lo primero que resalta es el enorme índice de aprobación —el más alto en décadas— con que el presidente llega a estas instancias, una muestra de que las expectativas de la gente siguen intactas.

Esta popularidad es producto además de la legitimidad con que llegó al cargo y a ese particular estilo de ejercer su liderazgo, dice, así como a la firmeza mostrada en sus decisiones y al cumplimiento de algunos de sus compromisos de campaña.

“Han sido bien vistos el combate a la corrupción y al robo de combustibles, la campaña de austeridad republicana —que ha sacudido el avispero en el ámbito de la función pública, tan llena de privilegios y de excesos—, los grandes programas sociales —que más allá de los sesgos que puedan tener sus manejos son de estricta justicia social—, los avances legislativos y, desde luego, un efectivo manejo mediático”.

Entre los temas cuestionables menciona el tren maya, las consultas a modo —correteadas y con escasa participación—, el cierre de las estancias infantiles y los refugios para las mujeres en situación de vulnerabilidad.

“El presidente tiene que aprender a dar marcha atrás y reconsiderar. En el tema de las ONG, por ejemplo, creo que no debe haber tabla rasa, es cierto que fluyó la corrupción —para no ir muy lejos tenemos los 2,000 millones entregados a Josefina Vázquez Mota que nunca se dijo para qué fueron o la Fundación Vamos México de Martha Sahagún—, pero con todo no se puede meter a todas las asociaciones de la sociedad civil en un mismo saco”.

Uno de los puntos más cuestionables es el discurso rijoso del presidente, señala el catedrático de la Universidad Pedagógica. “Me parece que encona el ánimo nacional. Además se contradice: un día habla de reconciliación, de un gobierno para todos y al otro azuza a sus seguidores contra sus adversarios. El presidente no debe expresar sus puntos de vista o hacerlo con cierta mesura por todo lo que representa”.

Para finalizar, el Dr. Espadas Sosa dice que el presidente está haciendo un gran esfuerzo, porque “el país está más descompuesto de lo que se podía suponer” y señala que tiene enfrente dos retos mayúsculos: la reactivación de la economía y el combate a la inseguridad.

El país requiere crecer al 4% al menos para comenzar a generar riqueza y mejores condiciones de vida para la población, refiere. Y aunque los datos hablan de estancamiento, Carlos Slim comentó hace unos días que esa meta es posible.

Y en cuanto a la seguridad, un tema que, se percibe, lo tiene preocupado, se espera que pronto quede lista la Ley General de la Guardia Nacional para que la tarea de la pacificación del país se haga con más eficacia.

Falta de resultados

Al economista Cano Escalante, el más crítico de los tres analistas consultados, le parece que el arranque de sexenio ha sido más lento de lo que se esperaba. “Es decir, el nuevo gobierno venía con unas expectativas muy grandes —lo que todavía se refleja en las encuestas de popularidad—, pero no ha logrado cuajar programas sociales que según sus ofrecimientos debían ya de estar en marcha”.

“Más allá de lo político, en lo administrativo ha tenido que hacer malabares, quitar partidas a programas en funcionamiento para que los que él ofreció pudieran realizarse”.

El presupuesto público ha sido una cobija: para tapar a unos destapó a otros. Han sido cancelados programas y apoyos que se consideraban necesarios, como los refugios para mujeres y las guarderías, recuerda.

Se pretendió justificar estas polémicas medidas con el argumento de que esos programas eran nidos de corrupción, pero en los hechos decisiones de este tipo frenaron el ímpetu que traía López Obrador antes de su toma de posesión, asegura.

“El balance es de claroscuros, pero si tuviera que dar un veredicto, las cancelaciones, la parte no tan buena —por decirlo así— pesa más que lo poco conseguido, que está básicamente en el tema de los subsidios”.

“No tenemos todavía un gran anuncio de obra, concreta, ya puesta en práctica; no hay un anuncio de medidas para revertir la desaceleración económica del país, no hay cuestiones de impacto generalizado, sólo hechos focalizados de asistencia a ciertos grupos de población. Y aunque esto no puede criticarse, son muchas las cosas que debieron de haberse hecho y no se ha podido”.

“Hay pocos logros. Si se mantiene la tendencia —avanzar en algo, retroceder en otra cosa, avanzar y retroceder otra vez—, si no se define un rumbo que vaya más allá de la política asistencialista, en los próximos 100, 200 ó 1,000 días seguiremos hablando más de lo que no se consiguió que lo que sí pudo realizarse”.

El experto no se siente ni optimista ni pesimista respecto al futuro, sino a la expectativa. “Mientras no haya una definición de rumbo en la parte económica, que no la veo todavía, creo que la situación no va a mejorar”.

Viene un tsunami

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El presidente presumió hace unos días que no ve ni de cerca una recesión, está convencido de que sus cifras son las correctas. Sin embargo, el economista Álvaro Cano Escalante advierte que ese optimismo no es real ni responsable. “El país está ante un panorama de desaceleración mucho más claro del que había hace uno o dos meses”, señala.

No hay ninguna duda al respecto, el sistema económico mexicano está entrando en una fase crítica. Y hacia ese mismo sitio se dirige la economía mundial: Estados Unidos está a las puertas de una recesión, lo que, de entrada, sería más que suficiente para que a México le dé pulmonía.

“Y a esto hay sumarle otro factor importantísimo, pero del que apenas se está empezando a hablar. China, la segunda economía del mundo, también se está desacelerando”.

El gigante asiático es el mayor demandante mundial de materias primas, establece los precios de los commodities en el mercado mundial. Si reduce su producción también bajará su demanda, por tanto, las empresas de todo el mundo que le surten verán reducidas sus ventas.

“Si se confirman estas tendencias, que es lo más probable, estaremos en aprietos. El escenario mundial no es favorable, necesitamos sentarnos a pensar qué vamos a hacer en ese entorno adverso, pero el gobierno federal no lo está considerando así, está confiando en que las cosas, de una u otra manera, van a salir por sí solas”.— Mario S. Durán Yabur

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