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Egel en tiempos de Covid: cuando el futuro depende del Internet

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Foto de archivo.

Imagina que estás por presentar un examen de admisión o de egreso, las horas previas son una agonía, en un poco más todos esos años habrá valido la pena. Has repasado la lista de requisitos una y otra vez. Lo tienes todo, a menos eso parecía la última vez que revisaste en tu mente: llevas la ficha de inscripción, el lápiz, borrador, calculadora e identificación. Qué pasaría si fuera diferente, si a estos factores de un examen tan definitorio se le agrega la pandemia. El resultado sería incertidumbre, justo como la que viven los alumnos que hoy presentan su examen de Egreso de la Licenciatura (EGEL). 

Este domingo, los pasantes que cursaron la Licenciatura en Odontología en la Universidad Autónoma de Yucatán (UADY), pondrán a prueba los conocimientos de cinco años en el examen EGEL. Sin embargo, la situación es inédita, pues el virus los obligó a presentar en línea con un software que quiere evitar las trampas a toda costa.  ¿Qué cambia? Para los sustentantes casi todo, así lo dieron a conocer desde tres realidades futuros cirujanos dentistas.

¿Qué es el EGEL?

Aunque hoy este grupo se enfrenta a la prueba, el instrumento es nacional. EGEL significa Examen General para el Egreso de Licenciatura y está desarrollado por el Centro Nacional de Evaluación para la Educación Superior (Ceneval). Los alumnos que lo superen con una buena calificación tendrán una acreditación oficial que es muy útil para mejorar su situación ante el mercado laboral. Además, hay licenciaturas que permiten titularse si se pasa el examen, Odontología en la UADY es una de ellas. 

Miedos que no dependen de ellos

Antes, cuando se presentaba un examen para ingresar o egresar de algún grado, los errores dependían de los alumnos. Algunos llegaban el día de su prueba y se daban cuenta que habían olvidado imprimir sus pases, otros no llevaban sus lápices y, si algo salía mal, casi todo era un descuido del sustentante. Ahora es distinto.

“Mi mayor miedo es que falle la conexión a internet, un apagón o algo de ese estilo”, nos dijo Alan Arias Chávez, de 23 años y sustentante del EGEL. En su opinión coincide Erick Alejandro Acosta Méndez, de 24 años: “Justo se fue la luz en la mañana tres veces. Tengo miedo de tener algún problema de conectividad. También de las medidas, si miras hacia algún lugar de manera sospechosa se cancela el examen”.


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Los problemas de conectividad, como ellos confesaron, asustan más que la prueba misma. Lluvia Linaldi Cortés Hernández, de 26 años, también le teme a los requisitos: “Hicimos el simulador con el programa y mi computadora se echó a perder, se supone que debe ser en la misma, pero la cambié”. 

Tres futuros profesionales, su mayor miedo no es no haber estudiado lo suficiente o no saber las respuestas, le temen a que su internet les haga pasar un mal rato que termine en la cancelación de su examen. Ni ellos ni el Ceneval, que también se encarga del Exani, se imaginaban cómo cambiaría todo el panorama educativo.

“Siento que voy a estar más pendiente de que me cancelen el examen que de la prueba”, añadió Erick. 

¿Cuántos presentan en México?

Al leer la convocatoria y los requisitos para presentar el examen, no se puede dejar fuera  el nivel socioeconómico de los alumnos y su capacidad, como pasantes, de cumplir todos las peticiones. Este podría ser uno de los exámenes EGEL más caros de la historia con todas las especificaciones.

Durante 2019, el Ceneval aplicó y calificó cerca de dos millones de exámenes. Una gran mayoría –casi millón y medio– sirvieron para ingresar a la educación media superior, superior o posgrado; una buena cantidad –poco más de 200 mil– se aplicó a estudiantes y egresados universitarios de todo el país; para el Servicio Profesional Docente se aplicaron alrededor de 160 mil; y con poco más de 100 mil procesos se pudo diagnosticar, acreditar o certificar a personas que deseaban obtener un certificado de bachillerato o un título de licenciatura, acceder a una certificación de alguna asociación de profesionistas o aspirar a un nuevo empleo. 

En el caso de Odontología, el año pasado presentaron en México 6 451 sustentantes provenientes de 118 instituciones o planteles de educación superior (IES) del país. Al momento de aplicar, en 2019, 51.8% declaró tener un empleo, mientras que 48.2% indicó lo contrario. 

Los requisitos y el software 

Previo a este día, los sustentantes realizaron una prueba: grabaron su espacio, incluyendo el suelo, techo y paredes. Al momento deberán posar ante la cámara sin accesorios, por lo que necesitan considerar cuánta resolución tienen sus equipos. Es, según la convocatoria, “su responsabilidad” tener una computadora funcional el día del examen y buena conexión. 

“Tuve que hacer mejoras en mi internet, invertir en un módem nuevo para una conexión más estable”, dijo Alan, quien también habló con las personas que viven con él para que no lo interrumpan. . “La situación es peor para los que viven en el interior del Estado”.   Erick Acosta hizo énfasis en la importancia de considerar el nivel socioeconómico de los sustentantes: “No todos tiene las mismas posibilidades económicas, sobre todo tras las lluvias y huracanes”. 

Estando en la prueba, los sustentantes no pueden mover la vista hacia otros lados que no sean el monitor. La cámara y el micrófono deberán estar activos en todo momento, ya que los estarán grabando.  

Ni ir al baño

“Se siente como una violación a la privacidad, no puedes ni ir al baño, cuando en la prueba física las cosas son distintas”, explicó Alan sobre el software que los grabará durante el EGEL.  “No me va a permitir concentrarme que me graben todo el tiempo”, expresó Lluvia. 

Entre los requisitos, también aparece que los pasantes no pueden tener más que su computadora en el escritorio (y ciertos libros dependiendo de la licenciatura). No pueden ir al baño, si usan una hoja deben romperla ante la cámara al terminar la prueba y mostrarla al principio, no se permite beber ni comer nada durante las ocho horas que dura el examen (divididas en dos sesiones). Levantarse a conectar su computadora a la corriente podría verse como un movimiento sospechoso. Tampoco deben hablar en voz alta, o hacer ruidos. 

“No pueden predecir qué hacemos, pero hay cosas extremas. No puedes ni ver el techo, porque nos dijeron que pueden creer que estás copiando”, aseguró Lluvia cuando le preguntamos qué piensa de las medidas. 

Hay tantas cosas que podrían salir mal. Todo cuenta. Sin embargo, estos requisitos son necesarios en esta primera prueba. ¿De qué otra manera el Ceneval podría asegurarse de que los exámenes no se estén filtrando y de que los alumnos no hagan trampa? 

Sobre este punto, Alan nos dijo: “Pienso que las medidas son necesarias, porque un tipo de examen así, a distancia, se presta mucho al plagio”. 

Si en algún punto sucede algo en sus casas, tendrán que intentar no apartar la mirada. 

Sin arrepentimientos

Hay más que considerar que la conexión, también están los hábitos del estudiante. Es común que al presentar estas pruebas, si los sustentantes se atoran con algunas preguntas, contestan el resto del examen y, al final, regresan a responder todas las que dejaron pendientes. Ahora no hay esa posibilidad.

“La desventaja con cómo era presencial es que al momento de responder y de darle aceptar, ya no puedes regresar a esa misma pregunta. No te puedes arrepentir”, señaló Érick. 

El Ceneval pone a disposición otras fechas para presentar estas pruebas y se coordina con cada una de las instituciones. Aunque en México hay universidades que pueden presentar presencialmente, por ahora Yucatán no tiene una fecha definida y los sustentantes coincidieron en que este es el mejor momento, pues sus conocimientos "están frescos".

La diferencia en el EGEL y otras pruebas

Las restricciones y requisitos son necesarios, al menos por ahora. En la actualidad cada vez hay más exámenes digitales, incluso cursos, licenciaturas y maestrías. Todos éstos se diseñan con anticipación. Por el contrario, en el caso de las pruebas que aplica el Ceneval, la contingencia los obligó a cambiar de métodos.

“Sería interesante que se lanzara una convocatoria, así como las becas, que midan el nivel socioeconómico de los alumnos y que activen las salas de computo de las universidades”, concluyó Alan sobre su propuesta para hacer esta prueba más accesible, algo similar a lo que dijo Érick: “Propondría que cualquier escuela habilite sus salas de computo, para las personas que no tiene las posibilidades o no cuentan con el espacio para poder aislarse”.

En un mundo tan cambiante, este año, quienes presenten recordarán que fue la primera vez que se aplicó el examen en línea y, seguramente, si ocurren más ediciones en años posteriores, tanto los alumnos como las instituciones estarán más preparados para disminuir brechas.  

A quiénes les irá mejor: ¿A los que tienen  mayor conocimiento o los que cuentan con mayor acceso la tecnología? Esta pregunta se puso sobre la mesa desde inicios de la pandemia y la respuesta aún está por verse.

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