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El amor maternal trasciende en un par de profesiones

María Rita Franco Góngora con sus alumnos de preescolar en el colegio donde labora. El amor maternal también es un apoyo en la docencia

“Podría ser mi hijo”

El espíritu maternal sale a relucir no solo en casa, sino al ejercer una labor profesional relacionada con los niños, pues las mujeres que son mamás y hasta las que no lo son, se dejan llevar por ese sentimiento y cariño casi innato hacia los menores, que las motiva a tratar de protegerlos y ayudarlos.

En profesiones como la docencia y la enfermería se manifiesta esta situación a flor de piel, y así lo cuentan dos mujeres que se dedican a estas labores y que comparten su amor con niños que, si bien no parieron, les roban el corazón todo el tiempo.

María Rita Franco Góngora, maestra de preescolar del Colegio Rogers Hall, señala que el instinto maternal se hace presente en esta profesión, pues hay que darles mucho amor y cariño a los niños, para ganarse su confianza y puedan “ayudarlos a desarrollarse y sacar lo mejor de ellos mismos en el salón de clase”.

Asegura que en el aula ella no es solo la mamá de los niños, sino su confidente, pues les cuentan todo; su doctora, porque los curan cuando se lastiman, y hace todo lo que una mamá.

Hay una conexión y vínculo de afecto muy estrecho entre las maestras y sus alumnos.

Indica que están juntos cinco horas al día, y su labor implica el enseñarles valores y hábitos, ayudarlos a desarrollarse con buenas bases para que a futuro sean hombres y mujeres de bien, algo que se supone deben hacer también mamás y papás en casa, razón por la que la docencia se parece mucho a la labor de ser papás.

María Rita afirma que el cariño de los niños se deja sentir en todo momento, y es común que continuamente le digan mamá en lugar de maestra, una confusión infantil que a ella la llena de satisfacción, pues la hace sentir muy querida y que el trato que brinda a los pequeños es tan positivo que la confunden con su madre.

Tiene muchas anécdotas de niños que la ven en el súper, la iglesia o en un centro comercial, y con la inocencia que les caracteriza —no importa si es a media misa— al verla comienzan a gritar su nombre e invariablemente se acercan a saludarla.

Los más pequeños no son los únicos que se le acercan, también niños de muchas generaciones anteriores, ya lleva 33 años de servicio en el Roger’s, no la olvidan y se acercan a saludarla, “es muy bonito”.

Necesidad

Dice que los niños necesitan mucho cariño, y por ello cada mañana recibe a sus alumnos, sus hijos, con un beso.

Como en toda familia, cuenta que hay quienes están más necesitados de cariño, por su forma de ser o alguna situación particular, y ella procura darles ese amor que necesitan.

Desde otra trinchera, Jennifer González Palomo, enfermera de profesión, quien labora en el en el área de Pediatría del Hospital Regional “Licenciado Ignacio García Téllez” del IMSS deja fluir su amor maternal para atender a los pequeños enfermos.

Es una situación diferente: ahí tiene que tener ese instinto de madre que le hace procurar el bien a los menores, pero al mismo tiempo debe aplicar fortaleza para atenderlos ante situaciones que en ocasiones se tornan delicadas.

Considera que el instinto maternal surge de manera frecuente cuando ven a uno de los niños hospitalizados, pues siempre piensa “podría ser mi hijo”, y esto hace que trate de darle la mejor atención y ayudarlo en su recuperación.

Sin embargo, no es tarea sencilla, pues no solo se trata de ganarse la confianza del niño, sino también del papá o la mamá que lo acompañan, pues siempre debe haber un familiar adulto acompañando al menor.

Casos

El corazón se estruja para esta profesional y madre cuando le tocan casos difíciles, como de niños que prácticamente viven en el hospital por causas como el síndrome del intestino corto. Recuerda a un pequeño con este mal al que le tomó mucho cariño, y cuando falleció fue muy triste para todo el personal, “porque no es solo una persona, somos muchos los que los atendemos”.

Señala que al igual que las madres deben ser fuertes para atender a los niños, no pueden dejar que se les vea tristes o preocupadas, sino brindar la mejor atención posible con cariño y ganarse la confianza del menor para que deje que se le den los medicamentos que requiere o inyecciones, o canalizarlos, por ejemplo.— IRIS MARGARITA CEBALLOS ALVARADO

Muchos 10 de mayo los ha pasado en el hospital trabajando, con sus hijos adoptivos, esos que se vuelven un tanto suyos aunque sea por tan solo unos días.

Atención

Según la edad de los niños a tratar, las enfermeras y médicos aplican métodos en busca de ganarse su confianza, pues se atiende desde bebés hasta adolescentes de unos 13 años, dice Jennifer González Palomo, enfermera del Seguro Social.

Bromas y regalos

Cuenta que en una ocasión un adolescente de 11 años llegó con una fractura en la pierna y bromeaban con él diciendo que seguro estaba distraído con la novia cuando tuvo el percance. En otros casos, y con permiso de los médicos que los atienden, les dan algo que saben que les gusta, como el caso de un pequeño que le gustaba el cereal sabor chocolate, y le regalaban una cajita, para paulatinamente ganarse su cariño y se dejara atender.

Ganancia

Para Jennifer realizar esta labor implica muchas veces tener que dejar a sus propios hijos en casa, pero manifiesta que “es una gran satisfacción ver cuando se van a casa sanos”.

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