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El consumo de res, a la baja

El Ayuntamiento de Umán y la Secretaría de Salud de Yucatán hicieron unas 100 pruebas de detección del Covid-19 a empleados de las áreas de la Comuna que atienden a la gente.

Los compradores disminuyen por la crisis sanitaria

El consumo de carne de res es otra de las víctimas de la pandemia, pues la baja afluencia del turismo nacional e internacional en Yucatán y Quintana Roo ocasionó una caída drástica del mercado de este producto.

El doctor en Ciencias Juan Carlos Ku Vera, jefe del Laboratorio de Cambio Climático y Ganadería de la Facultad de Medicina Veterinaria de la Uady, afirma que en Yucatán la pandemia tiene un impacto negativo directo en la demanda de carne bovina por la contracción del mercado turístico, las restricciones para la movilización de ganado vivo y distribución de carne en canal entre regiones y territorio mexicano.

Dice que esas condiciones son determinantes para que el precio de los animales en pie tengan una caída y una variación en las últimas semanas. En Mérida, señala, la venta de carne de res también bajó, debido principalmente a la poca cantidad de efectivo circulante.

Sin embargo, dice que es paradójico que mientras los gobiernos de los estados y los municipios se esfuerzan por repartir despensas alimentarias a la población rural con carne de bovino, de cerdo, de pollo y huevos incluidos, los grandes consorcios productores de alimentos de origen animal como Lala, Kekén, SuKarne, Gussi, Bachoco, entre otros, exportan sus productos a otros países ricos en plena pandemia por Covid-19.

De hecho, en el primer trimestre de 2020, México exportó a los Estados Unidos 343,588 cabezas de ganado bovino en pie, lo que hace notoria la enorme fragilidad en la cadena de distribución de productos de origen animal en México y el desbalance en la nutrición, porque los pobres no tienen acceso a este alimento rico en proteínas.

“Me pregunto ¿de dónde proviene la carne y el pollo que distribuyen en los paquetes de despensa que reparten en los municipios pobres del país?”, recalca. “Probablemente son de los ranchos y granjas de los grandes conglomerados pecuarios, y que son productos que podrían ser producidos en sistemas de producción de traspatio (aves, cerdos, conejos, pequeños rumiantes) reduciendo así la dependencia alimentaria de miles de familias rurales pobres. Con productos originados de carne, leche y miel en sistemas ganaderos de traspatio no habría necesidad de distribución de despensas, acción que incluso es aprovechada por políticos para tomarse la foto o por agrupaciones criminales (como en el norte de México) para ganar popularidad y aceptación entre la población pobre que no puede comprar alimentos porque es desempleado y no tiene dinero por la pandemia”.

El doctor Vera Ku sostiene que es evidente la asincronía crónica entre la política económica y la política social en el campo mexicano, y calificó como “grotesco” y “con afán populista” de la actual administración federal su programa “Crédito Ganadero a la Palabra” porque “conduce a clientelismo político a la misma vieja usanza de sexenios anteriores”.

“La asignación de recursos económicos directos a productores crea distorsiones en el mercado que minan severamente el desempeño productivo en ranchos y establos de México. En pocas palabras, no funcionan”, reitera el investigador del SNI, postdoctor del Instituto Nacional de Ciencia Animal de Tsukuba, Japón, y actual académico de la Uady.— J.C.C.

 

Felices, pero con cautela