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El gran reto de México

Antonio Molpeceres (en medio)

La ONU señala la necesidad de que se reduzcan las desigualdades

Para mí, el gran reto que tiene México es reducir las desigualdades y para lograrlo cuenta con una nueva generación de jóvenes que se ha formado en los últimos 20 o 25 años, con dinamismo, con ganas de hacer las cosas y de asistir a las universidades, señala Antonio Molpeceres, coordinador residente del Sistema de Naciones Unidas en México.

Hay una sangre nueva, como una ola masiva de jóvenes en varios países de América Latina que han cumplido el ciclo educativo para llegar a la universidad, añade. Son en muchos casos hijos de padres que no tuvieron la oportunidad de una formación universitaria, pero ellos sí tienen esa capacidad ahora.

El peligro es que esos jóvenes después de salir de la universidad no encuentren trabajo, advierte. Porque les han dicho que si van a la universidad, su futuro será mejor que el de sus padres y tendrán buen trabajo.

Nacido en España en una familia que emigró a Canadá desde que él tenía un año y medio de edad, el señor Molpeceres vino a Yucatán en días pasados con un programa que incluyó encuentros con jóvenes y empresarios para promover los objetivos de la Agenda 2030, firmada por 194 países que se adhirieron a un plan de acción a favor de las personas, del planeta, la prosperidad, la paz universal y la justicia, entre otras metas.

Acompañado de Emilio Guerra Díaz, director de la Red Mexicana del Pacto Mundial de las Naciones Unidas; Victoria Tapia, su asistente;  María de Lourdes Gómory Martínez de Menéndez, presidenta de la Unión Social de Empresarios Mexicanos (USEM) en Mérida, y la doctora Martha Castro Castro, activista por la educación y coordinadora del Laboratorio Ciudadano de Inclusión, el coordinador residente de la ONU en México visitó el Diario, donde dirigió un mensaje a nuestros ciberlectores y concedió una entrevista.

En la charla habló de la educación, de las estancias infantiles, de la economía mexicana, de los migrantes y refugiados, de la calidad de vida de Mérida y de su gusto por la comida picante, entre otros temas, de los que informamos hoy y en próxima entrega.

La educación

Una de las causas del subdesarrollo en América Latina es la dicotomía entre la escuela pública y la privada. Hay al menos la percepción de que la escuela privada imparte una educación de mejor nivel que la pública. Se debe eliminar esa diferencia.

En ocasiones hay personas que salen de la pobreza, logran un ingreso que les permite estar en la clase media baja y sacan a sus hijos del colegio público para ponerlos en uno privado. Es una locura, algo demencial, en los casos en que el colegio público es mucho mejor que el privado. Pero es por una cuestión de estigma. Yo estudié en colegio público, igual que mis amigos.

Hay que pensar también que estamos viviendo con una nueva generación de jóvenes. Yo trabajo en una zona de Ciudad de México, en la calle de Montes Urales, y enfrente de mi oficina está la sede de Google y acaban de construir un edificio de WeWork, donde se puede alquilar un espacio para innovar. Es una calle que cada vez que paso me inspira porque está llena de jóvenes con un dinamismo, que están creando. Y no solamente son pintores o músicos sino que, aprovechando que Google está ahí, trabajan en empresas de software y se siente una energía y unas ganas de hacer cosas diferentes y de contribuir impresionantes.

Y vas a la Condesa, a la Roma o a Tepito y es lo mismo. Eso resulta muy optimista.

Estancias infantiles

Estoy totalmente convencido de que el crecimiento de un país  depende mucho de los primeros años de la vida de cualquier ser humano. Es fundamental que al niño, a los dos, tres o cuatro años, se le estimule, se le den los nutrientes alimenticios necesarios para que pueda crecer sanamente y para que su cerebro se pueda desarrollar. Hay que estimular sus experiencias y su interacción con otros niños.

En los países con mayores niveles de desarrollo humano, con los mayores niveles de bienestar, los niños a una edad muy temprana participan en estos espacios o estancias. Es una cosa muy buena. Además, eso permite que el padre y la madre trabajen con la tranquilidad de que su hijo o hija esté en un espacio seguro, donde lo alimentan bien, etcétera, eso facilita  la calidad de vida de la familia entera.

Todos estamos de acuerdo en que es muy bueno que los niños a temprana edad estén en esos espacios de encuentro y de cuidado que hay que promover. No hay nadie que cuestione  la importancia de las estancias infantiles.

El debate ahora es cómo asegurar que eso se realice, que siga. El argumento que se ha utilizado para el cambio (en las reglas de operación) es que no todos los recursos que pasaban a través de intermediarios estaban siendo utilizados para ese fin, no llegaban al destino final como debería ser. Uno entiende perfectamente bien por qué quieren corregir eso. Hay que corregirlo.

Una directora de estancia infantil de Valladolid me dijo que ella seguirá promoviéndola, pero le preocupa que algunas mamás piensen en dejar a sus hijos en esos lugares y el dinero que les entreguen ahora directamente lo usen para otros fines, como el pago de deudas.

Entonces, hay cierta preocupación por que a lo mejor el dinero no irá para el propósito para al que está destinado, que es un propósito muy bueno; el decir que llegue directamente a los padres y éstos lo usen para financiar las estancias.

Al final del día, me atrevería a decir que este es un proceso de adaptación y de conocimiento. En un tiempo se darán cuenta de lo que mejor funciona. Estamos hablando de niños y niñas, a los que hay que proteger. Si es de una forma o de otra, si podemos ser más eficientes, para asegurar que ese dinero llegue para el bienestar de los niños, de eso se trata.

Si hay que buscar una solución intermediaria, me parece bien. Hay integrantes del Legislativo mexicano que me fueron a ver, preocupados por el tema de las estancias infantiles. Yo sé que hay grupos de la sociedad civil que también están preocupados.

Habrá que buscar una solución y asegurar que efectivamente los recursos se manejen de forma transparente; es fundamental que los niños y niñas reciban lo que necesitan. Porque si no, el país no progresará.— Víctor Manuel Dzul Zum

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