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Contra “una locura”

El investigador de la Uady Luis Ramírez en una conferencia

El Tren Maya, con larga lista de cuestionamientos

En opinión del investigador Luis Ramírez Carrillo, pensar en un proyecto integral del Tren Maya, que combine los servicios de pasajeros y de carga, es “una locura”.

“¿Qué hacen los trenes de carga en el resto del mundo? Operan sobre las vías existentes para los trenes de pasajeros en horarios distintos. Y no paran”, subraya el sociólogo, integrante de la Unidad de Ciencias Sociales del Centro de Investigaciones Regionales “Dr. Hideyo Noguchi” de la Uady. “En el caso del Tren Maya, las dos terceras partes de la ruta prevista no tienen sentido para carga. Es irracional pensar en eso de Tulum a Calakmul, de Calakmul a Palenque. ¿Qué van a llevar? ¿Palillos de dientes y servilletas para los turistas? ¿Papel de baño? ¿Qué van a llevar?”

En la amplia entrevista que concedió sobre el proyecto estrella del gobierno de Andrés Manuel López Obrador para el sureste del país —de la que ya publicamos dos entregas—, el doctor Ramírez Carrillo señala que el servicio mutimodal del tren solo puede funcionar en ciertos tramos.

“Pensar en el proyecto de manera integral es una locura”, recalca. “Tienes que pensar en el proyecto por partes. ¿Tiene sentido hacer o mejorar la infraestructura ferroviaria de Valladolid a Cancún? ¡Claro que sí! Y también tiene sentido mejorar la red existente hasta llegar a Coatzacoalcos y unir a Cancún y Progreso con los puertos del Golfo de México. Eso sí tiene sentido. Lo demás no. Y para ello se requiere una infraestructura distinta a la que se ha pensado para el Tren Maya. La carga que vaya de Cancún a Coatzacoalcos y de Coatzacoalcos a Cancún o Mérida no debe parar”.

Insiste en que la variante de carga solo sería funcional en ciertos tramos. Combinarla con la de pasajeros puede llevar el proyecto al fracaso, recalca.

“Si el mismo tren donde pones un vagón de carga pones un vagón de pasajeros, entonces ya se fregó la canción”, enfatiza. “El segundo va a parar en lugares donde el primero no necesita parar; uno deberá ir a cierta velocidad y el otro a una velocidad distinta; aquél tiene un costo por metro y el otro presenta un costo diferente; aquí necesitas operaciones de carga y descarga, y en el otro lugar requieres una estación ferroviaria que parezca un hotel…”

“O haces una cosa o haces otra. Poner todo en el mismo proyecto lo complica enormemente. ¿Que sí se puede? ¡Claro que se puede! Con dinero todo se puede, pero es condenar el proyecto al fracaso… ¡Y te lo firmo!”

El académico también se refiere al tema del turismo, toral en los planes ferroviarios del gobierno federal.

“El modelo es el turismo. Es el argumento de fondo que rige toda la idea del proyecto, aparte de que quizás el verdadero fondo es que no le regalaron a López Obrador un tren de juguete cuando era niño”, puntualiza.

Enseguida abunda:

—El otro argumento es que Quintana Roo recibe ocho millones de turistas al año y cada uno deja más de mil dólares. Si sumo ocho millones por mil obtengo ocho mil millones de dólares que se quedan amontonados en Cancún. Y entonces dicen: “Pues no sean chivas, repártanlos, que la derrama económica se chorree por la vía del tren”. Y no es así, es algo que no tiene sentido.

—¿Y por qué no tiene sentido? Primero: un turista de Cancún puede estar en Mérida en tres horas y media si viene por la autopista. Hay corridas de camiones en Tulum, en Playa del Carmen, en Puerto Morelos, en Puerto Juárez, en Cancún… Toda la noche, todo el día, de 6 de la mañana a 12 de la noche.

—Segundo: el turista, aquí y en China, se mueve cuando lo vas a buscar al hotel. En Disney hay un camión que pasa de hotel en hotel para recoger a la gente. La lleva al parque de diversiones, la espera y la devuelve al hotel. Nadie espera en Disney que tú salgas del hotel, tomes un taxi que te lleve a la estación de tren, tomes el ferrocarril para ir a Disney y hagas lo mismo de regreso. ¡No! Así, el turista no va a ir.

—Otra cosa: el turismo que viene a Cancún es turismo de playa, turismo que el propio Cancún atrapa con actividades marinas, discotecas, alcohol… Lo que el turista quiere lo tiene a la vista.

—El turista que quiere ir a Chichén Itzá o a Palenque lo hace directamente. No llega a Cancún y dice: “¡Mira, vamos a atravesar seis horas en la selva para ir a Palenque!”. Además, lo puede hacer en camión actualmente.

—La pregunta siguiente es: ¿qué turista deja de venir a Mérida porque no hay tren? ¿Hay algún turista que no pueda venir a Mérida y que cuando haya el ferrocarril diga: “¡Wow, hay tren! ¡Vamos a Mérida! ¡Qué bueno que hay tren! ¡Gracias AMLO!”. Disculpen, eso no sucederá.

—El turista no viene a Mérida no por falta de tren, sino porque no hay una estrategia de incentivos al turismo, porque nadie ha puesto a Mérida como una ciudad con atractivo turístico para varios días, como se ha hecho en Guanajuato y Zacatecas.

—Pensar que la falta del tren es un obstáculo para el desarrollo turístico de Yucatán es un error. ¿Por qué creo que es un error? Porque el problema de la mejoría o de la derrama turística hacia el resto de la Península no radica en un tren sino en la falta de una oferta y de una estrategia para impulsar atractivos turísticos (Continuará).— ÁNGEL NOH ESTRADA

Improcedencia

El investigador Luis Ramírez expone más argumentos sobre el proyecto del Tren Maya.

Competencia

La lógica de movilizar a pasajeros yucatecos que se dirigen a Cancún es una apuesta irracional, reitera. El tren no podrá competir con la red de transporte ya existente.

Inversión ilógica

A la buena red carretera de esta zona y la disponibilidad de vehículos automotores el académico añade la baja densidad demográfica de los tres estados de la Península y de los municipios de Chiapas y Tabasco que estarían en la ruta del ferrocarril. “Es ilógica una inversión tan gigantesca”.

Carga en una parte

El doctor en Sociología dice que el proyecto tendría racionalidad en el aspecto de carga, aunque apenas en la tercera parte de la ruta.

Adaptarse a la realidad

Menos inflación, pero inversionistas sin “apetito”