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Estudio de la UNAM sobre la contaminación marina en Yucatán

Investigadores consideran que ya hay un efecto evidenciable sobre la contaminación de cenotes. Arriba

Utilizan dos tipos de peces y una de pulpo en Yucatán

Investigadores de Yucatán utilizan dos especies de peces y una de pulpo como biomarcadores de contaminación, salinidad y temperatura marinas, informó la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

Los biomarcadores son parámetros biológicos cuantificables que cambian ante la exposición a un compuesto xenobiótico (no propio del organismo) u otra perturbación ambiental o fisiológica, y pueden ser indicadores de una exposición o efecto a un compuesto tóxico.

El objetivo es medir el efecto de estresores como son la temperatura o químicos, como los contaminantes en organismos endémicos o asociados a la Península de Yucatán, detalló Gabriela Rodríguez Fuentes, especialista de la facultad de Química de la UNAM en esta entidad.

“Queremos saber si la zona está contaminada, si subirá la temperatura por el cambio climático y qué ocurrirá con esos organismos, pero con evidencia científica”, dijo la especialista a través de un comunicado difundido por la máxima casa de estudios.

La investigadora y su equipo trabajan con tres especies: un pez que está en los cenotes, otro en la zona marina y un pulpo que vive en el mar.

“Medimos diferentes parámetros porque los estresan distintas cosas”, aseguró. En los cenotes, detalló, analizan el pez guayacón yucateco, que usan como “centinela” de la calidad del agua donde habita. “Aunque los niveles de contaminación en los cenotes no son tan altos como en otras zonas, sí tenemos un efecto medible, ya evidenciable”, precisó.

En la zona marina, dijo que el indicador es el guppy de velo (u pez ovovivíparo), con el que hacen muestreos en el laboratorio para ver qué tan sensible es a los efectos de los contaminantes. “Trabajamos con plaguicidas y un biomarcador muy reactivo; nos percatamos que a concentraciones ambientales relevantes hay un efecto en el biomarcador de este pez, y que este efecto cambia con la salinidad, relevante en los sistemas de la zona costera porque fluctúa a lo largo del año”, expuso la científica.

Los pulpos son sensibles a la temperatura y podrían migrar ante el posible cambio climático, explicó. “No queremos que se vayan, así que investigamos si el probable incremento de la temperatura en la península afectará estas poblaciones”, apuntó. En laboratorio, abundó, se evalúan estos efectos en los pulpos y “después lo aplicaremos a las poblaciones en el mar y en las pesquerías, donde estará la repercusión a nivel ecosistema y económico”.

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