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Amenaza aún latente

Sergio Duarte

Exponen el riesgo de una guerra con armas nucleares

Más de tres décadas después de que la Guerra Fría puso al mundo al borde de un ataque nuclear, el peligro de una conflagración más que letal aún sigue vigente.

De acuerdo con los seis expertos que participaron ayer por la tarde en la plenaria “Cuatro prioridades para el desarme nuclear”, a pesar de los tratados y acuerdos de que a partir de los años sesenta del siglo pasado establecieron la mayoría de las naciones agrupadas en la Organización de las Naciones Unidas (ONU), el mundo todavía está en peligro por un enfrentamiento con armamento atómico.

En la segunda jornada de la edición 17 de la Cumbre Mundial de Premios Nobel de la Paz que hoy concluye en el Centro Internacional de Congresos de Yucatán, bajo la conducción de Jonathan Granoff, presidente del Instituto de Seguridad Global, quien fue hilando adecuadamente las intervenciones de los invitados, cada uno según su perfil y experiencias, habló de lo que solo en apariencia es un tema que parecía superado, pero que según los datos aportados está aún candente y causa preocupación global.

Frederik Willem De Klerk, Premio Nobel de la Paz 1993; Anton Camen, jefe adjunto de la Delegación Regional del Comité Internacional de la Cruz Roja para México, América Central y Cuba; Ira Helfand, copresidente de los Médicos Internacionales para la Prevención de la Guerra Nuclear; María Eugenia Villarreal, integrante de la Campaña Internacional para la Abolición de las Armas Nucleares; Sergio Duarte, presidente de las Conferencias de Ciencia y Asuntos Mundiales Pugwash, e Ingeborg Breines, asesora principal de la Secretaría Permanente de la Cumbre Mundial de los Premios Nobel de la Paz, ofrecieron sus visiones sobre el desarme nuclear.

La periodista Karla Iberia Sánchez se encargó de presentar a cada uno de los participantes al encuentro, en el que el Dr. Helfand bosquejó, con datos de un estudio reciente, el escenario más cruento de lo que representaría la utilización de armamento en una guerra en la que intervenga uno o dos de las nueve potencias mundiales nucleares.

“De concretarse una guerra con una nación con armas nucleares, según el estudio, en una semana morirían de 70 a 120 millones de personas. La atmósfera se cubriría de hollín, y habría una catástrofe alimentaria que acabaría con dos mil millones de habitantes en las semanas posteriores”, afirmó el Dr. Helfand.

“En pocas palabras, las repercusiones de una guerra nuclear limitada sería de consecuencias más que trágicas, pero un enfrentamiento en Estados Unidos y Rusia significaría el fin de la civilización, una guerra en la que nadie sería ganador”, sentenció.

El copresidente del Comité de Abolición de Armas Nucleares de Médicos para la Responsabilidad Social fue más allá, y recordó que al parecer la humanidad aún no aprende la lección que dejó en 1945 las bombas atómicas en Hiroshima y Nagasaki, ya que Paquistán, uno de los nueve países que junto con Estados Unidos, Rusia, Francia, Gran Bretaña, China, India, Israel y Corea del Sur poseen pertrechos nucleares, aumentó 50% su equipo bélico en los últimos años.

“Si se desata una guerra que tenga como punto Nueva York, un ataque nuclear tendría una potencia de más de 20 megatones que en una milésima de segundo consumiría la urbe estadounidense, que destruiría todo lo que esté a seis kilómetros a la redonda y ocasionaría vientos de 1,000 kilómetros por hora. Además, en un radio de nueve kilómetros habría una intensidad de calor que derretiría al instante un vehículo, causaría incendios en una circunferencia de 50 kilómetros con una temperatura de 800 grados que acabaría con todo el oxígeno, y por ende con todo lo que tiene vida”, subrayó.

De Klerk, último presidente blanco de Sudáfrica, también exhortó a los países que se resisten a las iniciativas del desarme nuclear, y lamentó que durante las reuniones mundiales, las potencias con ese armamento sólo hablan, muestran intenciones pero nada más.

Además, rememoró que ayer cumplió 30 años de asumir la presidencia del país africano que también tenía equipo atómico, pero que durante su administración se propuso, hasta lograr, que se diera el desarme que exigían los acuerdos ante la ONU.

“No tiene sentido la tenencia de armas nucleares. El futuro de la humanidad no depende de unos cuantos países”, apuntó el nobel.— Carlos F. Cámara Gutiérrez

Propuestas en busca de la paz Hechos y datos

Otros cuatro participantes de la plenaria sobre el desarme nuclear opinan del tema.

Muerte y destrucción

Anton Camen, representante del Comité Internacional de la Cruz Roja, se refirió a las vivencias de los voluntarios de la organización a partir de los ataques atómicos en Hiroshima, hace 74 años, y el impacto que dejó esa devastadora ofensiva durante la Segunda Guerra Mundial, no solo en lo referente a las pérdidas de millones de vidas humanas, sino también en las consecuencias para el medio ambiente.

El activismo social

La mexicana María Eugenia Villarreal dijo que la consecuencia horroríficas del uso de las armas nucleares es una materia pendiente, y así como hay países que no se fusionan a esas iniciativas internacionales, más de dos tercios de todos los países del mundo exigen la prohibición total de las armas nucleares. La activista recordó que el próximo jueves 26 de septiembre es el Día Internacional de la Eliminación de las Armas Nucleares.

El rostro positivo

Sergio Duarte, desde su perspectiva como diplomático, afirmó que Estados Unidos y Rusia no tienen deseos de reducir al límite su armamento nuclear, lo mismo que algunos países en el Medio Oriente. “Pero hay el lado positivo dentro del entorno negro, hay cinco zonas libres de armas nucleares, entre ellas la región de Latinoamérica, gracias a los esfuerzos de Alfonso García Robles, que logró en 1967 que se firmara el Tratado de Tlatelolco”.

Inversión millonaria

La noruega Ingeborg Breines, exsecretaria general de la Comisión Nacional de Noruega para la Unesco, manifestó su beneplácito por estar en una zona libre de armas nucleares como lo es México. La integrante del comité organizador de la reunión precisó que la disputa entre las potencias mundiales nucleares también crea iniquidad, ya que invierten 1.8 trillones de dólares en armas atómicas, lo que representa el presupuesto de 615 años que utilizaría la ONU.

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