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Frente a otra pandemia

Foto: Megamedia

La depresión muestra en Yucatán una de sus consecuencias más devastadoras: el suicidio, un fenómeno que no distingue sexo ni edad.— Cada 45 horas se quita la vida una persona

La depresión, considerada por expertos como la pandemia que sucederá a la del Covid-19, tiene desde hace varios años en Yucatán una de sus consecuencias más devastadoras: el suicidio.

De acuerdo con estadísticas recientes, en Yucatán una persona se quita la vida cada 45.2 horas, una de las cifras más altas en todo el país. Es decir, cada dos días se reporta un suicida.

“Definitivamente, los pensamientos autodestructivos están en el extremo de la sintomatología de la depresión”, explica César Iván Espadas Sosa, expresidente de los colegios de Médicos y de Psiquiatras de Yucatán y de la Academia Yucateca de Medicina y Cirugía. “Y en la situación más extrema está el acto suicida”.

La pandemia de Covid-19 vino a agravar el escenario de la depresión, por los cambios emocionales derivados de la emergencia sanitaria y económica, aunque, contradictoriamente, las estadísticas oficiales marcan una tendencia a la baja este año.

Esta reducción, dicen los expertos, puede ser consecuencia de una menor atención de estos casos por la prioridad que se concede a la epidemia del coronavirus.

Antes de la aparición de Covid-19, como informamos ampliamente el martes pasado en yucatan.com.mx, en Yucatán se diagnosticaba un promedio diario de cinco casos de depresión. Es una cifra de las instituciones de salud públicas, que por norma envían la notificación al Sistema Nacional de Vigilancia Epidemiológica (Sinave) de la Secretaría de Salud.

La cifra podría ser mucho mayor si se tomaran en cuenta los casos que atiende la medicina privada.

En lo que va de 2020 los registros se han desplomado, sin que eso signifique, insisten los especialistas, que hay menos enfermos de depresión. Hasta el 30 de agosto, con números de la semana epidemiológica 35, se habían diagnosticado 660 casos de depresión en Yucatán, apenas la mitad de los 1,226 reportados en las mismas fechas de 2019.

De esos 660 diagnósticos, 521 correspondieron a mujeres y 139 a hombres.

A lo largo de 2019 fueron 1,867 enfermos diagnosticados en instituciones públicas. En 2018 el número ascendió a 1,768.

Parte de los casos de depresión derivan en el suicidio, rubro en el cual Yucatán presenta una de las incidencias más elevadas.

Un ejemplo reciente se palpó el 31 de agosto pasado, cuando una mujer del fraccionamiento Terranova mató a su bebé de cuatro años y después se quitó la vida. Uno de sus familiares informó que la infortunada joven estaba bajo tratamiento psiquiátrico.

Según los archivos de Grupo Megamedia, en lo que va de 2020 se han presentado por lo menos 113 suicidios en la entidad, la mayoría por la vía del ahorcamiento. En 2019 fueron 214.

Récord y tendencias

El récord es de 2018, cuando, de acuerdo con datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi), se tomó conocimiento oficial de 235 suicidas en Yucatán. Otros números, tomados de una revisión de los casos que se hicieron públicos mes a mes, arrojan 246.

La situación alcanza dimensiones tales que en 2017, siempre con datos del Inegi, el 24% de las muertes con violencia en el Estado correspondió al suicidio. El promedio nacional fue de 8.2%.

Es decir, en Yucatán se triplicó la media nacional, lo cual ubicó a la entidad en el nada honroso primer lugar en todo el país.

La tendencia al aumento es más marcada a partir de 2010, cuando oficialmente se contabilizó la muerte de 209 personas por suicidio.

Las estadísticas muestran que por cada diez personas que deciden quitarse la existencia, ocho son varones y dos son mujeres.

El elevado porcentaje de suicidio entre los yucatecos no es algo de la última década. En 2000, por ejemplo, la tasa era de 8.7 por cien mil habitantes y ya en 2007 se habían encendido con intensidad los focos de alerta, con 129 muertes por esa causa.

A lo largo de estos años, el ahorcamiento ha sido la vía preferida de los suicidas, que en su mayoría son hombres. En los últimos ciclos, un dato se agregó a las preocupaciones de las autoridades de salud: también se ha tomado conocimiento de menores de edad entre quienes deciden poner fin a su vida.

Estimaciones de la Organización Mundial de la Salud (OMS) estiman que este año un millón y medio de personas fallecerán por suicidio en todo el mundo y de quince a treinta millones cometerán una tentativa de acto suicida.

Antecedentes

El psiquiatra Espadas Sosa indica que la depresión ya despertaba interés en los tiempos de auge de las culturas griega y romana, pero no fue sino hasta los siglos XVII y XVIII cuando se le comenzó a ver como una enfermedad, aunque se le asociaba más con factores ambientales y naturales.

Los estudios que se hacían antes de esa época, recuerda, no arrojaban alguna alteración anatómica. Las enfermedades mentales eran tratadas con rituales para “sacar espíritus”, incluso utilizando sustancias alucinógenas.

Ya en los siglos XVIII y XIX se empezó a considerar a la depresión como una entidad médica y se inició una serie de investigaciones, hasta que la OMS hizo una clasificación de trastornos mentales y la incluyó en ella.— ÁNGEL NOH ESTRADA

Depresión Acto extremo

El acto suicida es el efecto extremo de la depresión, dice el psiquiatra César Espadas.

Autodestrucción

El especialista indica que los síntomas de la depresión, entre ellos la pérdida del valor de la vida, pueden conducir a pensamientos autodestructivos y por eso no se les puede pasar por alto.

Menos, pero solo en cifras

Los diagnósticos de ese trastorno mental bajaron este año, pero eso no significa que haya menos personas enfermas.

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