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“El adversario está adentro”

Una calle del Oriente en medio de un aguacero. El año pasado rebosó el manto freático

Hablan de más falacias sobre el agua en la región

Decir que los ambientalistas están contra el desarrollo es también una falacia, la clásica frase del falso dilema que desvía la discusión sobre la sobreextracción del agua subterránea en la Península de Yucatán, manifiesta Francisco Bautista Zúñiga, investigador del Centro de Investigaciones en Geografía Ambiental de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

“Se suele argumentar que las empresas que extraen grandes volúmenes de agua y contaminan el agua subterránea también generan empleos, de tal forma que si se les impide trabajar se daña la economía de los pueblos”, indica. “Y sí, tienen razón parcialmente: la economía sufrirá por los 60 empleos de 700 pesos a la semana o 140 dólares al mes. Sueldos por semana equivalentes a lo que algunos gastamos en una comida”.

“Estos bajos salarios disfrazados de desarrollo económico son una de las causas de que el 79.6 por ciento de la población yucateca sea pobre extrema, que esté en pobreza económica o vulnerable. Vaya desarrollo económico tipo quinto mundo gracias a las políticas federales de los partidos... El uso de esta falacia argumentativa es descarada, por decir lo menos”.

Ayer publicamos la primera parte de un análisis del doctor en Ciencias Bautista Zúñiga sobre las falacias argumentativas en torno al conflicto de la sobreextracción del agua subterránea en la Península de Yucatán.

En nuestra publicación de la víspera abordamos dos de las falacias más comunes: la afirmación de que el agua en la zona es un recurso natural en abundancia y de que a todos les interesa el medio ambiente.

Al aspecto de los ambientalistas y su supuesta oposición al desarrollo, el presidente fundador de la Asociación Mexicana de Estudios sobre el Karts menciona otra falacia argumentativa recurrente: decir que “los culpables son otros”.

“Esta falacia se utiliza en Europa, en Estados Unidos y en otros países para que la gente piense que los extranjeros son los culpables de sus males y no la política pública ineficiente y corrupta”, enfatiza. “Los africanos nos quitan el trabajo, los latinos nos quitan los empleos y son violadores, diría algún exgobernante de pocas luces”.

Y añade:

—Esta falacia es clásica en Yucatán: los malos son los que vienen de fuera (“huaches”), son los que contaminan, son los que cambian la cultura, son muy malos, requetemalos. Pero los que venden los terrenos “en medio de la nada” juegan de local, los porcicultores juegan de local, las autoridades juegan de local. No se engañen: el adversario, que no enemigo, está dentro.

—Muchos hoy están genuinamente preocupados por el Tren Maya, que originará la creación de más ciudades y la llegada de más gente. Sin embargo, los problemas de agua ya los tienen; arreglen la casa para que los visitantes lleguen habiendo leyes justas.

—Debemos apostar a la resolución del conflicto ahora. No optemos por el orden social sobre la justicia.— ÁNGEL NOH ESTRADA

De un vistazo

¿Todos contaminan?

La frase “Todos contaminan” es la falacia de la mayoría. Si otros también contaminan ¿Por qué me penalizan a mí? ¿Por qué no cierran los cenotes, las casas, los restaurantes?

Comparación errónea

“Una megagranja contamina al igual que una ciudad”, dice el doctor Francisco Bautista. “No se le debe comparar con una casa con cinco habitantes ni con una granja de cinco cerdos”.

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