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Honda huella del alcohol

Foto: Megamedia

La ley seca puso el dedo en la llaga: no frenó ni el consumo de bebidas embriagantes ni los reportes de intoxicación etílica. Yucatán sigue adelante en unas estadísticas.

Con o sin ley seca, Yucatán se mantiene como un gran consumidor de bebidas alcohólicas y, con apenas cinco meses de los registros de este año, se enfila de nuevo al primer lugar en diagnósticos de intoxicación etílica.

Según datos del Sistema Nacional de Vigilancia Epidemiológica (Sinave) de la Secretaría de Salud, de los que dimos cuenta hace unos días en yucatan.com.mx, el decreto de abstinencia obligatoria frenó los casos detectados únicamente en la primera semana.

La situación se “normalizó” en los siguientes días, a tal grado que en la semana epidemiológica 20 —cuando estaban pendientes los registros de las dos últimas semanas de la ley seca—, las instituciones de salud pública tomaron conocimiento de por lo menos ocho casos de intoxicados cada 24 horas en Yucatán.

Víctor Roa Muñoz, director de Centros de Integración Juvenil (CIJ) en Yucatán, dice que este problema tiene un trasfondo cultural y es cada vez más preocupante porque el alcohol representa, junto con el tabaco, una droga de inicio de muchos jóvenes, es decir, la puerta de entrada a otro tipo de drogas.

“Sabemos que es un problema multicausal”, añade. “Desafortunadamente, Yucatán figura en el panorama nacional como una de las entidades con un consumo per cápita de alcohol muy alto”.

La Encuesta Nacional de Salud y Nutrición (Ensanut) más reciente —de 2018, aunque los resultados se dieron a conocer en diciembre de 2019—, arroja que Yucatán es, empatado con Coahuila, el tercer Estado cuya población de 20 años o más ingiere bebidas embriagantes con mayor frecuencia y cantidad.

Una distancia muy corta lo separa del ocupante del primer lugar, que es Chihuahua. El 27% de ese segmento de población de la entidad norteña bebe en forma diaria o semanal.

Le sigue Zacatecas, con 25.7%, y después, por escasa diferencia, aparecen Yucatán y Coahuila, con 25.6%.

No se incluyeron en la encuesta datos de población bebedora menor de 20 años, que podrían cambiar los resultados finales.

80 litros por persona

De acuerdo con datos oficiales, solo en cerveza la ingesta anual por persona en Yucatán es de 80 litros al año, una cantidad que rebasa el promedio nacional, que es de 60 litros.

La diferencia del consumo per cápita con los estados del Norte no es tan significativa, como reflejan los resultados de la Ensanut. En esa región la ingesta anual por persona es de 90 litros, diez más que en Yucatán.

Aparte está el consumo de botellas de licor, del que no hay estadísticas actualizadas.

A pesar de que no está a la cabeza de los estados más consumidores, Yucatán presenta —desde que se llevan los registros oficiales— el mayor número de intoxicados que año con año van a parar a los hospitales.

El informe semanal que dio a conocer el lunes pasado la Secretaría de Salud sobre la vigilancia epidemiológica coloca de nuevo a los habitantes de Yucatán en el primer lugar de diagnósticos de intoxicación etílica, con 2,102 hasta el 23 de mayo pasado.

De esos diagnósticos, 1,978 corresponden a varones y 124 a mujeres. Estas últimas figuran cada vez más en la estadística.

Antecedentes

En 2016, el sistema de monitoreo de la Dirección General de Epidemiología (DGE) arrojó 9,380 diagnósticos de intoxicación etílica en Yucatán. Ese número equivale a casi 26 cada día.

En 2017 se obtuvo un registro similar: 9,307.

29 intoxicados por día

En 2018 se elevó a 10,524 la cantidad de personas atendidas en instituciones de salud públicas de la entidad por estar intoxicadas con alcohol. Es un promedio de 29 al día.

En 2019, Yucatán alcanzó 9,779 en las estadísticas nacionales, y en lo que va de 2020, con cifras hasta el 23 de mayo, lleva 2,102.

En todos los casos se ha triplicado el número de diagnósticos de otras entidades con mucho más población, como es el caso de Jalisco y Ciudad de México, los “perseguidores” más cercanos de Yucatán.

¿Y la ley seca?

Un detalle sobresaliente es que la ley seca no logró inhibir este fenómeno, lo cual indica que muchas personas se las ingeniaron para conseguir licor en forma clandestina.

Desglosando los registros, en la semana epidemiológica 15 —del 5 al 11 de abril—, que apenas abarcó dos días de la ley seca, se reportó un solo caso de intoxicación etílica en la entidad, el número más bajo en mucho tiempo.

La semana epidemiológica 16, del 12 al 18 de abril, arrojó cinco casos.

En la semana 17 —del 19 al 25 de abril— fueron 17, y en la 18 —del 26 de abril al 2 de mayo— se reportaron 14.

En la semana 19 —del 3 al 9 de mayo— se contabilizaron 16, y en la semana 20 —con corte hasta el 16 del mismo mes— fueron 54. La semana 21 arrojó 17.

El total fue de 124, aunque, insistimos, falta el conteo de la última semana de la ley seca.

Los diagnósticos de la semana 20 equivalen a ocho al día.

Fenómeno cultural

Víctor Roa indica que el alto consumo per cápita de alcohol en Yucatán, en comparación con otras entidades federativas, está relacionado con varios factores. Uno muy importante, dice, es el cultural, que lleva a ver la ingesta de bebidas embriagantes como algo normal.

Cita también la influencia de la mercadotecnia, que incita al consumo de alcohol, y no descarta la disposición genética, que se suma a un mal concepto de la bebida dentro de la familia.

“Si el niño y la niña ven, desde edades tempranas, que el papá y la mamá tienen el hábito de la bebida y abusan del alcohol, como que se va ‘normalizando’ esa situación”, subraya.

Al enfatizar el fondo cultural del problema recuerda una anécdota con un presidente municipal de Río Lagartos.

“Me decía que tenía dos problemas cada fin de semana”, relata. “Uno era que los señores jugaban sóftbol y al terminar el partido empezaban a tomar, y entonces tenía que entrar la policía (al campo deportivo)”.

“Y el domingo jugaban las señoras. Al terminar, también se ponían a beber y de nuevo tenía que entrar la policía”.

“Imagínate: niños y niñas, papás y mamás crecen con la idea de que es normal consumir alcohol después de cada partido. Por eso las fiestas infantiles terminan siendo fiesta de adultos donde se ingiere alcohol”, recalca.

El director de Centros de Integración Juvenil insiste en que los adultos deben replantearse el tema, “reeducarnos para hacer un uso responsable y moderado del consumo de alcohol”.

También exhorta a no dejar de lado la gravedad del problema, pues la adicción temprana en muchos tipos de drogas se inicia en el alcohol y el tabaco.

Incluso, menciona que en los Centros de Integración Juvenil han atendido a niños de nueve años en esa situación. “Es un dato muy duro y preocupante”, enfatiza.

En cuanto a las mujeres, que van en aumento en las estadísticas sobre consumo de bebidas embriagantes, el entrevistado señala que en términos generales la proporción es de una por cada cuatro varones bebedores.

La situación, según explica, es diferente cuando se inician en el consumo de drogas legales e ilegales. En estos casos se observa una tendencia por igual en hombres y mujeres, sobre todo en alcohol y tabaco.

“Cuando crecen es diferente”, añade. “El número de mujeres que se suman al consumo ha venido aumentado, aunque sin igualar todavía el número de hombres”.

“Si una mujer se inicia de joven en el consumo hay altas probabilidades de que continúe así más adelante o de que lo suspenda por embarazo u otras cuestiones. Si la pareja es consumidora de alcohol, entonces hay un factor de riesgo para continuar esa práctica”.

Sobre los factores que contribuyen a la ausencia de soluciones, el licenciado Roa Muñoz dice que, si bien hay algunas campañas de orientación, ha faltado más inversión en programas permanentes y de cobertura universal, para toda la población.

También ve vacíos en la disponibilidad de tratamientos médicos y psicológicos para las personas que presentan ese tipo de problemas.

Al referirse a la ley seca manifiesta que es una medida de control, pero hay que pensar en fortalecer programas integrales y permanentes.

“Por ejemplo, se puede tasar (las bebidas etílicas) con mayores impuestos, fijar horarios y restringir la cantidad de alcohol en venta, sobre todo en temporadas en las que se puede abusar de la bebida, como el Carnaval, la Feria de Xmatkuil, etcétera”.

Las medidas, prosigue, podrían estar acompañadas de campañas de orientación e información antes, durante y después de esas temporadas de consumo alto.

Por último, Víctor Roa indica que los Centros de Integración Juvenil en Yucatán atienden cada mes un promedio de 30 a 35 nuevos casos de adicción a drogas legales e ilegales.

“Estamos hablando de 400 a 450 casos nuevos al año, y no solo por consumo de alcohol y tabaco”, puntualiza.— ANGEL NOH ESTRADA

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