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Huellas magisteriales

Las labores en un preescolar de Tizimín. La huella que dejan los maestros en muchos de sus alumnos se hace patente conforme se vuelven adultos

Muchos maestros logran inspirar a sus estudiantes

Hay de maestros a maestros: el bueno, el estricto, el que marca mucha tarea, el que no lo hace… hacer una lista sería interminable pues cada uno tiene alguna característica que lo hace único. Por ello, con motivo del Día del Maestro que se celebró ayer, preguntamos a una investigadora, un sacerdote, un emprendedor y un director de escuela quién es el maestro que lo ha motivado positivamente en su vida.

La doctora Silvia Cristina Leirana Alcocer, profesora investigadora de la Facultad de Ciencias Antropológicas de la Uady, señaló: “En realidad recuerdo a varios profesores con cariño. De la Preparatoria 2 recuerdo a Luis Espadas Kumul que nos daba Lógica y que nos hablaba de la importancia de la materia; creo que mi disciplina en buena medida se debe a este maestro. También recuerdo a Rafael Pinto que nos daba literatura y un día nos llevó ‘La ley de Herodes’ de Jorge Ibargüengoitia y ‘Los hombres que dispersó la danza’, de Andrés Henestrosa y nos hablaba de ellas y nos decía así tienen que hacer. Con el tiempo cuando ya había egresado me lo encontré en una plaza y le dije que había hechos trabajos sobre la obra de Ibargüengoitia y me dijo: ‘Ya salieron sus obras para niños’.

También recuerdo al que fue mi asesor de tesis de la maestría (en la Facultad de Ciencias Antropológicas), el doctor Esteban Krotz que nos enseñó a maximizar esfuerzo; de él aprendí, por ejemplo, que si te invitan a comentar un libro releas luego tu comentario, le hagas adecuaciones y lo publiques como reseña. Igual a mi asesora del doctorado (en la Universidad Modelo y Universidad de Sevilla), la doctora Elena Barroso, de quien aprendí a combinar lo que te gusta hacer con la investigación. Ella me enseñó el lado artístico de escribir un ensayo o artículo académico”.

Sacerdote

Por su parte el padre Jorge Martínez Ruz, vocero de la Arquidiócesis de Yucatán, indicó: “Muchos han sido los maestros a los que recuerdo con cariño. De manera especial puedo mencionar a los hermanos maristas en el Colegio Montejo y el CUM que me dieron clase tanto en primaria, secundaria y preparatoria; ellos daban una doble enseñanza: la académica en las aulas y la de la fe que vivían con su consagración”.

“Me tocó que varios de mis profesores después se convirtieron en mis feligreses. A las parroquias donde he ido me ha tocado al menos uno de los que han sido mis profesores en la infancia y ahora a mí me toca enseñarles la Palabra de Dios a ellos, es una cosa interesante porque a los maestros les digo que vean siempre en sus alumnos semillas que pueden dar muchos frutos, incluso para la vida consagrada”.

“Recuerdo a la que fue mi maestra de mecanografía en la secundaria, la maestra Ena Rosa Ricalde. Sufríamos la clase porque era difícil pero gracias a ella aprendimos a escribir primero en la máquina y ahora en la computadora, y creo que es muy útil y ya no enseña. Como adolescentes era difícil manejar las teclas de la máquina, y ella como maestra era muy estricta. Me la encontré muchos después siendo ella feligrés de Itzimná donde fui párroco”.

Emprendimiento

Juan Manuel Loera Acevedo, director y fundador de la empresa Ecopaño, señaló “Estudié en el Tecnológico de Mérida la carrera de Gestión Empresarial y hay un maestro que se llama Omar Salazar, que me daba clases de Desarrollo Humano, y en los primeros semestres la forma como generó la materia con el desarrollo personal influyó bastante para aventarnos a emprender y dejar a un lado los miedos. Nos motivó a tener valentía y hacer algo para salir adelante. Nos pegó bastante la materia que hasta ahora, ya casi nueve años, sigo teniendo recuerdos de sus enseñanzas”.

“Con él hicimos varias dinámicas de cómo nos visualizábamos en unos diez años, y recuerdo que hubo una dinámica en el que nos presentó un árbol donde las raíces eran nuestros pilares, el tronco las metas y los frutos, la visión de donde queríamos llegar. Hace un año más o menos recordando lo que hacíamos en esa carrera me encontré con esa actividad y, efectivamente, se cumplió lo que él nos había dicho para motivarnos; fue para mí un recuerdo bastante bonito porque ni me acordaba de esa tarea y al verla vi que sí se cumplió lo que nos habíamos propuesto. Sus clases fueron como un impulso, un brincolín para decidirme a poner mi propio negocio. Él nos influyó a que usáramos a los docentes como mentores y que en cuatro años no nos iba costar para durante cuatro años desarrollar una idea de negocio. Él decía que los maestros podrían tener tanto conocimiento pero dependía del alumno qué tanto quería aprovechar de ellos”. — Iván Canul Ek

Recuerdos Día del Maestro

También el ingeniero Carlos Sauri Quintal, director general Universidad Modelo Mérida, se sumó a las remembranzas.

A lo largo de la vida

“Hay muchos maestros para recordar. Primero está una que fue muy representativa, la maestra Silvia Solís, que fue mi profesora de primero de primaria; otro que fue importante fue mi maestro de sexto que me ayudó bastante pero que, tristemente, no me acuerdo de su nombre pila pero le decíamos ‘Chancas’. Más adelante, en una especialización, está el doctor Jorge Hamel que me ha ayudado a ver de manera diferente la disciplina, en este caso la ingeniería pero de una forma diferente. Y los otros dos, aunque se escuche romántico, son mi mamá y mi papá que fueron mis maestros. Mi papá (ingeniero Carlos Sauri Duch) en la carrera me dio la materia de Emprendedores y mi mamá (María Inés Quintal Avilés) en la maestría me dio clase de Planeación Prospectiva; ambos me dieron en el Instituto Tecnológico de Mérida.

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