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Ingeniería Biomédica: 10 años

Aquí va...

Tecnología en pro de la salud en una carrera modelista

La Escuela de Ingeniería de la Universidad Modelo celebra este año el décimo aniversario de la carrera de Ingeniería Biomédica, pionera en Yucatán. En esa década han surgido seis generaciones, de las que han egresado casi 100 especialistas, y en la actualidad hay por lo menos 120 en formación.

Para conmemorar la efeméride ayer hubo conferencias con temas relacionados al campo de la Ingeniería Biomédica con la participación de especialistas locales e internacionales, así como una mesa panel con egresados de la especialidad que marcan la diferencia en su campo de trabajo tanto en el sector público como en el privado.

El Dr. Raúl Chiu Nazarala, director de la escuela de Ingeniería de la Universidad Modelo, explicó que la especialidad biomédica surgió de la necesidad de ofrecer especialistas debidamente formados en apoyo al desarrollo e implementación de tecnologías aplicadas al campo de la salud desde diversos ámbitos, incluidos capacitación técnica, investigación y desarrollo de tecnología.

Como toda carrera nueva, en principio hubo muchas dudas en torno al perfil de quienes debían estudiar esta especialidad. Predominaron prospectos enfocados al campo de la medicina y al cabo de un tiempo se estableció que además de la vocación por el cuidado de la salud debía haber un marcado interés en el campo de la ingeniera y la electrónica.

De una primera generación que inició con 30 alumnos, al final se graduaron 12. Pero rápidamente se redujo la deserción debido a que los estudiantes empezaron a comprender el tipo de perfil que se espera de quien cursa la carrera. Hoy día en la Modelo hay incluso la Maestría en Ingeniería Clínica, pionera en su tipo con dos años de duración, de la cual está próxima a egresar su primera generación de ocho especialistas.

El Dr. Alvaro Ríos Poveda, CEO & Managing Director de la firma HAT (Human Assistive Technologies), en su calidad de ponente invitado de la jornada, ofreció la conferencia “Biónica”, en la cual abordó los alcances que hoy día tiene el desarrollo de tecnologías diseñadas para reemplazar partes del cuerpo humano en personas que han sufrido la amputación o pérdida de algún miembro e incluso órgano.

Límites inimaginables

“La ciencia ficción se ha quedado atrás con la biónica de nuestro tiempo”, comentó el especialista. “Hay avances notables en la creación de dispositivos funcionales adaptados al organismo, creando una condición de cíborg en la persona a la que se le adapta un pie funcional, una mano con movimientos controlados, ojos, oído e incluso órganos; los límites son inimaginables”.

Siete egresados hablaron de lo que ha sido su experiencia en la carrera y cómo han encontrado acomodo en las diversas vertientes que ofrece, desde el campo de la investigación y el desarrollo de biomateriales, pasando por programas de estudio de posgrado en el extranjero, la participación en el sector salud, público o privado, e incluso como jefe del área biomédica del sector salud en el Estado.

David Palomo Torres, miembro de la primera generación, es jefe del área biomédica del sector salud en el Estado. Recordó que su vocación era la medicina y su aspiración, ingresar a la facultad, pero en él había algo adicional, y es que, al igual que su pasión por ser médico, también se sentía atraído por la electrónica, conocía del tema e incluso estudió la especialidad en el Instituto Tecnológico de Mérida. Cuando le hablaron del plan de estudios de Biomédica entendió el enorme potencial que podría ofrecerle al conjuntar sus dos pasiones. Hoy, además, es miembro de la primera generación de la Maestría en Ingeniería Clínica.

De la segunda generación es Víctor Toledo Lira, actualmente subdirector biomédico del Hospital Regional de Alta Especialidad. Igual que sus compañeros, el deseo de estudiar medicina y darle un enfoque diferente lo llevó a cursar la carrera. Hoy día su trabajo está enfocado al buen funcionamiento de los equipos utilizados en quirófanos y puntos estratégicos del área médica del HRAE.

Luis Martín García Conde, integrante de la tercera generación, es gerente de ingeniería biomédica de una firma privada. También quiso ser médico, pero descubrió un fascinante mundo los aspectos que hacen posible la operación eficiente de un hospital, pues dados los últimos adelantos tecnológicos aplicados en el campo de la salud, más que técnicos en electrónica se requieren verdaderos ingenieros biomédicos para garantizar la eficiencia de los equipos.

Guillermo Collí Alfaro, de la primera generación, emigró a la universidad de Ontario, Canadá, para desarrollar aún más sus destrezas, conocimientos y habilidades en el campo biomédico aplicadas a la creación de asistentes para personas con discapacidad. El trabajo de investigación está enfocado al desarrollo de bioesqueletos ligeros, pero resistentes, para permitir movilidad a gente con discapacidad motriz. En breve retornará a Ontario a cursar la maestría.

Cielo Guadalupe Poot Bote es de las graduadas más recientes, le llamó la atención la carrera por novedosa y por satisfacer sus facetas de salud e innovación tecnológica; actualmente trabaja en el CICY en proyectos de desarrollo de biomateriales óseos y dérmicos.

Vuelco del destino

Ilse Mauri Couoh, de la segunda generación, ya estudiaba en la Facultad de Química de la Uady cuando llegó a ella la información sobre ingeniería biomédica, la cual le reenfocó el destino de lo que sería su carrera y, aunque en un principio fue difícil renunciar a química y su familia se desconcertó ante tal hecho, a la larga el cambio le resultó benéfico, pues actualmente presta sus servicios como ingeniera biomédica en la Unidad de Medicina Ambulatoria y Especializada del IMSS, lugar que utiliza enormes cantidades de equipos de tecnología de punta.

Joeana Cambranis Romero, de la tercera generación, alumna de bachillerato modelista, abrazó la especialidad atraída por la posibilidad de adentrarse al mundo de la medicina y la tecnología electrónica. Hoy día es coordinadora del Laboratorio de Simulación Médica de la escuela de Medicina de la Universidad Marista.

Los egresados coincidieron en que en Yucatán hay un enorme potencial para el desarrollo de la ingeniería biomédica, los programas de formación académica de la propia Universidad Modelo se han adaptado y actualizado a los nuevos requerimientos de la rama y hay numerosos jóvenes con el perfil idóneo para cursar la especialidad de alta demanda.— Emanuel Rincón Becerra

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