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Iniciativa por Progreso

A la izquierda

Un proyecto de mejoramiento urbano señala la necesidad de devolverle al puerto más importante de Yucatán su entrada principal.— Viaducto

No es posible que la entrada al puerto más importante de Yucatán siga siendo por la puerta de servicio.

El recibimiento da cuenta de la hospitalidad de un lugar, comenta el arquitecto Mauricio Mier y Terán Calero, vecino de Progreso desde hace muchos años. “¿Qué damos a entender cuando a quienes invitamos a nuestra casa en lugar de pasarlos por la puerta principal les pedimos que ingresen por el acceso de servicio, donde están los tanques de gas, donde ponemos la basura?”.

Desde siempre, la calle 80, la principal de toda la vida, vigilaba quién entraba y quién salía del puerto. Sin embargo, en algún momento de la década de los 80 del siglo pasado, a raíz de la ampliación a cuatro carriles de la vieja carretera que lo une a Mérida, Progreso dio un vuelco radical y permitió que la vía se convirtiera de un solo sentido, de norte a sur, obligando desde entonces a los que llegan a entrar por la antiestética calle 78.

“Esa decisión tuvo un efecto dominó gigante que hasta hoy persiste ”, dice el arquitecto Mier y Terán. “Para empezar, despoja al puerto de su carácter, una de las características del diseño más importantes”.

El carácter de la ciudad se define por sus calles y edificios, explica. De por sí es una cualidad rara en el diseño, tanto, que el 90% de las construcciones no la tiene y “como con las personas, nos pasa que los edificios y los lugares que no tienen carácter no nos gustan, no nos caen bien, porque como que no tienen presencia, son pusilánimes”.

Este es incluso un error de lógica, insiste. El acceso es muy importante, es como una ciudad comienza a seducir al visitante: en Isla Mujeres el viajero llega al muelle, desembarca, camina y llega a la plaza principal, lo mismo en Cozumel, Veracruz, Mazatlán y en la inmensa mayoría de los puertos en todo el mundo.

Perspectivas

El Arq. Mier y Terán muestra unas fotos tomadas desde lo alto del distribuir vial: la perspectiva de la entrada deja ver una calle sin personalidad, sin encanto, que además va angostándose conforme avanza, como para decir a los visitantes “no vengan muchos, no cabemos, está muy reducida la casa”.

El primer golpe de vista es un conjunto de edificios sin objeto, feos —gasolineras, supermercados, tienditas, comercios— , colocados en desorden a lo largo de una calle irrelevante. Pero tal vez lo peor es que esa calle no conduce a ningún lado, remata en un lugar triste que, en palabras del arquitecto, “ofrece una imagen caótica de Progreso”.

En su opinión, si el acceso volviera a ser el que siempre fue, las cosas serían diferentes. “Por algo nuestros antepasados diseñaron así el puerto: entrar en una calle que conduce directamente al Centro Histórico, los edificios más emblemáticos y el parque principal y de allí, en línea recta, seguir hasta el inicio del malecón, con el mar como inmejorable telón de fondo”.

La 80 es una calle ancha, suficiente y arbolada, que siempre fue acceso y salida sin ningún problema y que incluso hoy aguanta perfectamente la doble circulación, considera. “Imagina por un momento que al llegar a Progreso recibas como bienvenida un acceso verde que lleva sin rodeos a la plaza principal, la iglesia, el Ayuntamiento, el Café El Cordobés, seguir el recorrido con el faro como acompañante y culminar con la vista maravillosa del mar, la razón de ser de todo puerto”.

Proyecto

Esta preocupación llevó al arquitecto a elaborar un proyecto de mejoramiento urbano que ayudaría además a impulsar la imagen turística del puerto, uno de los objetivos marcados como prioritarios por la actual secretaria estatal de Fomento Turístico, Michelle Fridman.

Como se trata de un proyecto sustentable, dice, no es necesario cambiar muchas cosas, se aprovecharía lo que ya existe.

“Una de las particularidades del diseño sustentable es que busca recuperar los valores culturales de un lugar, de su gente, de su idioma, de sus edificios”, comenta. “Progreso jamás podrá presumir de que está implementando el diseño sustentable si no se hace este cambio, porque cerrar la puerta principal a los visitantes es negar sus raíces, su memoria histórica”.

La idea —de la que acaba de recibir la certificación de derecho de autor— es muy sencilla, explica: viniendo de Mérida, unos metros antes de la glorieta de entrada saldría una rampa que ascendería hacia la izquierda hasta llegar a la parte superior del distribuidor vial, donde se construiría una glorieta en altura. La rampa tendría dos salidas: una hacia la recuperada entrada principal, la calle 80, y otra hacia un viaducto elevado que correría sobre la 82 hasta la terminal remota.

“Los vehículos de carga proseguirán en tránsito continuado en el segundo piso hasta la zona de carga, sin que tenga que circular ni uno solo en la mancha urbana”.

En resumen, sumando conceptos importantes —como es la seguridad de la población— a esta gran ecuación que necesita Progreso, “vamos a aprovechar el distribuidor vial para que brinde soporte a fin de solucionar dos problemas básicos: uno, la falta de sustentabilidad en la entrada actual, que está horrorosa, y segundo, garantizar la seguridad de los habitantes del puerto”.

El segundo piso, obviamente, contaría con todas las medidas de seguridad, dice, para que la vida de los progresos transcurra abajo con normalidad y el tráfico pesado se traslade por arriba, como en cualquier ciudad del primer mundo. “Cada día aumenta el tráfico de vehículos de carga y de combustibles que atraviesan la ciudad, algo inadmisible para un lugar que busca su posicionamiento internacional como puerto de primer nivel, que es algo que Progreso merece”.

Es un proyecto viable, los progreseños lo están deseando y se tiene que hacer, pésele a quien le pese, asegura y especifica que para salir de la ciudad los vehículos de carga usarían otra rampa que desembocaría en la carretera a Mérida.

El arquitecto insiste en que la obra no necesita una gran inversión y en definitiva, señala que no se trata de un proyecto cosmético, sino indispensable. “No se busca embellecer, sino hacer lo correcto. No sería caro hacerlo, pero independientemente del costo es necesario”.

Cambiar de actitud

El arquitecto recuerda cuando la titular de Turismo dijo en sentido figurado que hacer de Progreso un destino turístico de primera es tan complicado que sería más fácil borrarlo del mapa y volverlo a construir. “La entiendo, desafortunadamente, esta entrada que tenemos lleva a pensar eso. Lo que hay que borrar es la actitud que tenemos con el puerto y rescatar nuestros valores históricos, un buen principio sería entrar por donde debe ser”.

“Estamos muy a tiempo de hacer estos pequeños cambios. De qué serviría emprender un rescate de fachadas sin recobrar la esencia, sería un simple maquillaje. Este proyecto debe ser el punto de partida de lo que se quiere hacer para impulsar la vocación turística de Progreso: restituirle las puertas de mar es prioritario, ya que su función, además de mostrar elegantemente un acceso, permitiría a los porteños visualizar desde tierra adentro dónde está la línea de vida del puerto, la playa”, concluye.— Mario S. Durán Yabur

“Hay que borrar la actitud que tenemos actualmente con Progreso y rescatar nuestros valores históricos. Un buen principio sería entrar por donde se debe, rumbo al mar”

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