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La eliminación del INEE, un salto hacia atrás

 

La eliminación del Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación constituiría un enorme retroceso en los esfuerzos por mejorar la calidad del sistema educativo nacional

Eliminar el Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación (INEE), sentenciado a muerte por López Obrador como parte de su intención de borrar de un plumazo la reforma educativa, significa —opinan los expertos— dar un salto hacia atrás en los esfuerzos por elevar la calidad de la educación y combatir la desigualdad.

Al respecto, el maestro Alfonso Paz Rodríguez, director de la institución en Yucatán, señala que la decisión deja ver, por lo menos, que existe un gran desconocimiento de las tareas de un organismo que desde hace más de 16 años genera información valiosa, confiable para conocer los alcances y retos del sistema educativo nacional.

Para ayudar a comprender lo que implica esta injustificada sentencia que podría llevar al sistema educativo a recaer en viejos vicios, Paz esboza lo que el INEE aporta a la educación en el país.

Piedra angular

El INEE, comienza, fue creado en 2002, mucho antes de la reforma educativa de 2013 emanada del Pacto por México. La reforma que hoy se quiere demoler descansa sobre tres piedras angulares:

La primera es el Servicio Profesional Docente, que tiene como ejes centrales la evaluación de los maestros, directores y supervisores para que puedan acceder por sus méritos a mejores niveles salariales y los concursos de oposición, un ejercicio de transparencia que busca que los profesores mejor calificados obtengan las plazas vacantes.

La segunda es precisamente el INEE, que en 2013 se volvió un ente autónomo y con muchas más atribuciones, incluso ese mismo año se elaboró la Ley General de Evaluación. La restante es el nuevo modelo educativo.

“Con esto podemos darnos cuenta de que la reforma no sólo busca evaluar el desempeño en sí, quien crea eso tiene una visión reducida, la limita a ese proceso”.

Sobre estas tres piedras angulares se construyó un complejo conjunto de atribuciones, basado en la colaboración de la SEP —por medio de la coordinación del Servicio Profesional Docente— y el INEE. Cada uno con sus propias facultades.

En ese marco, el INEE, para apoyar al Servicio Profesional Docente, ha desarrollado más de 100 distintos tipos de exámenes, que pueden ser utilizados para el ingreso, la promoción y el desempeño de los docentes. “Pero hay que dejarlo claro: desarrolla los instrumentos, pero no los aplica ni los califica. Esa atribución está muy bien definida en la Ley General del Servicio Profesional Docente: es la SEP la encargada de llevar al cabo las evaluaciones y comunicar los resultados”.

Al INEE, eso sí, le corresponde generar los lineamientos a los que tienen que sujetarse las autoridades, tanto estatales como federales, para llevar a cabo los procesos de evaluación. También supervisa que los maestros reciban la notificación de que van a ser evaluados o de la emisión de las convocatorias en los casos de los concursos de ingreso.

Y el día de los exámenes asiste para supervisar que todo se realice con total transparencia. De hecho, apunta Paz Rodríguez, los concursos de oposición tienen la figura de observadores: todo el que quiera puede registrarse y acudir el día de la evaluación para ver cómo se lleva a cabo.

“Ese es el papel que juega el INEE en el marco de la evaluación de los maestros: generar lineamientos, revisar instrumentos y supervisar el proceso. No califica, no comunica a los docentes los resultados de sus evaluaciones y mucho menos castiga, por supuesto”, subraya su director.

Miopía

Los detractores acusan al INEE —no se sabe si por omisión o conducción— de ser el encargado de aplicar una “evaluación punitiva”.

“Es una falacia, pero además dejan a un lado, casualmente, el resto de actividades que realiza. Sólo hemos comentado su participación en los procesos de valoración, pero la Ley del Instituto Nacional de Evaluación le señala siete responsabilidades”.

En principio, el INEE evalúa todos los componentes del sistema educativo nacional, lo que incluye el logro en los aprendizajes de los niños. Como se sabe, aplica el examen Planea en tercero de preescolar, sexto de primaria, tercero de secundaria y último grado de educación media superior.

Además realiza todos los estudios que requiere la comunidad internacional. Tiene un papel sustantivo en la construcción y aplicación de Tales, prueba que evalúa la mecánica del aprendizaje, la interacción entre enseñanza-aprendizaje.

El año pasado, por ejemplo, el instituto desarrolló seis evaluaciones diferentes para identificar el nivel del logro de los aprendizajes. Desde Tales y PISA —el examen internacional que promueve la OCDE— hasta Planea preescolar, aplicada por primera vez; Planea primaria; Planea secundaria y la Evaluación de la Oferta Educativa en México (EVOE).

El EVOE, explica, permite conocer cómo está la infraestructura de las escuelas, el servicio que brindan, el marco curricular que están aplicando los docentes, las condiciones en las que se desarrollan estos marcos curriculares y la actuación de los directores. “Es un estudio muy completo. Concluyó hace apenas unas semanas y pronto se darán a conocer sus resultados”.

Además, el INEE difunde investigaciones internacionales. Tan sólo en Yucatán entregó el año pasado 1,500 ejemplares de estudios tanto de organizaciones especializadas en el tema educativo como de investigadores que analizaron en profundidad los grandes problemas de la educación.

Esos ejemplares llegaron a todos los actores del sistema educativo estatal: la Secretaría de Educación —sus direcciones generales y de área—, la dirección del Centro de Evaluación Educativa de Yucatán, la Cámara de Diputados —específicamente la Comisión de Educación—, las escuelas normales, las universidades públicas… Todos esos actores del proceso educativo conocen y reciben toda la producción editorial que genera el INEE.

Adicionalmente, el año pasado el organismo generó dos paquetes de lineamientos para atender problemas de índole nacional. El primero, “Directrices para mejorar la permanencia de los estudiantes en educación media superior”, busca atajar la deserción en el bachillerato. El segundo está encaminado a mejorar la formación y profesionalización de los maestros de educación básica.

“Lo que no se evalúa no se puede mejorar”, comenta el maestro Paz Rodríguez en consonancia con los expertos que han señalado que la evaluación de aprendizajes tiene un potencial único para mejorar el desempeño de los alumnos. Su importancia es tal, afirman, “que puede ser el eje de toda la enseñanza, pues a partir de ella se podría definir qué, cómo y cuándo se enseña”. (Continuará).— Mario S. Durán Yabur

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