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La trinidad periodística

Portada del 31 de mayo de 2000

Conceptos centrales del editorial del 31 de mayo de 2000

Desde el cariño y la admiración vienen estas letras de aniversario a proponer que Carlos R. Menéndez González ocupe en la historia el retablo que merece como hombre del siglo XX en Yucatán.

El afecto no está solo en la postulación: lo acompaña el certificado de licitud, en una cronología de cinco páginas que compendia la Trinidad que abarca la obra de don Carlos: “La Revista de Mérida” (1869-1911), “La Revista de Yucatán” (1912-1924) y Diario de Yucatán (1925).

La Trinidad unida por un pensamiento que no cambia, por una acción que lo ejercita cada día, demuestra que los tres periódicos son uno solo dividido en etapas.

La tiranía, atacada por él, le confisca en represalia, con procedimientos que llaman la atención por su similitud, los nombres de sus “Revistas” y lo obliga a buscar otro título cuando reanuda el trabajo interrumpido por la canalla.

Si no de hecho, por derecho el Diario es la institución decana del Estado y el periódico más antiguo del país.

Príncipe de escritores, político sin ataduras, Nemesio García Naranjo, con ocasión de las bodas de plata del Diario, dijo en artículo publicado por la prensa nacional: “Hoy —31 de mayo de 1950— cumple un cuarto de siglo de publicarse con regularidad el órgano de opinión pública más serio de la península yucateca, tal vez el más serio y honorable de nuestro país. Para estimar en todo lo que vale la fundación y el sostenimiento del Diario de Yucatán hay que recordar la bochornosa agresión de que fue víctima, a principios de 1925, el periódico anterior del señor Carlos R. Menéndez, “La Revista de Yucatán”, una continuación benemérita de “La Revista de Mérida”, que ya se publicaba en la última década del siglo XIX.

“En justicia, las bodas de plata del periódico de Menéndez deberían ser de oro, porque la institución de hoy está íntimamente ligada con las de ayer para formar UNA SOLA OBRA DE CONJUNTO” que ha servido a la sociedad “con la prueba diaria de la honradez, de la decencia y del honor”.

Contemporáneo de don Carlos, demócrata dos veces desterrado, director de periódico incendiado durante la “Decena Trágica”, Nemesio García Naranjo, cuando habla, sabe lo que dice.

La Trinidad reconocida y subrayada por García Naranjo —tres nombres distintos y un sólo diario verdadero— es testimonio de que el pensamiento y la acción de don Carlos, en paradigma de congruencia que rayó en heroísmo, surcan el siglo XX como estrella de Belén que guía la defensa de la verdad, la justicia y las libertades públicas en el estado y la nación.

Su perseverancia en la lucha por el ideal, acreditada por las siete veces que puso su fortuna —la perdió toda en cinco—, su familia y su vida al servicio de sus convicciones, confirma que nadie ha tenido durante el siglo en Yucatán, en tiempo y magnitud, la influencia que don Carlos tuvo y continúa teniendo con su Trinidad en la consecución del bien común. Es el sembrador por excelencia de la semilla de la democracia en el estado. La vigencia de sus ideas tramonta la circunstancia de su fallecimiento en 1961.

Como arco iris que despega de los días cercanos a Maximiliano, Carlota y Manuel Cepeda Peraza, la Trinidad atraviesa los cielos de la Península y baja en el 2000 a lustrar con sus colores las alboradas de la democracia.

El tribuno José Castillo Torre dirigió a Rubén Menéndez Romero, en 1961, este telegrama: “Sírvanse aceptar Ud., sus hermanos y sus honorables familias mi profunda expresión de pésame por la pérdida de su ilustre padre. Desde Justo Sierra, Yucatán no había tenido un escritor, periodista e historiador que con dinámica constancia mantuviera tan encendido polémicamente el fuego de los actos y valores fundamentales de la Región”.

Colaborador de Salvador Alvarado y Felipe Carrillo Puerto, José Castillo Torre fue adversario de don Carlos. Su juicio tiene ese valor.

Desde Estocolmo, el embajador mexicano en Suecia, Antonio Mediz Bolio, escribió a don Carlos: “Cuando todos callamos en Yucatán, sólo usted dijo la verdad”.

La verdad que iza esta nota de aniversario es que nuestro fundador, reacio en toda su existencia a recibir el menor de los homenajes, merece sin asomo de duda el título de hombre del siglo en Yucatán.

Las generaciones actuales y futuras de 2000 tienen en la vida y la obra de Carlos R. Menéndez el ejemplo de los atributos que identifican al líder de las causas encaminadas al bien común.

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