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Las horas finales de una enfermera en la cama 366 de la ex T-1

Enfermeras en atención a pacientes. Foto de archivo.

MÉRIDA.- La cama 366 del área de hospitalización de la exclínica T-1 del IMSS está muy cerca de la estación de enfermería, donde se concentra el personal que tiene a su cargo el cuidado de los pacientes en piso.

En esta cama pendía de un hilo la vida de Gabriela Guadalupe Parra Ortiz, de 81 años de edad, paradójicamente, veterana enfermera, pionera de la Escuela de Enfermería del IMSS y entregada al servicio de la salud casi toda su vida.

En su lecho de muerte, desahuciada, sumida en una lenta y dolorosa agonía. Nadie sabe bien qué pasaba en esos momentos por la mente de Gabriela, quien fue internada de emergencia hace casi tres semanas con un derrame cerebral, en el fragor de una dura batalla que hoy se libra en los hospitales contra el coronavirus.

Presunta desatención

Rosario, la hija mayor de Gabriela, vivió junto con sus otros dos hermanos las largas horas de una ansiada mejoría de su madre, esperanza que se rompió por una presunta falta de atención del personal de enfermería y que derivó en una severa complicación respiratoria que la puso al borde de la muerte.

La indignación de Rosario al hablar con el reportero es tan grande como el dolor de ver a su madre tratando de aferrarse a la vida, en medio de diversos paliativos que solo postergaban lo inevitable.


“Mi madre fue enfermera toda su vida, a esto se dedicaba y lo hacía con amor y entrega, fue pionera de la Escuela de Enfermería del IMSS, su labor fue ejemplo para muchos que, como ella, abrazaron la vocación de la enfermería para ayudar y confortar a los pacientes; es triste que hoy día la vida se le escapa en la cama 366; irónicamente a unos pasos de la estación de enfermería, y sin que nadie se percate de que su condición se deterioró en las últimas 48 horas”, comentó Rosario ayer viernes.

"Descubrí con horror..."


Rosario explicó que durante dos días Gabriela Parra no recibió visita alguna de sus hijos debido a las diversas ocupaciones de los mismos. Uno de ellos vive en el centro del país entre múltiples restricciones de movilidad. Asegura que su error fue “haber confiado plenamente en el personal de enfermería” de la unidad hospitalaria que, asegura, abandonó a su madre sin brindarle los más mínimos cuidados de higiene.


“Cuando llegué a visitar a mi madre descubrí con horror que se encontraba completamente mojada porque la sonda que tenía inducida en las vías urinarias estaba saturada y la bolsa no había sido cambiada, por lo que se derramó en la cama y las sábanas, no sabemos por cuantas horas, pero el hecho, sumado al aire acondicionado, le provocaron un grave trastorno respiratorio. Mi madre se estaba ahogando, imposibilitada de respirar, y nadie de enfermería se había percatado”.


“Como pude le di movilidad a mi madre en la cama para procurarle los espacios más secos, por la noche comenzó a tener un “acecido” (el sonido que produce la persona cuando trata de inhalar aire), no fue sino hasta la mañana siguiente cuando alguien de enfermería se percató de la situación y hasta entonces se activaron las alarmas”.

No le quedaba mucho tiempo


“Trataron de intubar a mamá, pero los hermanos nos negamos rotundamente; en su estado y a su edad, una intubación es en extremo agresiva y peligrosa; entonces el médico dejó en claro que a mamá no le quedaba mucho tiempo y lo único que podían darle eran paliativos para mitigar el dolor, paliativos que tardaron varias horas en ser suministrados”.


“Estoy procurando, junto con mi hermana menor, estar muy al pendiente de mamá, tratamos de que este seca y cobijada, que esté tranquila en medio de una inconciencia que no le permite hablarnos, decirnos o expresarse, solo ese acecido que nos dice que sigue luchando y algunos quejidos que nos revelan que sigue sufriendo, aunque todos sabemos que es cuestión de días para que todo termine”.


“No puedo imaginar lo que hay en la mente de mamá ahora, tanto que ella dio por la vida de los demás, tanto esfuerzo, desvelos y sacrificios, para que un descuido en algo tan elemental como cambiar la sonda de la paciente en la cama 366, a unos pasos de la estación de enfermeras, la ponga en este suplicio. Es muy triste”.

Se fue


El suplicio de Gabriela Parra finalizó en la noche del mismo viernes: falleció a las 8 de la noche. Fue velada en su casa de la colonia Esperanza y el cuerpo fue incinerado a las 10:30 de la mañana de hoy sábado.


Le sobreviven sus hijos Rosario Sosa Parra y Fernando y Karla Narváez Parra, hija política Alejandra Viramontes, nietos, bisnietos y demás familiares, quienes reciben las condolencias de las personas de su amistad.- Emanuel Rincón Becerra

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