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Más de $50 millones se perdieron en un plan estatal

“Vale un cacahuate” la inversión en rellenos sanitarios

MÉRIDA.—Dicen que “el cambio a menudo es para bien”.

La frase, sin embargo, no aplica para un problema que pone en riesgo la salud de miles de yucatecos y en el cual literalmente se han tirado más de 50 millones de pesos a la basura: el mal manejo de los residuos sólidos.

“El tema del manejo de la basura es complicado, implica mucha voluntad de los involucrados”, dice el doctor Eduardo Batllori Sampedro, investigador que estuvo más de una década (desde 2007 hasta octubre pasado) al frente de la hoy desaparecida Secretaría de Desarrollo Urbano y Medio Ambiente (Seduma) del gobierno del Estado.

Batllori Sampedro señala que en los 11 años que estuvo al frente de la Seduma “hubo avances en el procesamiento y manejo de los residuos sólidos en los municipios más grandes con la creación de rellenos sanitarios y la clausura de sitios de disposición a cielo abierto”.

Además, “se trabajó con municipios pequeños, con basureros tipo D, que son los que producen menos de cinco toneladas de desperdicios al día”.

Sin embargo, el problema no solo persiste sino que parece no tener solución y no solo a corto ni a mediano plazo.

“El principal problema en el manejo de los residuos sólidos es la falta de un proyecto integral a largo plazo, que involucre a los tres órdenes de gobierno (federal, estatal y municipal) sin importar los cambios que se dan cada tres o seis años por las elecciones”, afirma Batllori Sampedro.

Esa falta de proyecto integral propicia que los relevos en los tres niveles de gobierno sean la causa principal que impide solucionar el problema de la basura.

“Un presidente municipal puede entregarse fuertemente al proyecto y el siguiente puede olvidar todo”, explica Batllori Sampedro. “Si no hay disponibilidad y voluntad del presidente municipal (entrante), en una o dos semanas se echa a perder el trabajo” de su antecesor.

Además, “al cambiar la administración todo el personal capacitado se cambia también… Y a empezar de cero con gente sin experiencia en el manejo de los residuos, ya que no hay capacitación ni cobertura de la NOM 083”, la cual se refiere a las “especificaciones de protección ambiental para la selección del sitio, diseño, construcción, operación, monitoreo, clausura y obras complementarias de un sitio de disposición final de residuos sólidos urbanos y de manejo especial”.

“Me tocaron cinco cambios (de presidentes municipales) y no saben cómo los sufrí, porque cada vez era empezar de cero”, recuerda. “Al llegar el nuevo alcalde, lo hace con su gente y vale un cacahuate todo lo hecho”.

Un ejemplo, de acuerdo con el exfuncionario estatal, fue Telchac, al cual calificó como “un caso muy lamentable”, ya que se había logrado un buen avance en el manejo de la basura, pero “con el cambio de autoridad se dejaron de hacer las cosas”.

Añadió que el último municipio donde se trabajó en mejorar el manejo de la basura en la administración 2012-2018 fue Uayma, donde el plan “sigue operando”, al menos hasta antes de la salida de Batllori de la Seduma.

Otro punto en contra del buen manejo de los residuos sólidos también tiene que ver con la política: “La gran mayoría de los ayuntamientos no cobra por la recolección de basura”, indica Batllori Sampedro, entrevistado en la recta final de su gestión.

“Algunos (ayuntamientos) cobran la entrada al basurero, pero otros ni eso. Cualquiera entra y deja los desperdicios donde sea. Algunos tampoco cobran el agua potable ni el impuesto predial y dependen de las participaciones del Ramo 33”.

Como Ramo 33 se conoce a “las Aportaciones Federales para Entidades Federativas y Municipios, que es el mecanismo presupuestario diseñado para transferir a los estados y municipios recursos que les permitan fortalecer su capacidad de respuesta y atender demandas de gobierno en tres rubros: educación, salud e infraestructura básica”.

Son tantas las necesidades municipales que, a pesar de los riesgos que representan para la salud y el medio ambiente, a los depósitos de desperdicios no se destinan recursos sino hasta que ya no hay espacio y la basura se deposita afuera, a la vera de las carreteras, o cuando ocurren accidentes, incendios en la mayoría de los casos.

Precisamente un incendio de grandes proporciones obligó a tomar medidas drásticas en Kanasín y crear el único relleno sanitario tipo AB del interior del Estado.

El depósito final de residuos de Kanasín fue inaugurado en marzo de 2013, con una inversión oficial de nueve millones de pesos y capacidad para recibir hasta 50 toneladas de basura al día.  Al mismo tiempo se clausuró el antiguo tiradero municipal, que representaba un foco de infección para la población.

“Este fue un caso drástico”, recordó Batllori. “Se hizo a raíz de un incendio cuyo humo afectó incluso a comunidades aledañas. Se intervino para crear el relleno sanitario y se operó un año, hasta que el nuevo presidente municipal lo concesionó y aún opera”.

Sin embargo, los otros rellenos sanitarios creados durante la administración anterior no corrieron con la misma suerte y, a pesar de los millones de pesos invertidos, se convirtieron de nuevo en tiraderos al aire libre.

Según dijo Battlori Sampedro el 27 de marzo pasado, a raíz de un nuevo incendio en el basurero de Umán, la cancelación del proyecto representó tirar a la basura más de 50 millones de pesos que se habían invertido en 10 “rellenos sanitarios” tipo C, en Izamal, Hunucmá, Kanasín, Maxcanú, Motul, Oxkutzcab, Progreso, Tizimín, Umán y Valladolid.

En ese entonces indicó que la recuperación del relleno sanitario de Umán podría costar de cinco a siete millones de pesos, misma inversión que se requeriría en los de Izamal y Progreso, que ya eran considerados focos rojos.— Jorge Pinzón.

 

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Urge un proyecto integral a largo plazo