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Máscaras de la violencia

Para Juan Manuel Canto González

El hombre actúa por miedo, dice un especialista

La violencia se muestra de múltiples formas y la concreta, explícita y visible no es la única, dice el psicólogo Juan Manuel Canto González, integrante del Comité de Investigación de la Red del Trabajo con Hombres que Ejercen Violencia del Estado de Yucatán.

Como ejemplo puso a la violencia simbólica vinculada al género, la que permite, aprueba y refuerza el uso de la mujer como un cuerpo fragmentado, en el que sólo importan ciertas partes de él, como los pechos, las nalgas… como instrumento de venta en revistas, páginas centrales de los pasquines locales, medios audiovisuales, etcétera.

Otra forma de violencia masculina, dijo, son los tipos de micromachismo, formas sutiles de control en el que se ejerce poder, pero de forma socialmente aceptable e invisible la más de las veces.

La violencia extrema, el feminicidio, es la expresión máxima; pero la punta del iceberg, la montaña debajo del mar se configura a partir de la normalización de la violencia con chistes misóginos, homofóbicos, transfóbicos, lesbofóbicos, con acoso sexual callejero mal llamados piropos, con el refuerzo del mito del romanticismo.

A ello se le suma la creencia de la media naranja, la cosificación y sexualización de las niñas, la normalización de los estereotipos, los mitos, los prejuicios, la ausencia de educación integral de la sexualidad basada en evidencia científica, libre de mitos y prejuicios.

“La masa más grande del iceberg es invisible, se normaliza, se socializa y refuerza en formas concretas y simbólicas”, precisó Canto González.

En relación con que si la violencia se da igual en la capital que en el interior del estado, el fundador y director de la Asociación Mexicana para la Igualdad y el Bienestar, Yaxché, A. C., explicó que en el interior del estado existe algo que se llama “feminización de la pobreza”.

—Hay hombres y mujeres pobres, pero estas últimas son mayoría; ser mujer, ser mujer maya y ser mujer maya además pobre implica tres veces más vulnerabilidad ante nuestra violencia.

Precisó que esto no hay que confundirlo con el hecho de que en la capital no se presenten tales características.

“También se presenta, no es nuestro código postal lo que determina la violencia, ni el nivel de estudios ni el índice de percepción económica, la violencia la ejercemos los hombres sin importar si eres alarife, médico, político, empresario, periodista, mesero, cantautor famoso, intelectual, psiquiatra, poeta o cantinero”, detalló.

Indicó que la violencia se ejerce de múltiples formas y se incorporan las tecnologías como un dispositivo adicional, tal es el caso de la violencia sexual digital, lo que en Yucatán se le ha llamado “pornovenganza”.

Explicó que en redes sociales y en páginas de contenido sexual explícito se daña a la mujer, sin importar su edad, exponiéndolas ante miles o millones de personas, en fotos o vídeos cuyo contenido es erótico. Esto, dijo, es mucho más amplio y mucho más complejo que el acoso sexual digital, el engaño pederasta y el envío de mensajes violentos de contenido sexual.

“La violencia sexual digital permea en todos los niveles sociales”, aseguró.

¿Son necesarios los centros de atención a hombres violentos?

Más que necesarios, indispensables. No hay otros espacios formales para reaprender formas de relacionarnos sin violencia con las mujeres, con otros hombres y con nosotros mismos.

Cada hombre que acude a tales centros recibe una oportunidad de aprender una forma diferente de ser hombre, recibe una oportunidad de vincularse con su pareja o, en su caso, con sus hijas e hijos, de aprender y aplicar métodos de crianza, libre de violencia, basados en el establecimiento de límites y consecuencias, expresando libremente emociones.

Nos brinda la oportunidad de reconocernos en el otro, de reconocer nuestra vulnerabilidad, de dejar de ser lo que no somos. No nacemos violentos, aprendemos a ser así.

¿Una persona violenta se identifica así o le da trabajo aceptarlo?

No nos percibimos violentos. Reproducimos roles o papeles según nuestro género, según lo aprendemos de nuestra cultura, como resultado de la manera en que nos relacionamos con otros hombres y con las mujeres.

La mayoría de las veces consideramos que sólo somos como se supone que debemos comportarnos, así es el modelo aprendido y el modelo ejercido, nos acostumbramos a usar máscaras de poder.

Es frecuente que cuando llega un hombre a un centro de reeducación dice: “Yo no sé qué hago aquí, yo no soy violento…”. Luego, con la ayuda de los grupos reflexivos desarrollan la habilidad de identificar la violencia ejercida de muchas maneras, pero que son normalizadas por nuestra misma sociedad.

Los hombres disfrazamos nuestros sentimientos con máscaras de violencia. Cuando algo nos da miedo, reacciono con violencia, cuando no sé cómo actuar, reacciono con violencia, cuando siento miedo de perder a alguien que quiero, reaccionamos con violencia, porque aprendemos formas disfuncionales de expresar nuestros sentimientos, sobre todo aquellos que no debemos sentir por la condición de ser hombre.— Luis Iván alpuche escalante

¿Qué consideras tú que falla o hace falta?

Eliminar lo que no sirve. Lo que ha perjudicado de manera enorme es la influencia de los partidos políticos; éstos asignan puestos importantes y, según la agenda electoral, determinan la periodicidad y la permanencia o no de los trabajadores en una dependencia de gobierno.

No importa si se tiene o no el compromiso, no importa si se rota el personal de manera excesiva, lo que importa es si el empleado o titular está alineado al partido político en turno y no tanto qué beneficios dará a largo plazo.

Los empleados que ya se capacitaron, dejan el puesto a los nuevos según el partido político ganador y se interrumpe el trabajo, se modifican los planes, vulnerando los resultados.

Debe haber permanencia de los trabajadores, estos últimos, en su mayoría, carecen de prestaciones laborales mínimas, como seguridad social.

Creo que lo que hace falta es menos demagogia y sobre todo menos burocratización del trabajo con hombres que ejercen violencia.

Me explico: debe hacerse un trabajo en el interior del estado, con base en la interculturalidad, debe hacerse un trabajo de prevención y atención de la violencia masculina tanto en maya, como bilingüe (maya español), en horarios en los que los hombres pueden acudir, en la noche, por ejemplo, y no nada más en un horario de oficina de gobierno.

Deben implementarse grupos reflexivos en los lugares apartados del interior del estado y no como actualmente sucede, centralizando los servicios en Mérida, esto incluye fines de semana, sobre todo acudir a los municipios, comisarías y lugares apartados.

Debe asumirse un compromiso real y no sólo hacer eventos en los que se toma café, se toman fotos y se prometen acciones.

Un tema pendiente, dijo, es la articulación de la Red Estatal de trabajo con hombres que ejercen violencia contra las mujeres que, dicho sea de paso, ha disminuido su actividad.

Otro elemento indispensable es la homogenización de procesos en las dependencias gubernamentales, el establecimiento de un protocolo de actuación con hombres que ejercen violencia en Yucatán, la incorporación de las organizaciones de la sociedad civil y de la perspectiva de género en las acciones sustantivas de los tres niveles de gobierno.

Por último, consideró necesario implementar procesos formativos en masculinidades positivas libres de violencia desde etapas tempranas y capacitando a docentes, madres y padres de familia, y a la comunidad en general en tales temas.

 

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Eliminar lo malo

Ante la pregunta “¿Qué consideras tú que falla o hace falta?”, el psicólogo Juan Manuel Canto González responde que eliminar lo que no sirve. Lo que ha perjudicado de manera enorme es la influencia de los partidos políticos; éstos asignan puestos importantes y según la agenda electoral determinan la periodicidad y la permanencia o no de los trabajadores en una dependencia de gobierno.

Labor que falta

“Creo que debe hacerse un trabajo en el interior del estado, con base en la interculturalidad”, señaló el profesional.

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