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Menos incertidumbre

El analista Rodolfo Navarrete Vargas

 

El tipo de cambio, la inflación, las tasas de interés y los desafíos a los que se enfrenta la economía mexicana son analizados por Rodolfo Navarrete Vargas, de Vector Casa de Bolsa

El analista Rodolfo Navarrete Vargas, director de Análisis y Estrategias de Inversión de Vector Casa de Bolsa, pronostica que el tipo de cambio cerrará 2019 sin grandes cambios, en 20.20 pesos por dólar, aunque la moneda nacional deberá sortear “los efectos de las políticas económicas de Estados Unidos y los riesgos inherentes al escenario en el cual se trazaron los lineamientos de las políticas del nuevo gobierno mexicano”.

También vaticina que la inflación cederá poco —finalizará el año en 4%— y que la tasa de referencia de Banco de México bajará al 8.0% desde el nivel de 8.25% en que se encuentra ahora.

Acerca de la apreciación que ha registrado el peso en las últimas semanas, Navarrete Vargas explica que, fundamentalmente, obedece a la perspectiva de que la Reserva Federal (FED) de Estados Unidos implemente una política de alza de tasas menos agresiva para este 2019.

“El peso se está apreciando porque el factor de atracción de capitales de todo el mundo hacia Estados Unidos se está enfriando”, explica.

“Estados Unidos está expulsando capital, el cual está regresando a los países de donde salió. Eso es lo que explica la apreciación del peso y de otras monedas del mundo frente al dólar. Obviamente hay factores internos que ayudan a que la apreciación sea mayor o menor, pero el fondo del asunto es simplemente que, con la inflación bajo control, la FED está cambiando de opinión y el incremento de sus tasas será moderado”.

En consecuencia, señala, el atractivo de invertir en Estados Unidos está bajando, por lo que los capitales están buscando otras alternativas en otros lugares del mundo, entre ellos México.

En términos de crecimiento, los últimos datos sobre la economía mexicana han sido relativamente buenos, dice. “Sin embargo, seguimos en tasas muy modestas, de alrededor del 2.3%, el último dato fue del 2.6%, que no es malo, pero tampoco es suficiente si se toma en cuenta que la economía mundial está creciendo a un ritmo del 3.7%”.

Este ritmo moderado, casi modesto, de crecimiento está sustentado en el consumo privado y las exportaciones manufactureras, que marchan relativamente bien en estos momentos, alentadas por una recuperación del sector industrial estadounidense.

El analista de Vector llama la atención en un factor preocupante: la inversión, que está prácticamente estancada.

“La inversión pública lleva 10 años de caída continua y la del sector privado tenía comportamientos relativamente estables, pero a partir de 2015 se estancó, ya no creció más. La inversión total muestra entonces comportamientos complicados. La inversión fija como porcentaje del PIB que llegó a ser de casi 24% hoy día apenas alcanza el 20%”, señala.

Y en este panorama en sí complejo la cancelación de la obra del aeropuerto de Texcoco vino a complicar las cosas. Es un factor negativo que está afectando el sentimiento para la inversión, porque los empresarios ven con desconfianza la decisión del gobierno, que le puede costar al país de 1,000 a 4,000 millones de dólares… todavía no hay una estimación precisa, dice.

Razonamiento oculto

Ahora bien, advierte Navarrete, en este caso hay que buscar un razonamiento que está por ahí oculto. Asumir el pago de los costos por cancelar un proyecto implícitamente quiere decir que se está esperando un beneficio mayor del otro lado, de otro modo no se cancelaría, porque nadie está tan mal de la cabeza como para tirar tanto dinero.

El mayor desafío al que se enfrenta la economía mexicana es que el crecimiento depende fundamentalmente de la inversión, sin inversión no hay crecimiento, sentencia. Y la inversión en México está para abajo, lo que quiere decir que el futuro económico está cuestionado porque se sostiene exclusivamente del consumo y las exportaciones.

“Y esto no puede durar mucho tiempo. Estamos ante un reto muy grande”.

El desplome de la inversión en México comenzó en 2008 y desde entonces los empresarios no encuentran claridad, no ven perspectivas de futuro para sus empresas. “Es lógico. Para decidirse a invertir primero hay que comprobar que la demanda de los productos está aumentando, si no, no hay caso. Ese es el problema… que el consumo en México está siendo tan modesto que las empresas no ven la necesidad de invertir para producir más”.

Esta consideración, advierte el analista, es importante, porque la principal crítica que se le está haciendo al nuevo gobierno es que el crecimiento económico de los próximos meses lo está sustentando fundamentalmente en el consumo. “El consumo está yendo para adelante, pero no, lo que tiene que ir para adelante es la inversión”.

Efectos

De acuerdo con el analista, en estos momentos la economía de México está resintiendo efectos interesantes que van a determinar su comportamiento en los próximos tres meses. Uno de los más importantes es el “jalón” de EE.UU.

Desde fines de 2016, comenta, empezó a mejorar el efecto de arrastre de EE.UU. sobre México a través de la recuperación de la producción industrial. “Todavía no se ven esos efectos, pero en algún momento esto va a ocurrir. La economía de México está amarrada a la de su vecino y la recuperación de EE.UU. ya comenzó… falta que México reaccione. No lo ha hecho por la incertidumbre política”.

México va a reaccionar, asegura, lo único que quieren los empresarios es que se resuelvan esas variables de incertidumbre… Y lo interesante es que parece que ya se están resolviendo.

Inflación

Acerca de la inflación, Navarrete señala que, con altas y bajas, todavía se mantiene por encima del objetivo de Banxico.

En sus proyecciones, el Banco de México señala que va a bajar, aunque corrigió las cifras del primer trimestre y admitió que todavía no va a bajar. “O sea, va a ceder, pero no tan rápido como se esperaba. Esto es lo que obliga al Banco Central a aumentar sus tasas, para tratar de frenar la inflación”.

Retos

Este año será de grandes retos inflacionarios, dada la alta persistencia que ha mostrado la inflación en el corto plazo y la permanencia de las expectativas inflacionarias de horizontes más largos por arriba de la meta del Banco Central.

Navarrete identifica como riesgos inflacionarios la depreciación del peso y sus efectos negativos en las expectativas de mercado para cierre de 2019. “La dinámica de los precios, particularmente el de mercancías, podría ser afectada por este comportamiento de alza en el tipo de cambio, en caso de que la cotización se mantenga persistentemente presionada”.

El incremento en el salario mínimo también podría tener impacto. Ahora bien, explica, ayudará mucho para el control de la inflación que las gasolinas no experimentarán cambios abruptos ni libres, “aunque podría persistir el peligro de crecimientos importantes en los precios agropecuarios”.

“Por todo lo anterior, la inflación anual en 2019 podría alcanzar el 4%, nivel similar a lo esperado por algunas encuestas de mercado”.

En línea con este comportamiento inflacionario, el analista cree que Banco de México podría mantener la tasa de referencia sin cambios respecto al nivel actual de 8.25% hasta el cierre de la primera mitad de 2019.

“Dado que prevemos que las expectativas de inflación a 12 meses continúen mostrando cierta tendencia a la baja respecto a lo observado en 2018, mantener la tasa de referencia sin cambios por unos meses, o incluso disminuirla en algún momento de la segunda mitad del próximo año no implicaría laxitud del banco central, al contrario, estimamos que mantendría un nivel restrictivo que continúe encausando la inflación general a su meta de 3 por ciento”.

Su proyección es que al cierre de 2019 la tasa objetivo se ubique en 8 por ciento.

El experto considera que el rendimiento de los Cetes de 28 días sea del 8.01% y la tasa de referencia del Bono de 10 años sea del 8.79%.— Mario S. Durán Yabur

El Presupuesto…

Según lo plasmado en el paquete económico entregado al Congreso el 15 de diciembre pasado, el analista de Vector considera que la política fiscal para 2019 será responsable.

“Buscará un superávit primario de 1% del PIB, superior al esperado para el cierre de 2018; métricas de déficit en línea con las que el mercado anticipa, y un nivel de deuda pública en torno al 45.3% del PIB, mostrando un ritmo de disminución menor al que se esperaba”, indica.

Los ingresos y el gasto público totales presentarán caídas en términos reales si se comparan con los datos estimados al cierre de 2018. En particular los ingresos caerán 0.5% en 2019, en tanto que el gasto lo hará en 0.2%.

Como proporción del PIB los ingresos totales serán de 21.1% y los gastos totales de 23.2%, ambas mediciones por arriba de lo que esperábamos, pero guardando una proporción adecuada. “Falta ver que se cumpla. El presupuesto plantea un importante esfuerzo para reorientar parte del gasto público a la parte social y de infraestructura.

Respecto al crecimiento, considera que los momentos más complicados para el consumo privado han quedado atrás y que la recuperación de indicadores de confianza y el incremento de los salarios “podrían implicar que el consumo exhiba crecimientos mayores al de la economía a lo largo de 2019”.

Incluso, señala, duplicar los apoyos económicos a sectores de la población con carencias, como los adultos mayores o los jóvenes en edad de estudio y trabajo, podría implicar un impulso adicional al consumo básico.

El consumo de gobierno, por su cuenta, también podría ser más efectivo si se logra una reorientación real hacia sectores productivos.

“Aunque el paquete económico lo propone, resta validar que mes a mes se materialice esta intención del gobierno federal. Se espera también, que la inversión física del sector público repunte, después de mantenerse considerablemente deprimida en los últimos años. De ser así, el gasto público podría representar un elemento que soporte e impulse el crecimiento de la economía”.

“Con independencia a lo anterior, no hay que dejar de considerar el rezago con el que usualmente comienza a aplicar este tipo de gasto al inicio de un nuevo sexenio”.

 

Desde fines del año 2016 empezó a mejorar el efecto de arrastre de EE.UU. sobre México a través de la recuperación de la producción industrial…

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