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Negocios por el tren

El macroproyecto desata un frenesí de especulaciones

Prácticamente todos los grupos empresariales de la entidad están implicados en el megaproyecto del Tren Turístico Transpeninsular, mejor conocido como Tren Maya. A esa lista extensa hay que agregar otra con los nombres de conocidos personajes que se dedican a la compra de terrenos ejidales para especular o revender.

No es de extrañar el interés que el proyecto ferroviario insignia de la actual administración federal ha despertado en las empresas yucatecas, pues históricamente la mayoría ha buscado aprovechar oportunidades coyunturales de inversión y crecimiento.

Sin embargo, advierten personas consultadas por C9 la Unidad de Investigación periodística de Grupo Megamedia, la iniciativa se maneja por ahora en un río revuelto y la falta de reglas claras y específicas podría hacerle el caldo gordo a los traficantes de tierras.

Invitación formal

El Fondo Nacional de Fomento al Turismo (Fonatur) convocó al sector privado en general a sumarse al esfuerzo y de manera individual envió a cada empresario una carta en la que lo exhorta a “participar como Fideicomitente Adherente al fideicomiso Tren Maya, que en el futuro será transformado en la Fibra Tren Maya”.

Fibra es un instrumento financiero empleado para fomentar la inversión en un sector, como indica su nombre (acrónimo de Fideicomiso de Inversión en Bienes Raíces), explica un experto.

Como se ha manejado, el Tren Maya está inspirado en algunos proyectos que combinan inversión pública con privada, como el tren Brightline, que opera en Miami y en el que acaba de invertir el magnate de Virgin, Richard Branson. En este sentido, el gobierno federal sólo presupuestó 297 millones de dólares para poner en marcha el proyecto, lo demás, se espera, vendrá de las invitaciones a los empresarios a invertir en él.

“Vengan, sumen sus propiedades para que a partir del Proyecto del Tren Maya nos beneficiemos todos”, es el espíritu de la carta invitación de Fonatur a grupos empresariales de Campeche, Yucatán, Quintana Roo e incluso de fuera de la Península.

De acuerdo con la convocatoria, la participación de los interesados puede ser con dos tipos de activos: capital o inmuebles.

Pesos pesados

Según se averiguó, entre las corporaciones yucatecas invitadas está Inmobilia, que encabezan Emilio Díaz Castellanos y Roberto Kelleher Vales, quien hace unos meses declaró en la capital del país que ven el proyecto como una gran oportunidad para el turismo y el desarrollo inmobiliario. “Se trata de una buena estrategia que detonará varios sectores en la región”.

Otras sociedades y empresarios yucatecos convocados por Fonatur, se sabe, son: Grupo Abraham (con negocios en los ramos textil, abarrotes, supermercados, automotriz y de la construcción); Ciclo Corporativo (de José Antonio Loret de Mola Gómory, uno de los hombres de negocios que públicamente han alzado la mano para manifestar su interés); Grupo Industrial Xacur; Bepensa, Grupo Logra (de Manuel Díaz Rubio) y un largo etcétera en el que hay inversionistas de Valladolid, Izamal, Cancún, Chetumal, Campeche…, de cada sitio donde habría una estación.

Aunque no se conocen todos los detalles, es conocido que todos los invitados han sostenido reuniones con representantes del organismo federal para intercambiar puntos de vista, aunque todavía nadie cuenta con una información real, precisa, a detalle del proyecto.

El diálogo, sin embargo, no ha sido solamente con dueños de empresas. Los encargados de desarrollar el proyecto se han reunido con líderes ejidatarios —el 90% de la ruta del tren pasa por tierras ejidales— a quienes se ofreció a cambio de que cedan el derecho de vía “un buen porcentaje de los beneficios de un todo”.

También hay que incluir entre los interesados a participar a los “neolatifundistas” yucatecos, que son dueños de enormes extensiones de tierra comprada a ejidatarios, en algunos casos con maniobras poco claras, para hacer negocio.

En la lista figuran nombres como los de Alfonso Pereira Palomo, “El Mosco”; Gabriel Guzmán Millet (socio y operador, según hemos publicado, de Mauricio Sahuí Rivero), Antonino Almazán Arteaga (fue delegado del Registro Agrario Nacional en Yucatán, cargo del que fue cesado por actos de corrupción), Rafael Acosta Solís (subprocurador en el gobierno de Ivonne Ortega Pacheco), Lorenzo Medina González y Arturo Millet Reyes.

Todos estos grandes “terratenientes” de Yucatán son de sobra conocidos porque, con más o menos polémica, en los últimos 20 años se ha dedicado a la especulación de tierras y han aparecido infinidad de veces en las páginas de periódicos locales y nacionales, involucrados en espinosos pleitos judiciales.

Del “Mosco” Pereira, por ejemplo, “Excélsior” publicó en su columna “Frentes Políticos” del 20 de febrero de 2018: “El operador político de Morena en Yucatán, Alfonso Pereira Palomo, El Mosco, es conocido por ser un oscuro personaje relacionado con la especulación de tierras ejidales, aunque él se presente como pionero de la privatización del ejido en México. Presume haber incorporado al desarrollo de Mérida casi 20 mil hectáreas, lo que lo convierte, según él, en uno de los empresarios que más riqueza ha generado en Yucatán. Sin embargo, lo acusan de apropiarse de esas tierras ejidales”.

Por su parte, Guzmán Millet ha sido acusado públicamente de despojar de sus terrenos a cientos de ejidatarios, de lo que hemos informado ampliamente. De acuerdo con el Registro Público, es dueño de 477 predios que se encuentran en Yaxkukul, Conkal, Mérida, Chicxulub Pueblo, Umán, Samahil, Baca y Mocochá.

Acosta Solís, polémico exfuncionario del gobierno estatal, está en el centro de un largo litigio judicial, acusado de despojar miles de hectáreas a ejidatarios de Valladolid.

El aeropuerto

Entre los proyectos de infraestructura emanados del Tren Maya el que está causando mayor revuelo es la reubicación del Aeropuerto Internacional de Mérida, el octavo más transitado de México y que acaba de cumplir, en febrero pasado, 70 años.

Aunque tuvo un efecto explosivo la noticia de que Fonatur ya trabajaba en la elaboración de un plan al respecto —que soltó Jiménez Pons en Cancún a fines de junio—, la idea no es nueva. Existe un estudio de ONU Hábitat sobre Mérida, realizado hace algunos años, que incluye entre las conclusiones la necesidad de mover la terminal fuera de los límites de la ciudad porque representa un obstáculo para las oportunidades de desarrollo de una vasta zona de la capital yucateca.

Si la pregunta es si el Aeropuerto “Manuel Crescencio Rejón” está saturado y es obsoleto, seguramente la respuesta es no. Sin embargo, la verdadera cuestión, como indica el amplio análisis de la ONU, es determinar si por su actual ubicación —inmerso completamente en la mancha urbana—, estorba al desarrollo de una zona que no ha podido ser incorporada al desarrollo social y económico de la ciudad. De acuerdo con un estudio reciente, una ambulancia tarda en llegar a las colonias ubicadas detrás de la terminal aérea de 25 a 28 minutos, porque tiene que bordear esa inmensa isla que parte Mérida en dos.

Quienes están a favor del proyecto de reubicación argumentan que no es un tema del aeropuerto, sino un tema de Mérida. Ahora bien, señalan, a dónde debe irse no concierne ni al presidente de México, ni al gobernador ni al alcalde, su nuevo emplazamiento debe ser determinado por estudios técnicos a cargo de profesionales que especifiquen las condiciones para levantar una terminal aérea para los próximos 100 años, apartado de la mancha urbana.

También es una opinión generalizada, lo han externado expertos en urbanismo e investigadores sociales, que parece descabellada la idea de instalar una de las terminales del Tren Maya dentro de la ciudad, considerando que si ya se logró sacar al que había antes, qué sentido tiene ahora meter otro. Eso sin contar con que hay un plan ciudadano para construir el Gran Parque La Plancha en el sitio donde se pretende ubicar la estación, el cual tendría que ser cancelado.

La gran pregunta sigue siendo —ni Jiménez Pons, ni el gobernador, ni el alcalde han dicho gran cosa— es ¿dónde se están planeando las estaciones y a quiénes más se está invitando a que se sumen a este plan? Es un proyecto que está incompleto, falta un libro que indique de la A a la Z todos y cada uno de los detalles.

Como admite Fonatur, el Tren Maya está en fase conceptual. Los mismos empresarios admiten que habría que conceder al gobierno federal un periodo de gracia hasta el 1 de diciembre —cuando cumpla un año— para que presente un proyecto completo.— Megamedia

Si la pregunta es si el aeropuerto “Manuel Crescencio Rejón” de Mérida está saturado y es obsoleto, seguramente la respuesta es no.

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