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Ruta hacia la ''riqueza''

Hacia 1940 los inmigrantes chinos de primera generación ya estaban integrados a la cultura local y sus descendientes eran considerados yucatecos. La imagen es un negativo de la Fototeca “Pedro Guerra”

Oleada de chinos llegó por el auge de henequeneros

Además de los chinos que llegaron a Yucatán en el siglo XIX y principios del XX como aliados de los mayas en la Guerra de Castas o peones en las haciendas, entre 1903 y 1930 arribó una tercera oleada de migrantes de ese país asiático.

Lo hicieron en forma silenciosa, atraídos por la riqueza alrededor del auge henequenero y luego se integraron a la sociedad, sobre todo como comerciantes.

Muchos de ellos, en la primera mitad del siglo pasado, se esparcieron por toda la ciudad abriendo lavanderías, peluquerías y tiendas especializadas en “salados chinos” y costosas prendas de seda y marfil.

Su arribo a esta zona ocurrió, entre otros motivos, por la crisis económica de China a principios del siglo XX, que expulsó a miles de sus habitantes en busca de trabajo.

Algunos de éstos llegaron a Yucatán, siguiendo a la bonanza henequenera que era tanta que, se decía, aquí “los perros se amarran con longaniza”, recuerda el doctor Luis Ramírez Carrillo, integrante del Centro de Investigación Regional “Dr. Hideyo Noguchi” de la Uady, y autor del libro “El dragón y la ceiba”.

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Esta obra, de reciente aparición —en breve estará disponible en Amazon y en sitios como LibrosEnRed.com, en su versión electrónica—, es producto de cuatro años de investigación sobre la migración de los chinos a Yucatán, un fenómeno hasta ahora poco estudiado.

En entrevista con el Diario —hoy publicamos la tercera parte— el doctor Ramírez Carrillo habla de las dos oleadas previas de chinos a Yucatán. Una, la que vino huyendo de Belice en el siglo XIX y que se asentó en Chan Santa Cruz, donde se fundió con los mayas, y otra que arribó para trabajar en las haciendas.

“Hubo una tercera oleada, a la que se le ha prestado poca atención, que llegó a partir de 1903 hasta 1930, con toda certeza”, dice el investigador.

Los de esa oleada vinieron por la crisis económica en su país, que se agravó con la caída del Imperio Chino en 1912 y la guerra civil que le siguió.

Los primeros chinos empezaron a llegar en 1903 y 1905 y el número aumentó entre 1912 y 1930.

Lavanderos

De acuerdo con el investigador, la mayoría de estos chinos vino a buscar trabajo, solos y por su cuenta, pero con algún conocido en la zona. Salieron de Cantón por barco hasta Progreso y de allí bajaron para irse a las haciendas o a las cabeceras de los pueblos, donde había mucho trabajo.

Ellos permanecían un tiempo en esos lugares y luego de ahorrar se juntaban con otros chinos para abrir lavanderías, tiendas, restaurantes y otros comercios.

“En esta época se supo de un centenar de comerciantes chinos ubicados en torno a los seis barrios principales de Mérida, donde iban poniendo pequeños comercios, como Casa Sam, o tiendas de abarrotes, granos y frutas”, explica Ramírez Carrillo. “Además, en todos los barrios de Mérida encontramos lavanderías, peluquerías y panaderías chinas”.

Estos eran oficios, como también sembrar hortalizas, que traían desde su país. Fue muy famoso, por ejemplo, el peluquero chino de Santiago o el salón de belleza de Margot y Aida Ham, dice.

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Muchos chinos abrieron lavanderías, ¿por qué?, pregunta el Diario.

Éste era otro oficio que ellos traían y que aprendieron desde niños, responde el doctor Ramírez Carrillo. Los que llegaron aquí procedían de pueblos cercanos a Cantón, al borde del río Perla, que eran pueblos históricamente de lavanderos. Allí se lavaba y planchaba la seda y la tela antes de que éstas salieran al mundo a través de la Ruta de la Seda.

—Tuvieron éxito porque los chinos abrieron sus lavanderías dirigidas principalmente a la clase alta de Mérida, que demandaba un buen servicio de lavado y planchado para su ropa de lino, los vestidos de las señoras y las camisas finas.

¿Qué hacían los chinos que no se hacía antes en las lavanderías de aquí?

“Hacían un lavado a mano muy cuidadoso, suavemente. Introdujeron el almidón para planchar sobre todo los puños de las camisas y en todos los casos entregaban una prenda impecable”.

Además de las lavanderías, varios chinos llegaron a Yucatán durante el Porfiriato para abrir comercios de artículos de lujo, como seda, muebles laqueados, marfil, porcelana, té de distintos tipos, joyas y orfebrería. Hicieron dinero y se agruparon en torno al Casino Chino, en el centro de Mérida.

Salados chinos

Pero la mayoría eran comerciantes más modestos, en cuyas tiendas ofrecían “salados chinos”, la golosina preferida de los niños yucatecos por muchos años.

Según Ramírez Carrillo, éste era una ciruela seca en salmuera, que se podía conservar muchos años, y que originalmente la traían desde China. Era en extremo salada, pero luego lo adaptaron al paladar yucateco y le pusieron chile en polvo.

Otro oficio de los chinos, muy conocido en la ciudad, señala el investigador, fue el de vendedor de pepita y cacahuate. Por todas las calles se les escuchaba pregonando sus productos, que llevaban en una “cangurera” de tela, de donde de sacaban de un lado cacahuate y del otro pepita.

También popularizaron la horchata, las piñatas y los “triki trakes”, voladores de pólvora que fabricaban aquí.

Como el trabajo de los chinos se asociaba con actividades que requerían de un esfuerzo físico, se popularizó la frase “traigo a mi chino”, para significar que una persona llegaba acompañado de un trabajador que lo ayudaría en determinadas actividades, añade.

“Esta expresión es típica de Yucatán y de la Península”, explica. (Continuará).— HERNÁN CASARES CÁMARA

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