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“Parecía un mar”: tras un año de las inundaciones, resurge comisaría

Trabajadores en la comisaría de Mérida

“Todo esto parecía un mar, solo veías agua”, dice Gloria Ek Castro, comisaria de Noc Ac, al señalar el parque y las calles que se ven secas un año después del paso del huracán “Delta” en octubre pasado y en plena pandemia.

La comisaría de Noc Ac

Noc Ac, donde la mayoría de los hombres trabaja en canteras y talleres de piedra, fue una de las comunidades de Yucatán más afectadas tras el paso del fenómeno meteorológico y quizá la más afectada de las 13 comisarías del norte de Mérida donde se registraron inundaciones.

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Nunca antes en el pueblo se había vivido una situación así. Y cada vez que había tormenta a los vecinos de las zonas más bajas o con viviendas vulnerables se les invitaba a resguardarse en la escuela primaria.

Pero con “Delta” no fue igual. Resentida por el paso de la tormenta “Cristóbal” que azotó en junio y luego por “Gamma” a principios de octubre, Noc Ac, que en maya significa tortuga volteada, rebosó de agua, inundando las 180 casas que hay en la comunidad, incluyendo la comisaría.

“Es algo que no había pasado, es algo que la naturaleza nos dio. Hasta nuestros abuelitos estaban asustados, la gente lloraba de la desesperación al ver sus casas bajo el agua. Muchos estibaron sus muebles y se treparon arriba”.

La primaria, que servía como refugio, fue uno de los primeros lugares en inundarse, de modo que se habilitaron como refugios emergentes el jardín de niños “Pequeños traviesos”, el templo presbiteriano y la capilla católica de San Isidro Labrador.

Resurgió de nuevo

Un año después, Gloria Ek festeja que la localidad esté renaciendo. “Noc Ac resurgió de nuevo, la gente se siente un poco más tranquila, se siente agradecida con todo el cambio a como estamos el año pasado”.

Cuando las aguas bajaron, revelaron todo el daño: calles destruidas o llenas de baches, fachadas enlodadas, muebles echados a perder… Resultaron afectados prácticamente los 495 habitantes de la comunidad.

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Noc Ac ahora luce como si nada, incluso como si no hubiera pandemia: las dos tiendas de abarrotes laboran en su horario habitual y los adultos mayores suelen reunirse a charlar en la acera de la comisaría.

Lo único que se extraña es la fiesta de mayo en honor a San Isidro Labrador que está suspendida desde la pandemia y que incluía corridas de toros.

También se extraña a los bañistas que llegaban al cenote Kambul, aunque éste cerró dos años antes de que llegara el coronavirus debido a que se derrumbó un pedazo de piedra que formaba la bóveda.

El cenote, dice Raymundo Baas Ku, era una fuente de ingreso para los ejidatarios que administraban el lugar.

Noc Ac ha cambiado, apunta don Raymundo, quien todavía recuerda que la energía eléctrica llegó a la comunidad hace 60 años.

“Usábamos pura vela y las albarradas se pintaban de blanco para que de noche se vea claro el camino”, dice Raymundo, quien ha sumado a sus recuerdos el agua que cubrió a toda la población.

Escrito por Iván Canul Ek

Jorge Iván Canul Ek es licenciado en Periodismo y Ciencias de la Comunicación y actualmente reportero de la Agencia Informativa Megamedia. Tiene  20 años de trayectoria en los medios, y es colaborador de Grupo Megamedia desde 2004. Los temas de arte y cultura, comunidades, ciudadanos y espectáculos son su especialidad.  Con especial gusto por la crónica para el desarrollo de sus historias.

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