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Pensar positivamente, la clave para superar la adversidad

¡Quién lo diría! La herramienta más útil en la actual situación de crisis, con un virus que ha puesto en jaque nuestra salud, ha provocado la caída de la economía, nos ha obligado a encerrarnos y nos ha empujado a replantearnos la forma como vivimos, ha estado siempre en nuestras manos: el pensamiento positivo.

No se trata de verlo todo, incluso las adversidades, color de rosa, sino de percibir las situaciones con atención, para tener la perspectiva necesaria y emplear las fortalezas de la persona o del grupo de trabajo en la solución de los problemas.

Lo dice Luis Zaldívar Carvajal, gerente de Recursos Humanos en un importante grupo industrial yucateco y uno de los pioneros en la entidad en aplicar la psicología positiva a la estrategia organizativa.

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“La psicología positiva es una especialidad que se enfoca en la construcción de las condiciones necesarias para tener una vida plena, logrando un funcionamiento óptimo”, explica.

“Busca entender las emociones positivas, incrementar las fortalezas y virtudes, promover el potencial humano y la búsqueda de la excelencia”.

Psicología positiva, relata, es un término acuñado por el especialista estadounidense Martin Seligman en 1998, durante una reunión internacional de psicólogos en Cancún.

Trabajar en la felicidad

Seligman fue durante muchos años psicólogo clínico, pero le dio un vuelco a su profesión al plantear que, en lugar de enfocarse en la enfermedad, debía trabajarse en lo que genera felicidad y bienestar en las personas, para evitar que se enfermen.

Hasta ese momento la psicología se había pasado 100 años estudiando por qué funcionamos mal y cómo arreglarlo y con Seligman comienza una corriente que se dedicará a estudiar “por qué estamos bien y cómo promoverlo”.

A partir de entonces, muchos otros psicólogos han contribuido con sus estudios a enriquecer la especialidad.

En busca del bienestar

Lo realmente diferente de la psicología positiva, puntualiza, es que se centra en el estudio científico del funcionamiento óptimo de las personas y organizaciones, en que estudia a las personas y organizaciones positivas y en que quiere comprender las bases del bienestar y la felicidad.

En una charla virtual sobre “Liderazgo positivo” con socios e invitados de USEM Mérida, Zaldívar Carvajal explica que al experimentar las personas sentimientos positivos se modifican sus formas de pensamiento y acción.

Además, se incrementan sus patrones de actuación y afrontamiento mediante la optimización de los propios recursos personales en el nivel físico, psicológico y social.

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Esto es, el desarrollo de emociones positivas favorece la salud, el crecimiento personal y el bienestar.

O dicho de otro modo, si queremos vivir en mejores condiciones, tan importante como realizar ejercicio físico y llevar una dieta balanceada tenemos que cultivar una actitud ante la vida donde las emociones positivas tengan un gran espacio.

Líderes positivos

Zaldívar Carvajal señala que el liderazgo positivo “puede ayudar a las organizaciones en situaciones de crisis tan apremiantes como la que estamos viviendo actualmente y, principalmente, con todo lo relacionado con el ser humano”.

Explica que una de las bases de este tipo de conducción de grupos humanos es precisamente la psicología positiva (las otras dos son las evidencias sobre la productividad personal que genera el líder y las conductas positivas que debe tener éste).

La psicología positiva

Los psicología positiva descansa sobre tres columnas:

  1. Las emociones positivas. Son las que están relacionadas con la felicidad, el placer, la gratificación, la plenitud.
  2. Los rasgos positivos. Son las fortalezas de carácter, talentos y virtudes que todos tenemos.
    “Seligman y varios colaboradores investigaron a través de tres mil años de culturas y religiones tratando de identificar las virtudes centrales que podían ser encontradas en todas ellas".
    "Paralelamente, diseñaron pruebas que permiten a una persona saber cuáles son sus principales fortalezas de carácter. Es un test muy valioso en lo individual, pero también para aplicarlo en los equipos de trabajo”, señala.
  3. Instituciones positivas. Son lugares donde se pueden generar estas emociones positivas, donde se pueden cultivar valores como la resiliencia, el respeto o la gratitud: las familias, escuelas, organizaciones, comunidades y sociedades.

Fortalezas y virtudes

Las seis virtudes que más se valoraban en la mayoría de las culturas estudiadas por Seligman son sabiduría, coraje, humanidad, justicia, templanza y trascendencia, que engloban 24 fortalezas psicológicas universales.

En conjunto, estas virtudes comprenden y explican el concepto del buen carácter o de las personas virtuosas.

Las virtudes y fortalezas que, de acuerdo con las investigaciones de Seligman, son transversales al ser humano independientemente de la cultura, etnia, ubicación geográfica, creencias religiosas entre otros variables, son las siguientes:

I. SABIDURÍA es una virtud cognitiva que nos lleva a buscar, disfrutar y compartir el conocimiento con otros. Sus fortalezas son:

  1. Creatividad. Con esta fortaleza disfrutamos produciendo ideas o comportamientos originales que contribuyen de manera notable en nuestra vida o en la de otras personas. Incluye la creatividad artística, pero no se limita a ella.
  2. Curiosidad, interés por el mundo. Es ese intenso deseo, esa motivación por explorar información novedosa y desafiante.
  3. Pasión por aprender. Las personas que poseen esta fortaleza psicológica están motivadas para adquirir nuevas habilidades, conocimientos o experiencias.
  4. Mentalidad abierta, juicio, pensamiento crítico. Esta fortaleza nos permite enfrentarnos a situaciones novedosas de manera efectiva, vivir con plenitud y aprender continuamente de lo que nos rodea.
  5. Perspectiva y sabiduría. Sin la perspectiva y la sabiduría, nuestro conocimiento es una mera serie de datos y hechos. Estas virtudes son necesarias para que esos nuevos conocimientos sirvan para mejorar nuestra vida y las vidas de quienes nos rodean.

II. El CORAJE es una virtud enfocada en conseguir nuestras metas frente a la oposición, interna o externa. Incluye las virtudes siguientes:

  1. Valentía. Una persona valiente actúa siguiendo sus convicciones y creencias frente a cualquier peligro o dificultad.
  2. Persistencia y diligencia. Una fortaleza que nos mantiene en pie a pesar de los obstáculos, visualizando nuestras metas, trabajando duro y perseverando en nuestros esfuerzos hasta que logramos nuestros objetivos.
  3. Integridad, honestidad, autenticidad. La integridad nos ayuda a vivir nuestra vida de acuerdo con nuestros valores personales y responsabilizarnos de quienes somos y de lo que hacemos.
  4. Vitalidad y pasión por las cosas. Esta fortaleza se encuentra en aquellos individuos que viven plenamente cada momento de la vida, evitando el abatimiento y llenos de energía vital.

III. LA HUMANIDAD. Se refiere a las fortalezas “humanas” que envuelven la creación de relaciones, particularmente el acercarse y hacerse amigo de otras personas. Incluye:

  1. Amor en cualquiera de sus formas. El amor es una de las fortalezas que más nos llena y realiza. Eric Fromm (1956) define cuatro elementos básicos en todas las formas de amor: Cuidado, Responsabilidad, Respeto y Conocimiento.
  2. Generosidad, altruismo, compasión. El verdadero altruismo significa cuidar o ayudar a los demás por el hecho en sí mismo y no por un reconocimiento especial o cualquier tipo de galardón.
  3. Inteligencia social. Si la inteligencia emocional se refiere a la capacidad para utilizar la propia información emocional de manera eficiente, la inteligencia social se refiere a la capacidad de comprender y apreciar los matices emocionales de una relación.

IV. LA JUSTICIA es una virtud que tiene como finalidad determinar de forma objetiva los derechos y responsabilidades éticas y morales hacia los demás. Sus tres fortalezas psicológicas son:

  1. Civismo, responsabilidad social, trabajo en equipo. Las personas con esta fortaleza son aquellas que se orientan hacia la comunidad tanto o más que hacia su propio interés.
    El civismo conlleva una participación con la comunidad, la búsqueda de igualdad y cooperación, la cohesión social y el optimismo.
  2. Sentido de la justicia, equidad. Conlleva el desarrollo de habilidades para el consenso equitativo, la sensibilización con la justicia social, la expresión de compasión por los demás y la perspicacia necesaria para comprender las relaciones y obtener resultados equitativos.
  3. Liderazgo. Los jefes son personas que hacen que las organizaciones funcionen, los líderes son personas que inspiran a los demás a comportarse de una determinada manera.

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V. LA TEMPLANZA. La virtud de la templanza se refiere a una moderación juiciosa y se compone de cuatro fortalezas que nos protegen de los excesos:

  1. Capacidad de perdonar, compasión. La fortaleza psicológica del perdón se caracteriza por disculpar a quienes han cometido un error, aceptando sus defectos, dándoles una segunda oportunidad, y liberándose de emociones negativas como la ira o la angustia.
  2. Modestia, humildad. La verdadera humildad necesita de una gran autoestima para poder hacer un análisis realista de nuestras capacidades, reconocer nuestras limitaciones y abrirnos a nuevas ideas.
  3. Prudencia. La prudencia es una orientación hacia nuestro futuro personal, una forma de razonamiento práctico y autogestión que ayuda a lograr los objetivos individuales a largo plazo de manera eficaz.
  4. Autocontrol. Esta fortaleza nos ayuda a controlar nuestros deseos, emociones y conductas con el objeto de obtener alguna recompensa posterior.

VI. LA TRASCENDENCIA. Ocurre cuando nos movemos más allá de nuestra experiencia humana o comprensión vital.

Las fortalezas que acompañan a esta virtud nos ayudan a conectar con lo que nos rodea y proveernos de un sentido más profundo de significado y propósito en la vida:

  1. Apreciación de la belleza y la excelencia, capacidad de asombro. La apreciación de la belleza está muy relacionada con la elevación, el asombro, la admiración, la sorpresa o el maravillarse.
    Se convierte en una fortaleza cuando las personas descubren la belleza y la excelencia a su alrededor y esta experiencia les deja una maravillosa mezcla de relajación, sobrecogimiento y ganas de reaccionar de manera positiva.
  2. Gratitud. La gratitud se refiere al reconocimiento y expresión de agradecimiento hacia un regalo, material o no.
  3. Esperanza, optimismo. Ser optimista significa abordar la vida de frente, centrándose en las soluciones y posibilidades, sabiendo aceptar y reconocer (si llega el caso) que no hay soluciones y es conveniente un cambio de perspectiva.
  4. Sentido del humor. La capacidad para relativizar y destrozar las rígidas reglas de nuestra vida, trascenderla y aumentar nuestra perspectiva. El sentido del humor aumenta nuestras emociones positivas.
  5. Espiritualidad, fe, sentido religioso. La espiritualidad es la fortaleza más humana y sublime y consiste en tener creencias coherentes sobre un significado y finalidad de la vida que trasciende nuestra existencia.

¿Cuál es la clave?

De acuerdo con los expertos, en general de 10 a 17 de estas fortalezas pueden ser aplicadas a cada uno de nosotros, pero la clave está en encontrar las cinco que más nos caracterizan.

“Es un tema muy amplio, podríamos pasar horas hablando de él. Lo cierto es que es muy importante que cada uno de ustedes conozca bien cuáles son las fortalezas que tiene más desarrolladas y que más utiliza, y trabajar para fortalecerlas aún más”, aconseja.

“Esto quizá va en sentido contrario a lo que estamos acostumbrados a escuchar. Normalmente, cuando nos hacen este tipo de pruebas, nos dicen: ‘Aquí están tus fortalezas y aquí tus áreas de oportunidad, en las que tienes que trabajar muy fuerte’”.

Desarrollar las habilidades

En este caso, no hay áreas de oportunidad, subraya.

Aquí es: “Mira, en esto eres muy bueno, se te da de forma natural y puedes desarrollarlo para ser el mejor en lo que haces”.

El error ha sido suponer que como son fortalezas no debemos invertir más en ellas, sino trabajar las debilidades, continúa.

“La psicología positiva mediante la investigación científica de personas felices determina que ellas han apostado también por seguir desarrollándose e involucrándose cada vez más en las áreas que más dominan. Es precisamente esta fórmula que les ha permitido diferenciarse”.

Encontrar nuestro potencial

En conclusión, podríamos decir que las fortalezas son los diferentes caminos por los cuales se obtiene una virtud.

No existe ser humano sin virtudes, lo que existen son personas que no conocen el potencial que duerme en su interior.

En pocas palabras: hay diferentes formas de ser un buen padre, un buen empresario, un buen profesor, un buen vecino, un buen líder… Algunos lo logran siendo disciplinados, otros cariñosos o atentos y algunos más con una combinación de varias fortalezas.

El objetivo es el mismo para todos: ser cada día mejores en lo que somos buenos.

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