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“Urdo para mis seres queridos”

Mayanín Góngora Chablé teje una hamaca como parte del taller del Centro Cultural del Issste

Por casualidad halló su pasión en tejer hamacas

Cuando Mayanín Góngora Chablé terminó de urdir su primera hamaca, se sintió muy satisfecha. “Era un gran logro que no podía creer, la verdad nunca imaginé hacer hamacas”.

Mayanín aprendió a urdir apenas hace año y medio en el Centro Cultural del Issste, a donde llegó con la intención de tomar talleres de tai chi, danza terapéutica y acondicionamiento físico. Una vez dentro se encontró con que también había un taller de urdido de hamacas.

Como toda su vida había dormido en hamaca, decidió inscribirse al taller. Hizo amistad con Neri Blanco Pérez y las hermanas María Elena y Lupita Argáez Rodríguez, que ya llevaban más de 20 años tomando clases.

Neri Blanco y las hermanas Argáez también llegaron a las clases de urdido por casualidad. Al igual que Mayanín, solo buscaban talleres de jarana, baile o de algo en que pudieran entretenerse tras haberse jubilado.

“Cuando empecé a venir, tomaba clases de danza, de jarana… bueno, cuando una es más joven puede hacer de todo, pero dejé de venir casi un año por unas operaciones, me quedé solo con urdido”, cuenta doña Neri.

Todavía recuerda la primera hamaca que urdió. “Hice una grande de crochet, pues dije: si (el urdido) es tardado haré algo que valga la pena”. La hamaca, dice, aún le existe y está como nueva.

A la fecha no recuerda cuántas hamacas ha hecho, pero a todos sus hijos les ha regalado una. “Urdo para mis seres queridos y lo hago con corazón”.

“Hago una hamaca en ocho meses porque solo vengo un rato al taller, pero hay personas que lo hacen en seis meses porque vienen a diario, yo con calma.

“Aquí encontramos amistades, nos ponemos a platicar y eso nos distrae, pero a fin de cuentas a eso venimos, y en lo personal urdir hamacas me sirve para relajarme”.

Doña Neri reconoce también que cuando hace una hamaca se siente útil a pesar de su edad y por eso no se cansa de urdir. “Es algo que me gusta mucho; además, me gusta mucho dormir en hamaca porque en nuestra tierra hace calor y la hamaca te refresca como quieras”.

Mayanín también urde para sus familiares; de hecho, la primera hamaca que hizo fue para su esposo. Recuerda que cuando empezó se le hicieron complicadas las puntadas.

“La orilla me salió mal, la tuve que cortar y hacer otra”. Pero una vez que agarró práctica no solo no paró, sino que se planteó el reto de hacer modelos más difíciles.

Al igual que Neri, Mayanín no recuerda cuántas hamacas ha hecho, pues también hizo para muñecas (que muchos utilizan para sus mascotas) y de las que cuelgan en el jardín tipo nido.

Su familia está feliz con su labor, y a cada parte le ha regalado una, dice. “Ya todos mis hijos están casados y tengo nietos, a todos he pensado darles una, pero no estoy al día aún, todavía me falta urdir”, dice tras resaltar que urdir le sirve como terapia ocupacional.— Iván Canul Ek

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“El urdido me ha ayudado como terapia ocupacional y a superar los problemas comunes”, dice Mayanín Góngora Chablé.

Familia

“Esto me ayuda a salir de la rutina, pero sin descuidar el cuidado de mi familia”.

Entretenimiento

Mayanín llegó a los talleres luego de jubilarse en su trabajo y, confiesa, ha encontrado un lugar donde se siente feliz de lo que hace; por ello invita a las personas a darse un tiempo y hacer lo que les gusta. “Conozco a muchas personas que no se quieren jubilar porque dicen ’¿qué voy a hacer?’, pero la verdad cada etapa de la vida tiene su momento y actividades para distraerse, pues nunca dejamos de aprender hasta que nos vayamos de acá”.

Aporte

Las hermanas María Elena y Lupita Argáez igual se dicen contentas de que sus manos puedan elaborar esos artículos que no faltan en los hogares yucatecos.

Comodidad

“Aquí estamos tejiendo hamacas porque nos gusta y porque somos felices haciéndolo”, dice María Elena. Como buena yucateca, duerme en hamaca porque es cómoda y ayudar a conciliar el sueño, indica.

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