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Porcicultura tronada

Viridiana Lázaro

Daño al ambiente y contaminación en la actividad

Viridiana Lázaro, especialista de agricultura y cambio climático de la organización Greenpeace México, difundió ayer una reciente investigación sobre el modelo agroindustrial de la porcicultura en la Península de Yucatán y concluye que es disfuncional, causa daños ambientales, es foco transmisor de enfermedades por la contaminación que genera y desplaza a campesinos que viven de la naturaleza.

Y aún con este panorama adverso, los gobiernos federal y estatal continúan apoyando el crecimiento de la agroindustria porcícola con fines de exportación, en detrimento de la flora, la fauna, la reserva hídrica y la salud de los habitantes de las comunidades rurales donde se construyen.

La porcicultura yucateca, según el sitio especializado porcicultura.com, genera más de 12,000 puestos laborales, tiene más de 420 granjas activas, permite la autosuficiencia en producción de carne de cerdo y ubica a Yucatán en el tercer lugar nacional en producción.

Cada año sacrifica 2.2 millones de cerdos y ese volumen de producción abastece el mercado nacional y permite exportaciones a Estados Unidos, Canadá, Japón, Corea del Sur, Chile y China.

La especialista de Greenpeace dijo que los datos oficiales arrojan que Yucatán cuenta con 257 granjas porcícolas, de las cuales 43 están construidas en áreas naturales protegidas y 36 de ellas afectan en forma directa al llamado Anillo de Cenotes, que es una de las reservas más importantes de agua del país. Hay otras granjas que están en reservas ambientales protegidas por el sistema Ramsar en Campeche y Celestún. De este total, 122 están en sitios de conservación y de restauración y sólo 22 operan con un Manifiesto de Impacto Ambiental (MIA). Es decir, el 90% de las granjas porcícolas operan con ilegalidad porque no tienen los permisos y por ello realizan esta denuncia pública.

Mostró fotografías de las grandes extensiones de terrenos que ocupan las granjas, las naves de crianza, aspersores clandestinos ubicados en el monte para la descarga del agua negra cargada con alta contaminación por la mezcla de excretas, orines y residuos de medicamentos que usan para mantener sanos a los animales.

“Vierten el agua sucia y esto, debido a las altas concentraciones de nitrógeno están secando y matando a la vegetación. Además, como el suelo peninsular es cárstico los líquidos se filtran directo al acuífero”, señaló.

“Un citricultor que tiene su parcela junto a una granja fue víctima de un derrame de las lagunas de aguas negras porque rebosaron durante la época de lluvias y esa agua contaminada llegó a su parcela y dejó inservibles sus tierras. Le causó grandes pérdidas y las granjas no se hacen responsables”, dijo.

“Otra afectación importante es que para la construcción de las granjas se necesita la limpieza de extenso terreno y deforestan más de 10,900 hectáreas de montes y eso perjudica el hábitat de jaguares, mono araña, mono yucateco y de otros animales endémicos de la región”, indicó.

“El suelo yucateco es un sumidero que absorbe las residuos y están desforestando la selva, que es un patrimonio de todos los mexicanos”.

Otras consideraciones que destacó Viridiana Lázaro en su informe “La carne que consume al planeta” es que el funcionamiento de estas granjas para la producción de carne pone en peligro los derechos medioambientales en la región. Cinco de ocho muestras realizadas en pozos de agua y un cenote arrojaron que rebasan los límites de la NOM-001-Semarnat-1996, por lo que es obvio que el agua está contaminada, además, todas las muestras exceden los límites recomendados para uso y consumo humano del agua porque tiene más amonio (NH4), nitritos (NO2) y nitratos (NO3) que garantizan la salud de las personas en México, según la NOM-127-SSA.

También han generado la deforestación y pérdida de la biodiversidad en 10,997 hectáreas de selva, lo que es una grave amenaza para especies carismáticas catalogadas en peligro de extinción o amenazadas, según la NOM-059-Semarnat 2010.

Se propicia el desplazamiento de campesinos y productores que viven de la apicultura, agricultura y ganadería a baja escala, como los casos de Manuel Casanova y Alberto Rodríguez Pisté, quienes ya no buscan la forma de producir sus alimentos porque les han invadido sus terrenos con el argumento de que los compró una empresa porcícola o porque las granjas perjudican la productividad de las tierras y matan la flora que es alimento de las abejas.

La abogada del Equipo Indignación, Lourdes Medina Carrillo, recordó que desde 2017 inició una dura lucha jurídica del pueblo maya de Homún contra una de estas mega granjas porcícolas y el expediente de un amparo está pendiente de resolver la Suprema Corte de Justicia de la Nación.

Los integrantes de Greenpeace demandaron al gobierno federal y estatal que pongan un alto a las granjas industriales (instalaciones cerradas y confinamiento individual para animales) y que realicen una reordenación rigurosa del territorio en las zonas de gran densidad ganadera en la península de Yucatán para que eviten la ocupación de suelo protegido para su conservación y que creen un sistema de monitoreo e inspección de la calidad de agua que permita evaluar el grado de contaminación.— Joaquín Chan Caamal

 

Análisis Granjas porcícolas

El modelo agroindustrial de la porcicultura en Yucatán causa daños ambientales

Monitoreo

Integrantes de Greenpace México demandan que los gobiernos federal y estatal creen un sistema de monitoreo e inspección de la calidad de agua tanto estatal como nacional que permita evaluar el grado de contaminación y su comportamiento a través del tiempo.

Petición a AMLO

También se exige al presidente Andrés Manuel López Obrador que el plan de recuperación económica sea verde y justo.

Homún

Equipo Indignación recordó que desde 2017 inició una lucha jurídica del pueblo maya de Homún contra una de estas granjas porcícolas. Un amparo está pendiente de resolverse en la Suprema Corte.

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