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Apoyo, no segregación

Psicólogos analizan causas de conductas de índole emocional

Dos miradas, dos visiones, dos diagnósticos e interpretaciones profesionales, especializadas surgen de un mismo problema.

La conducta y proceder de un joven, alumno de la Facultad de Matemáticas de la Universidad Autónoma de Yucatán, es analizado e interpretado por dos especialistas de la ciencia que estudia los procesos mentales, las sensaciones, las percepciones y el comportamiento de las personas.

Los psicólogos Patricia Gilí López y Frederick Santana Núñez, presidenta del Colegio de Psicólogos del Estado de Yucatán y coordinador del Centro de Estudios Superiores en Sexualidad (Cessex), respectivamente, bosquejan, distinguen las circunstancias emocionales y sociales en el perfil de Yael Ch.R., que lo forzaron a escribir mensajes amenazantes en una cuenta colectiva de WhatsApp donde advierte de llevar al cabo un ataque con armas de fuego en la institución educativa, en el campus de Ciencias Exactas e Ingenierías de la Uady.

Como se informó, la noche del domingo 6 pasado, Yael compartió con sus amigos y compañeros en la red social de la aplicación telefónica anuncios intimidatorios para efectuar un atentado o tiroteo en el edificio de la Uady, en el Periférico Norte, que ante el miedo y angustia que generó en la comunidad estudiantil obligó a las autoridades universitarias a emitir un aviso durante la noche de ese día en el que se dispuso cerrar el campus en previsión de que se cumplieran las advertencias del estudiante.

Maestra en Psicoterapia por el Instituto Carl Rogers, campus Mérida, la psicóloga Gilí López explica que existen diferentes factores biopsicosociales que pudieron orillar al estudiante de Matemáticas a exponer en las redes sociales ciertas actitudes que tendrían un trasfondo emocional, familiar, social o incluso académico, pero sin menoscabo de la decisión de la Uady, de acuerdo con las normativas por las que se rige, no deberían culminar solo en una acción punitiva.

“La solución no es segregarlo, sino brindarle la atención que necesita para que haya una adecuada reinserción social, una inclusión que le permita al estudiante que cometió la grave falta a superar ese amargo trance emocional”, reitera la presidenta del Colegio de Psicólogos del Estado de Yucatán.

Para el maestro Santana Núñez, achacar culpas es sencillo, sobre todo si hay normas y leyes que se trasgreden, y los infractores tendrían que asumir las consecuencias de sus actos, reales o ficticios, pero que también ese tipo de sucesos evidencia los tiempos que hoy se viven en el mundo, en el país, y particularmente en Mérida y Yucatán.

“Todas las actuaciones, comportamientos y conductas que presentan las personas, en este caso el alumno de la Uady, son tan solo un reflejo de lo que acontece en la sociedad actual, son fruto de la sociedad en la que actualmente se vive y convive”, considera el coordinador del Cessex.

No juzgar antes

Ambos expertos coinciden en que la atención de la salud mental, a partir de la infancia y sobre todo durante la adolescencia y juventud, es un tema que no debería ser minimizado en los programas académicos de todos los niveles educativos, precisamente para identificar esas transiciones emocionales turbulentas que se activan cuando hay algún detonante social, familiar, personal e incluso relacionado con la formación escolar que se convierta en conductas peligrosas para la comunidad, la familia, los compañeros o el círculo más cercano en el que se desenvuelve una o varias personas.

“Como presidenta del Colegio de Psicólogos del Estado de Yucatán, respetamos las decisiones normativas que la Uady tome en el caso del estudiante de la Facultad de Matemáticas, pero en términos generales consideramos que la segregación o separación de los jóvenes que cometen alguna irregularidad severa, como la que se dio, deben recibir ayuda, apoyos para después del trago amargo tener una reinserción e inclusión social”, destaca la psicóloga Gilí.

La experta en Psicoterapia añade que antes de cualquier medida, habría que enfocarse a un trabajo de atención a los jóvenes, como Yael, para conocer en qué núcleo familiar vive, si proviene de una familia disfuncional, o tiene algún otro conflicto económico o incluso escolar que propicie expresiones o conductas de ese tipo.

“Antes de tomar alguna medida o juzgar hay que indagar, hacer un diagnóstico. La primera ley de la Psicología es no juzgar ‘a priori’, ya que todo hecho lleva una explicación. En el caso que se menciona, hay que analizar qué lo llevó a tomar esa decisión o a publicar esas expresiones, qué problemas atraviesa. No se sabe si tenía algún problema en la universidad que lo orillaron a lanzar esa clase de amenazas tan graves”.

“Hacemos un llamado a la sociedad a no juzgar, a no tomar decisiones y actuar con mesura antes de emitir algún comentario sobre conductas inadecuadas. Antes hay que ver si la persona que actúa de manera incorrecta tiene algún trastorno o atraviesa por un momento emocional crítico o vive en un entorno que estalle esas situaciones”, señala la dirigente de los psicólogos.

La maestra Gilí ofrece que el Colegio de Psicólogos, integrado por profesionales de variadas disciplinas, está dispuesto a brindar toda la ayuda y asesoría especializada a Yael o cualquier persona que atraviese por un momento de crisis emocional.

“Estamos dispuestos a intervenir, diagnosticar y apoyar con terapias al joven en conflicto”, apunta la psicóloga.

Señales de riesgo

El psicólogo Santana Núñez, con un diplomado en violencia y un posgrado en Educación, considera que las advertencias que se refieran a acciones que pongan en riesgo la integridad de un grupo, una institución o comunidad y se filtran en redes sociales hay que tomarlas en serio, hasta no conocer lo que hay más allá, en la profundidad de las motivaciones emocionales de los autores de esos mensajes que algunos creen son bromas pesadas.

“Lo que se conoció por medio de una red social que supuestamente sucedería en un campus de la Uady no es un hecho aislado, hay antecedentes de ataques y violencia en otros colegios que dejaron un rastro de tragedia, como fue el caso de Monterrey, hace dos años. No creo que un comentario agresivo deba tomarse como un sucesos aislado, ya que genera pánico, y no hay la certeza de que en realidad se trató de un juego pesado”, dice el coordinador de Cessex.

Esos acontecimientos graves, juzga el maestro Santana, también sacan a relucir muchos pendientes que, en este caso, en las instituciones educativas, se dejan a un lado y tienen que ver con la atención a la salud mental.

“Los conflictos íntimamente relacionados con la salud mental, como las expresiones de violencia, acoso escolar, discriminaciones y agresiones, por ejemplo, en muchas ocasiones comienzan como una ‘bromita’, sin darnos cuenta de la magnitud y repercusiones que pueden alcanzar en el estado emocional de los afectados, que por otras situaciones adicionales ligadas a los ámbitos sociales, económicos, familiares o académicos, detonan hechos graves”.

“No hay que estigmatizar ni echar culpas de manera unilateral, las conductas de las personas, de los adolescentes y jóvenes, que se manifiestan por diferentes medios, incluyendo las redes sociales, pueden obedecen a factores fisiológicos, biológicos, familiares…, elementos que van construyendo nuestras emociones porque somos fruto de la sociedad, y los escenarios que se presentan, como el del caso Yael, son consecuencia, reflejo del ambiente en que se desarrolla la sociedad actual, que se ha vuelto insensible y tolerante a hechos que no hay que echar en saco roto”, concluye el psicólogo Santana Núñez

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