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Saber comunicarse, habilidad indispensable para ser líder

Para ser reconocido como un buen líder es necesario demostrar y poner en práctica las habilidades indispensables para ejercer ese papel de guía que impacta positivamente en los resultados, en sus equipos y en su organización.

A la hora de ponernos al frente de un equipo de trabajo es muy importante saber cómo mantenerlo motivado y lograr una implicación máxima en busca de alcanzar los objetivos propuestos.

De allí que competencias como creatividad, capacidad de organización y de gestión, autoridad, compromiso, entre las más importantes, sean tan necesarias.

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Sin embargo, de todas, la habilidad por excelencia, esencial, de todo buen líder es la capacidad de comunicación, que va más allá de hablar simplemente o de transmitir un mensaje para informar.

“Si sabes comunicarte eficazmente con tus colaboradores, si sabes escucharlos, si muestras interés en entenderlos, tendrás más de la mitad del camino andado, porque serás capaz de generar un cambio en ellos”, señala Josué Lozano de León, consultor en Desarrollo Organizacional y Capacitador de Procesos Comerciales y de Administración de Personal.

Además, si quieres ser un buen líder, debes ser capaz de influir en los demás en busca de un cambio positivo de mentalidad y de conducta. Y ese proceso pasa necesariamente por las emociones, por transformar los corazones.

Tres caminos diferentes

Influir, persuadir y manipular son métodos para convencer a las personas de hacer algo por ti o cambiar su pensamiento para coincidir con el tuyo, explica el experto, sin embargo, siguen estilos muy diferentes.

“Tú influyes en el otro porque se genera una relación interpersonal en la que hablan tus valores”.

“La manera en que lo tratas y le das su lugar, el interés que le pones, despierta en el otro una reacción positiva: ‘A mi jefe le intereso como persona, hay una relación, podemos trabajar juntos para lograr metas de largo plazo’”.

La persuasión, prosigue, te permite lograr algo específico con alguien, aunque no te interese la relación interpersonal.

Un vendedor, por ejemplo, puede ser influyente y a la vez persuasivo, influyente desde que genera confianza y persuasivo desde que sabe cómo entender la necesidad de su cliente y enfocar los argumentos y soluciones que le ofrece para satisfacerla, “pero sin manipular”.

La manipulación igualmente busca “convencer”, pero lo hace omitiendo información, jugando con las emociones y generalmente de una manera poco ética.

Hablando (no siempre) se entiende la gente

En general, en los ámbitos laborales a las personas les cuesta mucho trabajo comunicarse. Y eso, considera el experto, se debe principalmente a dos motivos.

Primero, existe el temor de no ser comprendido. “Es algo con lo que me topo a menudo. Muchos tienen un sentimiento de incomprensión o quisieran tener siempre la razón”.

Sin embargo, cuando decimos “no me comprenden” es porque no hemos cultivado el hábito de expresar nuestros puntos de vista sin buscar ganar algo, simplemente para expresar lo que pensamos.

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Como estamos más interesados en tener la razón que en conocer lo que piensa el otro, tendemos a censurarnos nosotros mismos.

Tampoco hemos practicado mucho la argumentación, una herramienta que nos permite negociar.

El segundo motivo es más grave: no hay tiempo para comunicarnos, advierte el experto.

Y es que en el terreno organizacional hay tanta “activitis”, estamos tan llenos de ocupaciones que hemos perdido de vista que una de las cosas más importantes que debemos hacer es conversar, sentarnos y dedicarle un tiempo a charlar de lo que nos tiene juntos.

El sueño del rey

Algunas personas son más convincentes que otras, aunque todas digan lo mismo, porque tratan de entender cómo escucha su interlocutor y cómo le da significado a lo que escucha.

Si yo te quiero vender una idea, la tengo que comunicar desde tu interés, no desde el mío, señala. El quid del asunto es cómo se dicen las cosas.

“Todos tenemos inquietudes y si tengo que compartir las mías con alguien debo conocerlo, saber cómo le gusta escuchar, cuáles son sus intereses acerca de ese tema”, señala.

Fábula que aclara el concepto

Y para hacer más claro el concepto cuenta una fábula sobre un rey que soñó que se le caían todos los dientes.

El rey tenía dos consejeros, manda a llamar al primero y le cuenta: “Tuve un sueño muy feo…”. El asesor real lo escucha y le dice: “Señor, le tengo malas noticias, toda su familia va a morir antes que usted”.

Este ministro no pensó en los intereses del monarca, a quien obviamente no le gustó la respuesta y, molesto, lo mandó sacar de palacio.

Llega el segundo consejero, quien tras escuchar lo mismo le dice: “Señor, su sueño significa una bendición. Usted vivirá más que toda su familia, podrá hacer realidad todos sus proyectos, para beneficio de su familia y beneficio de su reino”. El monarca, agradecido, lo compensó generosamente.

“Cuando queremos ser convincentes tenemos que comprender qué es lo que al otro le interesa, no se trata de manipular, pero sí hablar en el lenguaje del otro, porque necesitamos que nos escuche”, indica.

En resumen, para poder comunicarnos tenemos que saber lo que decimos y, lo que es más importante aún, saber cómo decirlo.

La conversación como herramienta

Una comunicación efectiva es esencial para el funcionamiento de una organización por una razón muy simple: una empresa no existe sin seres humanos. “Y los seres humanos nos constituimos y construimos a través de la palabra”.

Rafael Echeverría, formador de coaches, creador de la Ontología del Lenguaje y uno de los padres del Coaching Ontológico, dice que las organizaciones somos redes conversacionales:

“En la organización o empresa sucede lo que se conversa o se deja de conversar. Y se definen como un gran problema las conversaciones no llevadas al cabo”.

Y esas conversaciones no se realizan en gran parte por suposiciones, por prejuicios, insiste Lozano de León.

"Somos muy propensos a pensar que nos van a escuchar o no les va a interesar a los demás lo que yo diga, o sea empieza a haber autocensura”.

A juicio del coach, hemos olvidado estrategias como negociar. En ocasiones tenemos que conversar y convenir, es válido que dos partes puedan construir una tercera opción a partir de sus ideas.

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“Sin embargo, en ocasiones queremos que se imponga la nuestra y no avanzamos. Debemos ser abiertos, aceptar que el otro también puede tener una idea tan buena como la mía y el tema no es cuál es la mejor, sino cómo de las dos hacemos una tercera”.

“Y entonces empezamos a conversar para construir. En la organización esto es muy importante porque lo que en ella sucede o no sucede se da a partir de las conversaciones”.

De ida y vuelta

En la empresa hay información y hay comunicación. La diferencia es que la información va en una sola vía: los mandos dicen y todos escuchan, se dan por enterados y obedecen, pero no hay réplica, no hay ida y vuelta.

La comunicación en cambio tiene varias versiones dentro de la organización: la comunicación interpersonal —uno a uno—, la grupal —entre varias personas— y la intergrupal —entre varios grupos dentro de la misma organización— y para cada una existen protocolos y debería haber una agenda, que es lo que menos se usa.

“Hoy se sacrifican los momentos de comunicarnos sobre la orientación a la tarea, cuando los resultados siempre son una consecuencia de conversar”.

Puntos para el jefe

Tras afirmar que quien no sabe comunicarse no puede ser un buen líder, Lozano de León dice que en los estudios que hace su empresa han encontrado en que casi todo lo que los colaboradores valoran más en un líder tiene que ver con esta habilidad.

Por ejemplo, continúa, los recién incorporados a un equipo de trabajo aprecian que su líder los reciba, que les diga qué espera de ellos, cómo va calificar su desempeño, cuáles son sus responsabilidades, de qué se hace cargo.

También valoran mucho que su jefe los capacite. “Y esto tiene que ser a través de la palabra, no hay manera de hacerlo en silencio”.

Otra conducta del jefe muy estimada y que tiene que ver con la comunicación es darse cuenta de cómo está trabajando su gente, le reconozca lo que hace bien y la oriente acerca de lo que puede hacer mejor, considera.

“Y eso es por medio de la palabra, a través de una conversación”.

El "radiopasillo"

No se puede ser un buen líder sin saberse comunicar con los demás porque cuando no hay comunicación, hay indiferencia o ausencia, señala el experto.

Y el colaborador empieza a suponer muchas cosas y ya no es dirigido por el líder, sino por lo que él sospecha, imagina, lo que cree ver y lo que los demás comentan en el “radiopasillo”, pero ya no por la voz del líder.

“Entonces el líder está dejando que los colaboradores de manera individual o grupal lleguen a conclusiones que no tienen que ver con la realidad”.

Saber escuchar

Una competencia fundamental que todo líder debe tener es entonces saber llevar una conversación y para esto es esencial saber escuchar.

“La habilidad de conversar de un líder empieza desde su habilidad de escuchar, dejar al otro ser, decir, creer, dejar al otro decidir desde lo que estoy escuchando”.

“En ocasiones hay jefes, no diría yo líderes, que interrumpen a su gente o que rechazan las ideas que les están expresando, cuando debe escuchar sin emitir juicio alguno, para poder entender cuál es la necesidad del otro”.

Técnicas para aprender a comunicarse

Si sientes que aún no has logrado desarrollar tu capacidad de comunicación no te preocupes, hay técnicas que pueden ayudarte.

Hay una muy popular, ideal para una reunión de persona a persona, que se llama “Técnica del sándwich”, porque con lo mismo que inicias, señalando cosas positivas, es con lo que tienes que cerrar.

Lozano de León explica que debes empezar hablando de las cosas positivas, que admiras, de la otra persona, lo que hizo bien, hasta lo más mínimo, porque eso va a reforzar en el colaborador la idea de que “mi jefe se da cuenta, mi jefe me valora”.

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“Luego viene la parte central, la carnita, que son los temas duros que tienen que ver con el trabajo, con los resultados, lo que pudo haber sido mejor, aquello en lo que tenemos que poner más esfuerzo”.

“Y después cerramos con lo positivo, expresando ‘tengo la confianza en que lo vas a hacer bien, si necesitas ayuda aquí estoy para apoyarte’”.

Con esta técnica se busca que el colaborador salga de la reunión de buen ánimo: “Mi jefe vio lo que hago bien, me supo decir lo que puedo hacer mejor y también expresó su confianza y apoyo, yo no estoy solo en el equipo, cuento con mi jefe”.

Técnicas para una reunión de trabajo

También hay técnicas para saber cómo llevar una reunión de trabajo. De entrada, comenta, tienes que saber que una junta donde vas a decir lo que sientes no es una reunión ejecutiva, la cual requiere preparación de los temas, saber quiénes serán los asistentes, tener una agenda…

“No debes llevar la reunión en solitario, sino de manera colaborativa. Es un error que el líder del equipo lleve la voz cantante en toda la junta, sino que debe asignar un rol a todos los asistentes”.

Aunque hay muchos sitios donde enseñan estas técnicas, el coach Lozano dice que la práctica es la mejor forma de desarrollar estas habilidades.

Si se puede, aconseja, hay que involucrarse en proyectos en los que hay que comunicarse: grupos parroquiales, de servicio social, culturales, etc.

“No hay mejor escuela en el tema de la comunicación efectiva que la práctica, si no te expones, no creces”.

La regla de oro

Y la última regla para que seas un comunicador eficaz es que haya coherencia entre lo que dices y lo que haces.

Por eso ser un buen líder cuesta trabajo, dice el asesor, porque se puede dar el caso de que seas un excelente orador, pero si tu ejemplo es negativo, tu discurso será hueco.

Y la coherencia es un ejercicio de autovaloración en el que hay una reinvención de ti mismo. Es un ejercicio de mucha valentía porque a lo mejor tienes que renunciar a hábitos y costumbres que te han llevado a donde estás, pero también pueden ser los que te destruyan.

En este sentido, humildad, sencillez y servicio al prójimo son valores esenciales.

Comunicación e influencia

“La comunicación la puedes aprender rápido, pero la influencia es un trabajo de todos los días”, comenta, para cerrar con los tres tipos de influencia por los que los colaboradores reconocen a sus líderes:

La influencia por tu expertiz técnica. Tus conocimientos no hay nadie que te los quite y cuando das una opinión en el tema que dominar los demás se dejan guiar porque nadie lo hace mejor que tú.

La influencia funcional. La que te da el puesto. “La única persona que puede aprobar esto es él…”, y esta autoridad te la dan porque han visto en ti lo que la empresa busca.

Sin embargo, advierte, estas dos no te hacen líder, un buen jefe tal vez, pero la única que te acredita como líder es la influencia real, la que las personas te conceden porque han recibido algo de ti que las ha hecho ser mejores en el plano profesional y personal.

“Si no es por mi jefe, yo no hubiera aprendido estas habilidades” o “gracias a mi jefe estoy en una mejor condición de bienestar”. Esta es la influencia más eficaz y perdurable.

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