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Se formó en Ieaey en Chichimilá y hoy es enfermero

Luis Manuel Tuz Chalé

Un ejemplo de superación

A sus 18 años de edad, Luis Manuel Tuz Che no había tenido contacto con las escuelas. Lo poco que sabía de lectura y escritura —se le dificultaba la lectura en español— lo había aprendido de su padre, un campesino.

A esa edad —corría el año 2008—, aprovechando que por un asunto familiar se había tenido que trasladar de San Vicente, una ranchería de Chichimilá, a la cabecera municipal se dirigió a la plaza comunitaria “Manuel Antonio Ay” del Instituto de Educación para Adultos del Estado de Yucatán (Ieaey), a fin de que le informaran cómo podía alfabetizarse.

Mayahablante hasta entonces, Luis Manuel experimentó un cambio radical en su vida a raíz de su iniciativa. Dos semanas después regresó con la documentación requerida y con mucho esfuerzo logró acreditar la primaria. Finalizado ese nivel, los asesores del Ieaey le preguntaron si quería continuar en la etapa de secundaria. Decidió seguir, pero con el reto de cursar ese nivel con los doce libros del sistema del INEA.

Así, en 2010 aprobó la secundaria, pero Luis Manuel no estaba satisfecho. Su sueño era ser médico, aunque lo veía muy complicado por la situación económica y lo más cercano a esa profesión para él era la enfermería.

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“Cuando terminé la secundaria fui al Conalep en Valladolid , donde podía estudiar enfermería”, relata el joven, ahora de 29 años, durante una entrevista acompañado del director general del Ieaey, Kirbey Herrera Chab. “Tenía miedo de que no me aceptaran, que me dijeran que mis documentos no tenían validez”.

Después de hablar con la directora del plantel, quien le dijo que los documentos del INEA —en este caso Ieaey— son totalmente válidos, Luis Manuel presentó el examen de admisión, como parte de 1,500 aspirantes.

Más adelante regresó a ver si su nombre estaba en la lista de aprobados y vio, con satisfacción, que allí aparecía junto a otros 900 alumnos.

Sobre la marcha conoció las redes sociales y el uso del correo electrónico, esto último una herramienta útil en sus estudios. Terminó la carrera de Profesional Técnico Bachiller en Enfermería en 2014 y se enfrentó al problema de la falta de trabajo. No le quedó más opción que laborar durante un mes en una fábrica de ropa y cubrir turnos de descanso en una clínica de Valladolid, hasta que obtuvo un turno completo de enfermero en la clínica Santa Anita. Sólo estuvo tres meses en esta última posición, pues recibió la oportunidad de trabajar en el Hospital San Carlos de Tizimín, dependiente de Servicios de Salud de Yucatán.

Sin embargo, en 2018 terminó su contrato con la dependencia y cayó de nuevo en el desempleo. Hoy obtiene recursos para su subsistencia con la venta de botanas a sus excompañeros del hospital San Carlos de Tizimín, a donde se traslada todos los días desde Chichimilá.

No pierde la esperanza de que se firme nuevo contrato y regrese al nosocomio.

Constancia y tesón

Para valorar mejor el esfuerzo de Luis Manuel hay que señalar que en la ranchería San Vicente él y su familia vivían de lo que les dejaba la milpa y la venta de leña. Son seis hermanos.

Si querían estudiar la primaria tenían que caminar tres kilómetros monte adentro, en una brecha.

Terminó la secundaria y la carrera en el Conalep con buenas calificaciones. En la primera egresó con promedio general de 9.7.

En su caso y uno de sus hermanos que también cursó el sistema del INEA sí aplica el término de “quemarse las pestañas”, pues estudiaban a la luz de las velas ante la falta de energía eléctrica en su comunidad.

Herrera Chab dice que el esforzado enfermero es una muestra de las bondades del sistema de enseñanza para adultos del INEA, con el cual incluso aprendió bien el español. Esto último le permitió ser traductor de los mayahablantes en el tiempo que laboró en el hospital San Carlos.— ÁNGEL NOH ESTRADA

 

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