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Tendencia al caos

Pese a las buenas intenciones del Programa de Desarrollo Urbano, el crecimiento de Mérida sigue descontrolado, en manos de los constructores de vivienda, opina un experto

El doctor Marco Tulio Peraza Guzmán está convencido de que el actual Programa de Desarrollo Urbano (PDU), pese a tener buenas intenciones, está haciendo muy poco por regular la expansión desbocada de Mérida.

“Tiene un planteamiento inicial que pretende poner orden, pero carece de los elementos necesarios para cambiar las tendencias, que siguen apuntando hacia un crecimiento desorganizado”, dice.

Es más, señala, la actual política de redensificación de la ciudad —del Periférico hacia adentro— que impulsa el gobierno municipal tiene muchas implicaciones negativas que habría que considerar. Las más nocivas son las relacionadas con la imposición de un modelo de desarrollo de vivienda vertical para sectores populares, un modelo que ha fracasado desde los años 50 del siglo pasado porque no va acorde con las necesidades de una familia de ese sector, que es el que más crece desde el punto de vista poblacional, por lo que la evolución de su hábitat es imprescindible.

“Aun con limitaciones, el terreno unifamiliar puede tener cierto crecimiento para adaptarse a sus necesidades más inmediatas, en cambio el desarrollo vertical no lo permite, los departamentos no pueden ser modificados y son tan chicos que dan lugar a otras problemáticas, como la aparición de pandillas, porque los jóvenes siempre está afuera”.

No pasa lo mismo con el desarrollo vertical para sectores acomodados, cuyos departamentos son amplios, con suficientes comodidades, considera. “Así pues, no es una cuestión de satanizar el desarrollo vertical o de ensalzarlo, sino de considerar donde puede adecuarse mejor, porque en caso contrario incluso genera conflictos”.

El asunto es que si las autoridades empiezan a sustituir la vivienda unifamiliar por la vertical de forma masiva van a crear un problema que aún no existe en Mérida. “Para eso es mejor quedarnos con lo que tenemos: desarrollos unifamiliares con lotes pequeños, pero que permiten una cierta adecuación en el tiempo a las necesidades de la familia”.

Desabastos

Otra implicación negativa de los desarrollos verticales, que han señalado en repetidas ocasiones los vecinos de Villas del Sol, quienes se quejan de que el Ayuntamiento autorizó la construcción de un complejo de 72 viviendas en el fraccionamiento, es que se aumenta la densidad poblacional, pero la infraestructura de la zona no cambia, señala. “Hay que tener presente que la ciudad no está preparada para albergar densidades de población mayores a las que ya fueron planeadas”.

Y las consecuencias de esto, continúa, es que se comienzan a ver desabastos de agua y de luz, problemas con el drenaje sanitario, saturación de calles y avenidas, menos arborización, etc.

El tercer gran problema que ve el experto en urbanismo en la imposición de un modelo de desarrollo de vivienda vertical, tan grave como los dos anteriores, es la identidad sociocultural de los meridanos, que tiene que ver con una ciudad horizontal, con modos de vida que implican un bajo porcentaje de habitantes por hectárea, señala. “Y cuando empiezan a modificarse esos factores también comienzan a surgir problemas, porque finalmente no estamos acostumbrados a ese otro tipo de forma de habitar, que sí es posible, pero no en las proporciones en que las autoridades lo están planteando”.

Los actuales ordenamientos prácticamente están direccionando el desarrollo hacia ese tipo nuevo de vivienda al que no estamos acostumbrados y que va a traer una serie de conflictos asociados con esta identidad del yucateco en su forma de vivir y de ver la vida.

Sobre la tarea de recompactar la ciudad, que tanto el director de Desarrollo Urbano como el director del Instituto Municipal de Planeación (Implan) defienden como una tarea impostergable, el Dr. Peraza Guzmán considera que debe hacerse… con equilibrios. “No digo que no sea necesario, pero debe realizarse con sensatez, con criterio: determinar en dónde se puede hacer y en dónde no, hasta qué punto sí y hasta qué punto no. Esos razonamientos no aparecen porque al parecer no se está pensando en esas particularidades del destino que tiene la vivienda para el usuario, para su manera de pensar, de vivir”.

Desde ese punto de vista, prosigue, no es mala la redensificación, lo que es malo es plantearla indiscriminadamente, decir que eso es mejor que crecer. “Así, en términos genéricos, es tan malo lo uno como lo otro”.

Ordenador

Tiene que haber una ponderación, un equilibrio: en dónde se puede crecer así, porque de otra manera lo único que se está haciendo es modificar los términos en que opera el sector inmobiliario, al que ahora sí le piden servicios públicos que antes no otorgaban.

“Antes el desarrollador hacía las viviendas, pero las escuelas, las bibliotecas, el equipamiento de salud y todo lo demás venía después y cuando se pudiera y a veces no había dónde ponerlo”, señala. “Ahora se le pide el equipamiento urbano… a cambio de que pueda edificar más casas”.

“Se les dio una cosa por la otra, pero esto nos puede llevar a otro problema equivalente, que es el que se construyan más casas de las necesarias. Y entonces vamos a salir del problema de la falta de equipamiento, para entrar al de la saturación”.

Desequilibrio

Para el investigador, el problema es que no se está planteando un crecimiento con equilibrio, que no sea optar en términos absolutos ni por el crecimiento —que se da fuera del Periférico— ni por la redensificación a ultranza.

Ahora, fuera del Periférico hay otro tipo de problemas, advierte. Existe un desorden de la forma como cada quien decide comprar tierra y fraccionarla. Todos están haciendo lo que quieren, así que el mercado inmobiliario tiene en sus manos la dirección del desarrollo de Mérida y no el gobierno o los instrumentos de planeación.

De acuerdo con el catedrático de la UADY, no hay una estrategia de organizar el territorio que se va a urbanizar. Si se estudia la historia de Mérida, dice, la ciudad se va generando alrededor de grandes núcleos de población, eso es lo que representaron los barrios en la Colonia, eso es lo que hoy día se está dando con la consolidación de las plazas comerciales, un poco a destiempo, pero que se están insertando en el tejido urbano dándole un cierto orden a su organización y a su uso. “Bueno, fuera del Periférico no existe esta noción”.

Respeto

Por todos estos problemas Mérida está teniendo un crecimiento anárquico, desordenado, en donde los desarrolladores construyen donde les da la gana, dice. “Tiene que haber una estrategia de desarrollo urbano fincada en lo que es la tradición histórica de la ciudad. Si uno no conoce la costumbre de crecimiento nucleado de Mérida, difícilmente puede respetarla, la cuestión no es tanto densificar o crecer indiscriminadamente: hay que redensificar hasta cierto punto y también crecer de manera ordenada”.

Villas del Sol

En esa falta de respeto a los modos de vida tradicionales está el origen del conflicto en el fraccionamiento Villas del Sol, advierte. “Y eso se va a generalizar, en Cancún pasa, pero allá no hay tradiciones porque es una ciudad nueva y con gente de todos lados, por lo allí se puede hacer lo que sea y probablemente los habitantes tengan que adaptarse, pero en Mérida no es así y menos en el caso de colonias antiguas, que quieren conservar sus modos de vida”.

“Y no solamente hablamos de un derecho legítimo. Estamos viendo que Mérida se diferencia de otras ciudades por su calidad de vida, que está fundada en esos valores, en esas tradiciones, en esas formas de crecer, de desarrollarse y de vivir. Entonces, si por un lado nos ostentamos como una ciudad segura, ordenada y por otro lado hacemos lo contrario a futuro, vamos a echar a perder lo que tenemos” (Continuará).— Mario S. Durán Yabur

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