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Un Presidente ansioso

Gustavo de Hoyos Walther (centro) y José Antonio Loret de Mola Gómory

“Al Presidente le hace falta serenarse”. Así de tajante suena Gustavo de Hoyos Walther (Monterrey, 1966) al hacer un breve recuento de los dos meses intensos que ha vivido el país en este frenético inicio de sexenio.

Gustavo de Hoyos Walther, presidente nacional de Coparmex

Mario Saturnino Durán Yabur

Minutos antes de salir hacia Valladolid para presidir el acto que cerró su visita a la entidad, el presidente nacional de la Coparmex toma un respiro, se sirve un café y se sienta para conversar con el Diario en la sala de reuniones del organismo. En apenas dos meses, comienza, los mexicanos hemos visto una avalancha de decisiones y acciones de gobierno equivocadas y notoriamente adversas a los intereses del sector privado.

Sin mencionar ni una sola vez por su nombre a López Obrador, el líder del poderoso sindicato patronal, que representa a más de 36,000 empresarios que generan 48 millones de empleos, señala que al Presidente le hace falta enfriarse un poco y buscar un punto de lucidez en su gestión, que hasta ahora se ha caracterizado por unas ansias desatadas de gobernar, un protagonismo irreflexivo y una peligrosa falta de entendimiento de cómo funciona el mundo.

Hace unos 20 días pidió al Presidente una señal de política pública en favor del sector empresarial… ¿ya la recibieron?

No, desafortunadamente. Lo que hemos presenciado en cambio son muchas malas decisiones que nos envían señales negativas. Explorando un caso —simplemente por elegir— vemos cómo en el sector turismo, tan importante para el país, en unas cuantas semanas se han eliminado o minimizado instituciones fundamentales para el sector privado, como Bancomext, Fonatur, Inadem o el Consejo Mexicano de Promoción Turística (Proméxico), instituciones que tardaron décadas en construirse. Entonces, no vemos hasta hoy una señal positiva. En el ámbito fiscal el Presidente ha cumplido en sentido “letrista” con no aumentar impuestos, pero lo cierto es que la aprobación de la eliminación de la compensación universal es un golpe fuerte a las empresas, que ahora deben pagar el impuesto que causan o que retienen de manera inmediata y tienen que esperar la devolución. No son decisiones favorables a las empresas, ciertamente.

¿Qué lectura le da a este acelerado arranque de sexenio?

Pienso que a lo mejor tenía ansias acumuladas por 12 años, a lo mejor se había imaginado minuto a minuto los primeros 100 días de su gestión, lo cierto es que el Presidente ha generado una enorme cantidad de iniciativas y acciones, la mayoría desafortunadas para el sector privado. Lo que esperamos es que paulatinamente entre en mayor serenidad —como él mismo dice: que se serene— y que esto permita que haya más reflexión en las decisiones de política pública.

¿Han hecho el cálculo total de las pérdidas en estos dos meses: se dice que $1,400 millones por la cancelación del aeropuerto, $1,000 millones por el bloqueo de la CNTE, más de $1,000 millones por la guerra contra el “huachicoleo”..?

No hemos hecho una gran sumatoria, pero esa relación que usted señala es muy aproximada a la realidad. Son muchos los frentes que se han abierto y México está perdiendo, no los empresarios. Cuando se canceló la obra del aeropuerto de Texcoco se pensó que se lesionaba a los usuarios, pero en realidad lo que se está castigando es la posibilidad del país de tener mayor turismo, mayor logística, mayor conectividad y con ello mayores empleos. La principal afectada por esas medidas es la población, no el sector privado. Claro, los empresarios también pierden, pero la población en general, aunque no se dé cuenta, es la más perjudicada.

¿Qué es lo que más le preocupa de este nuevo gobierno?

La falta de entendimiento del fenómeno global. Me preocupa eso, porque si no se entiende lo que está pasando en el mundo se pueden tomar decisiones equivocadas… ¡y ya se están tomando! A ver: la cancelación del aeropuerto es una expresión del poco entendimiento de lo importante que es una obra así para México: la están haciendo en China, en Panamá y en muchos otros países. No permitir la compactación hidráulica para extraer petróleo es una falta de comprensión de cómo el fenómeno mundial de la industria petrolera está evolucionando. Desaparecer Bancomext o ProMéxico es no entender que hoy todos los gobiernos tienen brazos financieros y promocionales para ayudar a sus empresas. Y en el caso tal vez más claro por ahora no se ha entendido que prácticamente todo el mundo ya se decidió por condenar la dictadura de Nicolás Maduro e impulsar al gobierno producto de la decisión del Congreso de Venezuela, con lo que México se está aislando. No importa que hablemos del aeropuerto, de interés de promoción o de política exterior, el común denominador es una falta de entendimiento de cómo el mundo está cambiando. Cuando eso no se tiene claro, pueden tomarse decisiones desafortunadas.

Calificó usted de “mal día para la democracia” la elección del fiscal general. ¿Cree usted que está en riesgo la democracia en el país?

No lo creo. Fue un mal día para la democracia porque se perdió la oportunidad de fortalecerla. Desde 2014 cientos de organizaciones y miles de personas estuvimos impulsando que tuviéramos un fiscal independiente, la sociedad le ganó al gobierno de Peña Nieto la batalla del “fiscal carnal”, le ganó el pase automático, pero ese triunfo nos lo neutralizó López Obrador. Fue un mal día porque después de cuatro años y medio sociedad, varias organizaciones —no hablo solo de la Coparmex— pelearon contra una decisión errática y el Presidente decidió matar esa lucha. Tirios y troyanos, muchas organizaciones de izquierda, de centro y derecha venimos señalando la inconveniencia de que se aprobara un fiscal afín al Ejecutivo. Fue un mal día, pero no perdimos la batalla, porque seguimos adelante con la iniciativa de reforma del artículo 112 de la Constitución. Se nos alargó el camino, pero vamos a seguir adelante y estamos seguros de que tarde o temprano llegaremos.

Pero este “hiperpresidencialis-mo”, que cada día se agudiza más, ¿no es peligroso para la democracia?

Al Presidente no le gusta Krauze, pero con estas decisiones muestra su adicción a la concentración del poder, que conlleva el debilitamiento de las estructuras que crean contrapesos. Sí son señales, pero no puedo decir que la democracia esté en riesgo, no llega a ese nivel. Sin embargo, así como cuando el país fue dando pasos hacia adelante, hacia el fortalecimiento de la democracia con la conformación del IFE, del Inegi, del INAI, de la Comisión de Competencias de Telecomunicaciones y la autonomía del Banco de México, cuando se tomó la decisión del “fiscal carnal” sufrió un retroceso.

Queremos pensar que no todo ha sido malo… ¿Cuáles han sido los mayores aciertos?

Ciertamente hay cosas relevantes. Empezaría señalando que el Presidente hizo eco de la propuesta de la Coparmex para conformar la Secretaría de Seguridad Pública y Protección Ciudadana. Seguramente usted recordará que en la mitad del sexenio de Peña Nieto le dijimos que era un error haber concentrado en Gobernación la función de Seguridad, por lo que ahora le reconocemos al nuevo Presidente que haya implementado la propuesta de la Coparmex. También tomó a la letra —él mismo lo reconoció el día que hizo el anuncio— nuestra sugerencia de una nueva cultura salarial y hoy tenemos que por primera vez en muchos años el país presume un salario mínimo general por encima de la línea de bienestar. Le elogiamos su apoyo determinante para el cierre del TMEC, antes TLC. Asimismo, le reconocemos la decisión política de luchar contra el robo de combustible. Aunque nos parece que la estrategia fue equivocada, avalamos y aplaudimos que haya tomado una decisión política de esta envergadura. También respaldamos —no con un cheque en blanco— la decisión de una Guardia Nacional, que aunque ha generado una gran polémica, pensamos que es la mejor decisión en las circunstancias actuales. De tal manera que en cinco de los temas más relevantes que ha planteado el Presidente ha tenido el apoyo y el aplauso de la Coparmex, con la misma claridad con que señalamos cuando consideramos que se han tomado decisiones erráticas. No tenemos filias ni fobias, reconocemos en el jefe de gobierno la representación legítima de los poderes instituidos para gobernar y queremos encontrar en el jefe de Estado la representación de todos los ciudadanos mexicanos, más allá de sus diferencias, sin ninguna polarización. Por eso es que no firmamos cheques en blanco, pero estamos construyendo tema por tema.

Hace un año tuvimos la oportunidad de platicar y usted dijo que en ese entonces el “tema de temas” en el país, el mayor reto, era el Estado de Derecho…

Y lo sigue siendo… absolutamente. El reto se traduce en tres de las manifestaciones insatisfechas del Estado de Derecho: un combate efectivo a la inseguridad —o para decirlo de manera positiva, recuperar la paz y el orden—, combatir la corrupción —en sentido positivo transitar hacia una conducta de integridad— y erradicar la impunidad —o sea, que la violación a la ley tenga consecuencias—. Desafortunadamente, ese tema sigue siendo hoy por hoy prioridad para la vida pacífica de los ciudadanos y la viabilidad de las empresas.

Dos meses en la silla es muy poco tiempo para juzgar al Presidente… pero ¿cuál sería hasta el momento el balance de su incipiente gestión?

Día a día estamos observándolo los ciudadanos. Seguramente el primer informe de gobierno será el momento de una evaluación formal y habrá que hacer entonces un corte de caja. Por lo pronto, pensamos que el saldo de estos dos meses de gestión es negativo. Hay cosas buenas, pero el saldo, que es una comparación entre los beneficios obtenidos por la sociedad y los perjuicios por los errores, claramente es negativo.— (Continuará)

 

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