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“Déficit” de democracia

El Instituto Mexicano de Doctrina Social Cristiana exhorta a la ciudadanía a ejercer su derecho a tener voz y voto en los asuntos de la comunidad

Instan a restaurar la confianza y el bienestar común

CIUDAD DE MÉXICO (Por Elia Baltazar, corresponsal de Diario de Yucatán/AEE).— La democracia es una manera de vivir cotidianamente, que apela a la participación de los ciudadanos más allá de las elecciones y las urnas. Por eso, para fortalecer la democracia en México es “urgente” una participación ciudadana organizada, ciudadanos conscientes de sus derechos y sus obligaciones, comprometidos con su comunidad y su país, consideró Jorge Navarrete Chimes, director del Instituto Mexicano de Doctrina Social Cristiana (Imdosoc).

Entrevistado en el marco de la presentación del Índice de Desarrollo Democrático (IDD) 2018, Navarrete Chimes hizo una reflexión sobre la necesidad de fortalecer los valores democráticos, que están íntimamente ligados al bien común, la corresponsabilidad y, sobre todo, “a buscar mejores condiciones de vida para todos”.

“Para que haya democracia, necesita haber ciudadanos demócratas, pero lo cierto es que hay un déficit de ciudadanos y de demócratas”, aseguró Navarrete Chimes, quien recurre a un ejemplo para ilustrar su idea.

“Ser demócrata es, por ejemplo, cuando tú vas caminando por la calle, ves una alcantarilla abierta, piensas que alguien se puede caer y vas a la delegación, al municipio, a donde corresponda, y haces todo el papeleo, todas las colas, todo lo necesario para que el municipio cierre esa alcantarilla y evitemos un accidente. Eso es un demócrata”, expuso.

Sin embargo, los resultados que arrojó la más reciente edición del Índice de Desarrollo Democrático (IDD) evidencian que en México hay una falta de participación organizada de la ciudadanía.

—¿A qué atribuye esta falta de ciudadanos demócratas, participativos, y cuáles son los remedios que propone el Imdosoc?

—Hay diferentes causas. Una es la gran desconfianza que hay entre nosotros. En Imdosoc realizamos una encuesta sobre cultura y práctica religiosa en 2013, y una de las preguntas fue si en México podemos confiar en las personas. El 47% de los encuestados dijo: “No se puede confiar en nadie”. Eso es una señal de alerta porque una de las bases fundamentales de la participación ciudadana organizada o de la organización ciudadana es la confianza, y en México existe una gran desconfianza.

También vimos que nos cuesta mucho trabajar en equipo. —Cuando preguntamos si en México trabajamos en equipo, el 48% nos dijo “no”. Preguntamos además: ¿usted hace cosas que lo benefician, aunque afecten a los demás? El 45% dijo “sí”. Toda esa percepción evidencia un déficit importante.

—Frente a esto, el pensamiento social cristiano lo que propone es la comunidad, es decir, la comunión. Al participar todos de una misma fe formamos una comunión que debe expresarse en una comunidad. Si la comunión no se expresa en una comunidad es pura palabrería. Esa comunión se expresa en una comunidad que cuida, que acompaña, que ayuda, que forma. Una comunidad es eso: un grupo de personas que se cuida, que se acompaña, que se forma, que van juntas. Y luego de la comunidad viene la ciudadanía, la formación de ciudadanía. Tenemos que dejar de ser habitantes para ser ciudadanos, tenemos que estar conscientes de nuestros derechos, por ejemplo.

En ese sentido, Navarrete Chimes destaca el concepto de “deuda social”, que tiene su base precisamente en los derechos, pues cuando “hay un derecho existe una deuda”.

“Constitucionalmente tenemos derecho a la salud, a la educación, a que se respete nuestra participación política, a la seguridad, pero no somos conscientes de que somos sujetos de derechos y, evidentemente de obligaciones”, consideró.

Sin embargo, dice, “todavía tenemos esta forma de pensar en la que esperamos que ‘papá gobierno’ nos regale el hospital, la carretera, cuando en realidad tenemos derecho a la salud, a la movilidad, y lo único que hace el gobierno es garantizar ese derecho, pues para eso está contratado: para garantizar ese derecho”, expuso.

Pero lo cierto, agrega, es que el gobierno tiene una deuda impresionante en salud, en movilidad, en todos los ámbitos de justicia. “Una deuda que, desafortunadamente, crece cada vez más y nosotros, como sociedad civil y como sociedad en general, tenemos una gran deuda también —porque es de doble vía— que es la participación social”.

Esa falta de participación se refleja en el mismo ámbito político, dice Navarrete Chimes. “La democracia es la sociedad civil organizada, que elige a sus mejores hombres y mujeres para que los representen”.

Pero en México, afirma, prácticamente no hay sociedad civil organizada, pues solo 5% participa en algún tipo de organización”.

Esa falta de participación deja en una élite decisiones que involucran a todos y, especialmente, la elección de representantes, que “no tienen representatividad porque no es la organización civil la que propone a sus mejores hombres y mujeres, sino una élite partidista que te propone 3, 4, 5 y de ahí escógele”.

—Sin embargo, ese es el sistema que avalamos cada vez que votamos, el sistema de partidos…

—Sí, el sistema de partidos no es malo en sí mismo y es más, no se ha encontrado algo mejor. Pero el problema es que las personas no participan en los partidos políticos. Participan en la elección, y participan de manera muy compleja porque mucho tiene que ver con dádivas, con liderazgos. Pero una participación es mucho más.

Claro que los partidos políticos son importantes, pero los partidos tienen 200 mil miembros activos y otros ni padrón tienen. La representación es mínima porque no participamos. El reto está en cómo participamos en los partidos políticos para que realmente sean participativos. El concepto de partido político es bien importante y es lo que corresponde, pero nosotros no estamos participando como sociedad en los partidos políticos.

El gran reto y la gran esperanza está en la formación de ciudadanos, y el gran bien que los partidos políticos podrían hacer a México es ser escuelas de ciudadanía, no de militantes o de corporativismo.

—¿Cómo conviven en un mismo ámbito la formación política y la formación de valores?

—La formación de las personas, de manera integral, te hace más cercano a ser un ciudadano activo. En el caso específico del pensamiento social cristiano, nos corresponde desde nuestra fe y nuestros valores cristianos ser buenos ciudadanos. Ahí está la relación. Es constitutivo de nuestra fe la participación social, la transformación de las realidades injustas. No está disociado porque uno de los grandes problemas justamente es esta fe separada de la vida cotidiana. Yo soy católico porque voy a misa el domingo. No, tú eres católico siempre y el catolicismo y la vivencia del cristianismo tiene que ver con la transformación de las realidades injustas, la participación social, las construcción del bien común, con la dignidad de la persona. No es solamente la parte sacramental o de la práctica religiosa como lo conocemos, sino también es la parte social de transformación. Desafortunadamente en nuestro país, como decía don Lorenzo Servitje, fundador de Imdosoc, muchas veces lo cristiano es sólo un barniz, pero si nos metemos a profundidad en la vivencia del cristianismo, este tiene mucho que ver con ser buen ciudadano. Simplemente la dignidad de la persona, construcción del bien común, participación social. Ya con eso tienes mucha batería para lo que significa la expresión social de la fe.

—Sin embargo, ¿puede haber ciudadanos que practiquen estos valores, aunque no encuentran puentes o puertas a la participación social más activa?

—Sí, sin duda son pocos los canales de participación. Independientemente de que seas católico, cristiano, agnóstico, ateo, son pocos los canales de participación, y yo creo que ese es uno de los grandes retos de la sociedad mexicana: abrir los canales de participación. No hay participación ciudadana, es mínima. El gran reto es abrir canales de participación ciudadana y hacerlo de manera efectiva, real.

Ahora está la tentación de esto de consultar, pues entonces hay que hacer consultas, pero hacerlas bien. No solamente recoger una opinión. El canal de participación es cómo me involucro yo en la solución de los problemas de mi cuadra, luego de mi manzana, de mi colonia, de mi ciudad, y mi país. Es toda una gama de rubros. Y es en dos vías. Hay pocos canales de participación y no estamos formados para la participación. Nos falta formación como ciudadanos y, en ese sentido, sabernos sujetos de derecho.

—Me decía cuánto le preocupaba la desconfianza. Hay una desconfianza muy profunda en las instituciones y las autoridades. ¿Cómo romper la desconfianza desde los valores que promueve el pensamiento social cristiano?

Hay que entender que la sociedad se estructura a través de instituciones. Esas estructuras, esas instituciones, cuando tienen muy claro cuál es el bien que administran, entonces son estructuras que están generando bien o generando bienes. Pero cuando las estructuras no entienden cuál es el bien que administran, empiezan a administrar un mal. El pensamiento social cristiano propones cómo hacer que las instituciones administren un bien y cómo se puede lograr. Cuando se habla de problemas estructurales en el pensamiento social cristiano, se habla de pecado estructural, que es un concepto muy complicado que se refiere a cómo hay estructuras que generan mal.

Un ejemplo muy dramático tal vez es el crimen organizado: es una estructura que genera mal y quien entra a esa estructura, pues entra al sistema de generación de un mal de todo tipo, desde corrupción hasta la muerte. En cambio, hay estructuras que idealmente generan bien. Una institución, por ejemplo, una organización de la sociedad civil que se dedica a atender a los jóvenes en situación de calle, pues es una institución que está generando un bien, se alimenta de ese bien y sigue generándolo, y la persona que entre ahí, entrará a generar un bien. La idea es generar instituciones que administren un bien y que lo tengan muy claro para contrarrestar estas instituciones que van generando mal.

Pero va más allá del pensamiento social cristiano. Tiene que ver con la solución efectiva de los problemas y de las injusticias. Tiene que ver con eso, independientemente de lo cristiano o no cristiano. Tiene que ver cómo solucionamos las injusticias desde la desigualdad que es uno de los países más desiguales del mundo que genera pobreza. una pobreza inaceptable, una pobreza que debería avergonzarnos a todos y una violencia desbordada.

A nosotros como ciudadanos nos toca organizarnos para enfrentar esos graves problemas. Pero como no nos sentimos comunidad, no nos sentimos parte de nada, pues no participamos y esperamos a que alguien venga y lo resuelva. Si no lo resolvemos nosotros de manera organizada nadie lo va a resolver, esa es la realidad. Una comunidad que se cuida es fortísima, por eso a veces no hay un impulso por parte del sistema político de esa comunidad.

—¿Hay resultados del Índice de Desarrollo Democrática que le preocupan particularmente, y alguno que le despierte esperanza?

Sí, en cuanto a libertades civiles, derechos políticos, hay mucho camino que recorrer. A nosotros en particular nos preocupa esta parte de la democracia de los ciudadanos, sin dejar por supuesto de pensar que son interesantes e importantes las otras dimensiones que mide el índice, y esperanzador es el índice en sí mismo. Es decir, que se hable del tema, que se conozca del tema, que nos involucremos, es un gran avance.

Instituciones y sociedad Compromisos

El director del Imdosoc expuso propuestas para generar confianza en la sociedad:

Instituciones

Navarrete Chimes señaló que la sociedad se estructura a través de las instituciones, las cuales deben tener claro cuál es el bien que administran, o de lo contrario “empiezan a administrar un mal”.

Organización

Consideró que es responsabilidad de los ciudadanos organizarse para afrontar situaciones adversas, pero el problema radica en que “no nos sentimos comunidad”.

Realidad

“Si no lo resolvemos nosotros de manera organizada, nadie lo va a resolver, esa es la realidad”, dijo. “Hay mucho camino por recorrer en cuanto a las libertades civiles y los derechos políticos”.

Presentación

La edición 2018 del Índice de Desarrollo Democrático será presentado el lunes 11 en Mérida.

Termina dentro de la maleza y con las cuatro llantas arriba

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