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Despierta temores el proyecto del Tren Maya por falta de “estudios serios”

Ceremonia indígena en la zona arqueológica de Chichén Itzá, en diciembre pasado, en la que se pidió permiso a la Madre Tierra para la construcción del Tren Maya (Foto de Juan Antonio Osorio)
Ceremonia indígena en la zona arqueológica de Chichén Itzá, en diciembre pasado, en la que se pidió permiso a la Madre Tierra para la construcción del Tren Maya (Foto de Juan Antonio Osorio)

CIUDAD DE MÉXICO (AP).— Mapas, diseños por ordenador y tablas cubren las paredes de una sala de conferencias del gobierno. Los documentos detallan los planes para trazar una línea de ferrocarril que sería el mayor proyecto de infraestructura de México en un siglo.

El presidente Andrés Manuel López Obrador puso en la vía rápida el proyecto multimillonario del Tren Maya.

El mandatario afirma que impulsará a las comunidades pobres del desatendido sureste de México al llevar más turistas a la zona, junto con los hoteles, restaurantes y otros negocios necesarios para atenderles.

Posible problema ambiental

Sin embargo, entre los documentos de esa pared en la agencia de desarrollo turístico de México (Fonatur) hay un esquema que muestra que el Tren Maya se proyectó con un ritmo que, según analistas externos, pondría en peligro su éxito, el medio ambiente y a la gente a la que el Presidente quiere ayudar.

El cuadro en las oficinas de Fonatur detalla los tiempos de planificación, contratación y construcción de 45 proyectos ferroviarios recientes en Canadá, Australia, Gran Bretaña y Francia.

Esos proyectos, que no alcanzan la longitud del Tren Maya, tardaron entre siete y diez años en completarse.

Panorama complicado

Aquí está la complicación: López Obrador está limitado a un único mandato de seis años y quiere que el tren esté en marcha para cuando deje el cargo, el 1 de diciembre de 2024.

La tabla indica que los casi mil 525 kilómetros (950 millas) del Tren Maya estarán terminados en 4.8 años, y casi todo el ahorro de tiempo procede de las fases de planificación y contratación.

“Sí, hemos obviado algunos pasos, pero estamos obligados por las circunstancias de los términos políticos”, dijo Rogelio Jiménez, director de Fonatur.

Con “partes sacrificables”

Dicho funcionario señaló que los planificadores del gobierno también trabajan con expertos internacionales y las Naciones Unidas.

“Es un sexenio que si no logra que el proyecto tenga un año de operación mínimo podemos estar en riesgo fundamental. La parte sacrificable es la parte inicial”.

El propio López Obrador demostró ese riesgo con una de sus primeras medidas como presidente: cancelar un nuevo aeropuerto a medio construir en Ciudad de México, valorado en 13 mil millones de dólares y que había iniciado su predecesor.

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El Tren Maya rodearía la península del Yucatán y tendría una conexión hacia el Sur, llegando cerca de la frontera con Guatemala.

Serviría a turistas y trabajadores de Cancún y a los lujosos complejos turísticos de la Riviera Maya, además de transportar mercancías.

López Obrador dice que el proyecto haría realidad su sueño de ayudar a la gente del Sureste y mostraría una nueva clase de desarrollo inclusivo y de respeto por el medio ambiente.

Descartan una deforestación

“No se va a tirar un solo árbol”, dijo el mandatario.

Esta afirmación desafía la credulidad para un proyecto que pretende atravesar tramos de selva, aunque sea mediante derechos de paso existentes.

Una pregunta que se plantean muchos desde el principio es si la planificación y ejecución de un megaproyecto en verdad puede hacerse tan rápido.

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¿Y qué hay de su coste previsto, entre 6 mil 300 millones y 7 mil 900 millones de dólares (de 120 mil millones a 150 mil millones de pesos)?

El costo, cuatro veces mayor

El Instituto Mexicano para la Competitividad, un grupo de estudios sobre política pública, publicó un estudio el mes pasado.

En éste calcula que el coste sería cuatro veces superior a la cifra publicada, unos 25 mil 300 millones de dólares (480 mil millones de pesos).

El reporte también instaba a no apresurar el proyecto sin una planificación cuidadosa.

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“No hay estudios serios de análisis costo-beneficio, un estudio serio de demanda ni un estudio serio de oferta que realmente tendrá una proyección de este tren”, escribió Ana Thaís Martínez, autora del informe.

La investigadora señaló otro proyecto ferroviario reciente en el país, una línea de pasajeros de 58 kilómetros (36 millas) entre Ciudad de México y Toluca.

Esa obra ya superó casi en un 90% su presupuesto inicial de 2 mil millones de dólares y sigue sin terminar tras más de seis años de construcción. Debía estar listo en 2017.

Habrá “caros contratos”

Jiménez Pons, responsable del Tren Maya, señaló que el gobierno pagará solo el 10% del proyecto.

El resto del sector privado asumirá el resto con lo que básicamente serán caros contratos para operar el servicio de tren.

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El desarrollo inmobiliario en torno a cada una de las 15 estaciones propuestas lo supervisaría Fonatur.

Aunque al recurrir a fondos de inversión de bienes raíces, la tierra seguiría en manos de sus propietarios, lo que en la práctica los convertiría en socios.

Se espera que el servicio de mercancías del tren sea su principal fuente de ingresos, mientras que los pasajes para viajeros estarían subvencionados, indicó Jiménez Pons.

Ven extremo optimismo

El reporte de Martínez señaló que es complicado gestionar trenes de pasajeros y mercancías en la misma línea.

Por ello, consideró que las expectativas del gobierno sobre los ingresos que obtendría por transporte de mercancías son exageradamente optimistas.

También hay preocupaciones sobre el impacto medioambiental del proyecto. Se colocarían nuevas vías en la Reserva de la Biosfera de Calakmul.

Esta es una zona de gran diversidad biológica reconocida por la Unesco, acoge la selva tropical más grande de México e importantes restos arqueológicos prehispánicos.

Además, ríos y cavernas subterráneas recorren el subsuelo de la región.

Problemas para la vida silvestre

Una presentación de Fonatur basada en un estudio medioambiental preliminar en Campeche, a la que tuvo acceso The Associated Press, señalaba posibles “impactos críticos” en la vida silvestre durante la construcción de la vía, las estaciones e infraestructuras turísticas asociadas.

Algunos efectos podrían mitigarse, señaló el documento, aunque requerirían un estudio cuidadoso.

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Por ahora, la gente en las zonas que se afectarían dice que ha recibido poca información sobre el proyecto y su impacto, mientras la especulación por los terrenos crece a su alrededor.

Jiménez Pons promete que se completarán todos los estudios medioambientales y consultas públicas con comunidades indígenas pertinentes.

“No es un capricho” del Presidente

El directivo conoce a López Obrador desde hace décadas y afirma que el Presidente lleva muchos años pensando en este tren como un sistema para beneficiar al sureste del país.

“Esto no es un capricho, una imposición o porque de acá, del sureste sea el Presidente de México”, dijo el mandatario en diciembre durante una ceremonia indígena en Palenque en la que pidió la bendición de la Madre Tierra para el proyecto.

“Es, sobre todo, un acto de justicia porque ha sido la región del país más abandonada y ya le llegó ahora la hora al sureste, su tiempo”.

Dudas sobre la construcción

Einar Jesús Medina Borges lleva turistas en un carruaje de caballos por Mérida, una pintoresca ciudad colonial, desde que era un adolescente.

El tren le suena bien a Medina, quien lidera el sindicato local de cocheros, porque llevaría más turistas a su ciudad de interior. Aunque tiene algunas preocupaciones.

“Lo que nosotros también tenemos en cuenta es, ¿qué impacto ecológico tendrá esta obra?”, señaló.

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“Las personas encargadas de todo esto deben checar que produzca el daño ecológico, el impacto ecológico menor posible”.

Otro temor se debe no tanto al tren, sino a la infraestructura turística que se desarrollaría en torno a las estaciones propuestas, especialmente la que llevaría a la reserva de Calakmul.

Si las previsiones del gobierno se cumplen, llevar 3 millones de visitantes anuales a una zona que ahora solo tiene 30 mil residentes sería un cambio monumental.

Colaboración con especialistas

“El proyecto sí tiene implicaciones ecológicas importantes y tiene que cambiar el diseño y la magnitud para que no ocurra nada grave”, dijo el ecólogo Jorge Benítez.

Él ha estudiado la reserva durante años y publicó un estudio sobre el posible impacto del tren.

Se ha sumado a un organismo asesor técnico del proyecto y señala que por ahora, las autoridades han sido receptivas a sus preocupaciones y atendido peticiones de que se incluyan corredores para fauna salvaje sobre las vías.

Complicado, pero factible

Jiménez Pons señaló que se están iniciando los estudios de impacto ambiental en algunas zonas, incluido Calakmul, donde ahora no hay vías y que supone en torno a la mitad de la ruta propuesta. Pero el tiempo apremia.

“Sí, estamos trabajando en marchas forzadas, pero sí es factible”, afirmó.

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