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Drama nunca visto

Peritos forenses participaron ayer en el levantamiento de los restos corporales de las numerosas víctimas de la explosión de un ducto de gasolina en Hidalgo

Más muertos y cuerpos de los que no quedó nada por la explosión

Todavía no se saben las causas ni hay detenidos

 

Entre un creciente número de muertos, cientos de familias de la comunidad de Tlahuelilpan, Hidalgo, viven un drama de dimensiones nunca vistas, en un tétrico peregrinar por hospitales y el sitio donde anteayer explotó un ducto de gasolina de Pemex, de donde surgió una bola de fuego que prácticamente devoró a decenas de personas consumiendo en su totalidad los cuerpos.

Las tareas de identificación son en algunos casos imposibles porque hay casos en los que no quedó nada de los cuerpos de las personas que antes de la explosión habían acudido a recolectar la gasolina salida del ducto, que fue perforado de modo ilegal. En otros casos solo quedaron pequeños trozos de piel humana esparcidos en la zona del ducto.

Las autoridades dijeron ayer que la cifra de muertos había ascendido a 76 y la de heridos, a 74. La cifra fatal creció por el fallecimiento de varios de los lesionados con quemaduras graves que fueron ingresados en hospitales.

Hasta el cierre de esta edición, no había ningún detenido por la tragedia sin precedente en el robo de combustible en México ni se habían dado a conocer las causas de la explosión. El recién designado fiscal general de la República, Alejandro Gertz Manero, afirmó ayer que una primera hipótesis —que se tiene que verificar científicamente— es que la explosión pudo generarse por la combinación de dos factores: el alto octanaje de la gasolina que pasaba por el ducto y la estática causada por el roce de la ropa sintética que vestían varias de las personas que se agolparon para recolectar el combustible al enterarse de la fuga.

El funcionario también señaló que la tragedia tuvo un origen intencional, porque quienes perforaron el ducto lo hicieron de manera intencional.

En el lugar de la tragedia ayer se conocieron historias dramáticas de las víctimas, muchas de ellas circunstanciales porque no se trataba de “huachicoleros” sino de personas que trataban de quedarse con una cubeta de gasolina, en una comunidad marginada donde en los últimos años han aumentado las perforaciones del ducto.

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