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Familias buscan noticias de sus seres queridos

en Tlahuelilpan

TLAHUELILPAN (EFE).— Los familiares de víctimas de la explosión a una toma clandestina de gasolina, que suma ya 73 muertos, siguen agolpadas en la zona cero, desesperadas y a la espera de identificar a sus allegados.

Cada vez causan menos alboroto, se están acostumbrando al silencio y a la información dosificada y esquiva mientras conviven con la angustia en un ambiente hostil.

En el lugar del suceso, un tenue olor a gasolina se filtra en las memorias en un predio arrasado por el fuego, con zapatos quemados, camisas manchadas de sangre o incluso piel humana sobre la tierra. En medio de este desolador escenario, las autoridades tratan de sacar los cuerpos que quedan.

Mientras esperan, los familiares tiene dos opciones: mirar inertes cómo el personal del Ejército y la Policía Federal excava en una gigantesca zanja o ir de hospital en hospital a ver si, por suerte, uno de sus seres queridos está vivo.

“Nos dicen en un hospital, vamos a ese, nos dicen en otro y vamos a ese y tampoco. Nos traen de hospital en hospital y no fluye la información correctamente”, cuenta Silvia Trejo, quien busca a su sobrino.

Para trasladarse de un centro a otro, según cuentan familiares, las autoridades no ofrecen transporte, por lo que deben movilizarse por sus propios medios.

Suele ser algún vecino del municipio de Tlahuelilpan u otro familiar el que se ofrece a llevarlos, ya que “hay familias que no tienen medio de transporte”.

A los que ya han ido al hospital lo único que les queda es esperar, aunque “la información no fluye correctamente”, afirmó.

Por su parte, Efrén Hidalgo, quien estaba buscando el cuerpo de uno de sus hijos, relató que fue llevado por un amigo al Ministerio Público de Mixquiahuala para rellenar los formularios correspondientes y a que le tomasen “pruebas de ADN para identificar al cadáver”.

Mientras esperan, personas del municipio ofrecen comida y agua para hacer un poco más liviana la espera.

También personal de la Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH) se encuentra en el lugar tomando datos a los allí presentes con el fin de, si encuentran a alguno de sus familiares en un hospital, notificárselo.

“Yo tengo la esperanza de que esté vivo en algún hospital”, comentó Silvia, quien reconoció sentirse “desesperada por no tener noticias”.

La mujer recuerda la imagen de su sobrino corriendo por combustible luego de que éste se saliese de uno de los ductos de Pemex, minutos antes de la explosión.

También rememora el momento en el que llegaron las llamas y la gente rompió a correr casi desnuda por la hierba con el cuerpo ardiendo.

Esta es la peor imagen que recuerda la mujer, junto a la de los cuerpos incinerados y el olor a carne quemada.

“Me ha entristecido cómo la gente corría sin ropa con el cuerpo quemado, era impresionante ver eso”, reconoce afectada.

Tanto Silvia como el joven Alfredo Guillermo Sierra negaron que sus familiares se dedicaran al “huachicoleo”, argumentando que se encontraban en el lugar obteniendo gasolina debido a la necesidad que ocasiona la escasez que ha vivido el estado en los últimos días con las estaciones cerradas.

Aun así, reconocen que desagradable ver cómo la gente asocia a sus seres queridos con esas actividades, un pensamiento que se adhiere al ya de por sí ambiente hostil y de desesperación con el que los familiares van a tener que convivir al menos unas horas más.

“Irregularidades”

Por otro lado, Silvia Trejo denunció irregularidades de las autoridades a la hora de identificar los cadáveres y en la protección de las personas que sustraían gasolina.

“Ellos (el Ejército) debieron haber detenido a la muchedumbre cuando empezó a llegar, era su trabajo”, consideró la mujer.

La inacción de los militares (para que la gente dejara de recolectar combustible antes de la explosión) la hace sentir perpleja, indicando desconocer por qué no intervinieron e insistiendo en que podrían haber evitado una catástrofe.

Guadalupe López, quien también espera encontrar a su familiar, afirmó que el Ejército hizo caso omiso a la situación.

“Únicamente había tres carros del Ejercito y no hacían nada, dejaban que la gente entrara, no hubo un plan de contingencia”, dijo.

Además de esta crítica, varios familiares aseguraron que, una vez detenidas las llamas, llegaron un grupo de excavadoras para tapar los cuerpos con tierra. Sin embargo la acción fue impedida por los habitantes.

“La fuga estaba ahí, llegaron las máquinas para tapar la zanja, la gente se opuso porque creímos que todavía había cuerpos ahí”, relató Guadalupe López.

Por su parte, Alfredo Guillermo Sierra también remarcó que llegaron excavadoras a esparcir toneladas de tierra. “Había personas todavía ahí y las taparon”, aseguró.

Esta situación volvió a repetirse la mañana de este sábado cuando las autoridades trataron de volver a esparcir tierra en el lugar de los hechos. Esta vez sí, los familiares lograron detenerlos, según relataron.

 

Justificación Roban por necesidad

Pese a la tragedia, pobladores de Tlahuelilpan afirman que la necesidad los llevó a sustraer el combustible de forma ilegal.

Olvidados

“En este caso hubo una fuga, la gente se acercó por necesidad porque nosotros somos de los municipios más olvidados del estado y del país”, afirmó Jesús César, habitante de Tlahuelilpan.

Campo

Según “Excélsior”, el campo es una actividad que realiza la mayor parte de la población, por lo que los mismos habitantes descartaron que en el incidente estuvieran involucrados “huachicoleros”.

“Ahorro”

“Muchas veces no medimos los riesgos, medimos más la necesidad y el hambre, si la gente lo hace es por ahorrarse 20 pesos, pagar por litro de gasolina”, justificó.

Carencias

Jesús César afirmó que en el municipio existen carencias.

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