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Así fue la matanza de Tlatelolco el 2 de octubre de 1968

Foto del archivo de El Universal

Diez días antes de la inauguración de los Juegos Olímpicos México-68, el gobierno tenía frente a sí a 200 mil estudiantes en huelga que exigían un diálogo público para la solución de seis demandas, entre ellas la destitución de jefes policíacos represores y libertad para los presos políticos, a los que se sumaban jóvenes y maestros encarcelados en el transcurso de los 100 días que habían corrido desde que el Movimiento Estudiantil de 1968 había comenzado.

A estas alturas, los estudiantes no habían obtenido respuesta a ninguna de sus demandas y, en cambio, habían sumado una más: que el Ejército desalojara la Ciudad Universitaria de la UNAM y las escuelas del Politécnico ubicadas en el Casco de Santo Tomás y la Unidad Profesional Zacatenco.

Los militares entregaron CU el 30 de septiembre, pero se mantuvieron en las instalaciones del Politécnico.

A pesar de los recursos de fuerza utilizados en su contra, la ecuación “a más represión, más movilización” seguía operando en favor de los estudiantes, que no detuvieron la organización de mítines en lugar públicos, aunque ahora con mucha menos asistencia por el temor de las detenciones arbitrarias y los ataques contra las brigadas.

Un hombre escribe un cartel en la Plaza de la Constitución en Ciudad de México, durante la conmemoración de los 50 años de la matanza de Tlatelolco en 1968. — (EFE)

El Consejo Nacional de Huelga, máximo órgano de representación del movimiento, sesionaba prácticamente a escondidas. Sabían que había órdenes de aprehensión en contra de todos sus representantes, algunos de ellos ya encarcelados y sometidos a tortura. Era el caso de Luis Tomás Cervantes Cabeza de Vaca, representante estudiantil de Chapingo, a quien habían detenido días después de la toma de CU.

Aunque debilitado en su organización y dividido interiormente, el CNH se reunía y publicaba desplegados en la prensa: estaba vivo. Débil pero vivo, lo que evidenciaba el fracaso de la estrategia gubernamental en su contra y obligaba a una engañosa disposición al diálogo.

El gobierno extiende la mano

El gobierno escondió el tolete y extendió la mano. Una noche antes, a través de las autoridades universitarias, invitó al CNH a reunirse con dos representantes oficiales, en la casa del rector Javier Barros Sierra. Ellos fueron: Andrés Caso y Jorge de la Vega Domínguez. La cita quedó prevista para el día siguiente y a ella acudieron, como representantes estudiantiles, Gilberto Guevara Niebla, Luis González de Alba y Anselmo Muñoz. No hubo acuerdo.

Para este momento, el presidente Gustavo Díaz Ordaz ya había dejado en manos de Luis Echeverría Alvarez, secretario de Gobernación, la responsabilidad de resolver el conflicto estudiantil. Éste, a su vez, instruyó a la Dirección Federal de Seguridad, de Fernando Gutiérrez Barrios, el diseño de la operación para detener a los líderes estudiantiles.

Fotografía cedida por el Comité 68, muestra la detención de estudiantes durante el conflicto de Tlatelolco en Ciudad de México.– (EFE)

La ocasión se dio el 2 de octubre, luego de que el CNH anunció su mitin en Tlatelolco. Y esto fue lo que ocurrió:

7:00 am. El secretario de la Defensa, Marcelino García Barragán, se reúne con su Estado Mayor y con el director de la Federal de Seguridad Fernando Gutiérrez Barrios para “planear la forma de terminar con el movimiento”, según sus propias palabras. Solicitaron al jefe del Estado Mayor Presidencial, Luis Gutiérrez Oropeza, tres departamentos vacíos del edificio Chihuahua –uno en el tercer piso y dos en el cuarto–, para ubicar allí a elementos del Batallón Olimpia que encabeza Ernesto Gutiérrez Gómez Tagle, quienes asistirían al mitin vestidos de civiles y con un guante blanco en la mano izquierda.

10:00 am. Un equipo de cinematografìa, encabezado por el cineasta Servando González y cinco agentes, se ubica en el edificio de la Secretaría de Relaciones Exteriores.

14:00. Se inicia el desplazamiento de las tropas y la puesta en marcha de la operación Galeana. Participan elementos del Ejército, el Estado Mayor Presidencial, la Dirección Federal de Seguridad y las policías judiciales. Hay elementos apostados en los edificios Chihuahua, ISSSTE, 2 de abril, Molino del Rey (en el penthouse propiedad de Rebeca Zuno de Lima, cuñada de Echeverría), 20 de Noviembre, 5 de Febrero, Aguascalientes y Revolución 1910. (García Barragán afirmó, años después, que el general Luis Gutiérrez Oropeza, jefe del Estado Mayor Presidencial, mandó apostar en los diferentes edificios que daban a la Plaza de las Tres Culturas, a diez oficiales armados con metralletas, con órdenes de disparar sobre la multitud y que fueron los actores de algunas bajas entre gente del pueblo y soldados del ejército).   Agrupamientos militares se ubican en el Monumento a la Raza, en el cruce de Manuel González e Insurgentes, en la estación Buenavista, Santa María la Redonda y San Juan de Letrán. Todos se desplazarán hacia la Plaza de las Tres Culturas. Se calcula que participan en la operación militar unos cinco mil soldados de tres agrupamiento al mando del general Crisóforo Mazón Pineda y el Batallón Olimpia bajo las órdenes de Ernesto Gutiérrez Gómez Tagle.

17:30. Se inicia el mitin convocado por el CNH, en el que se informa sobre el encuentro de la mañana con los representantes gubernamentales. Se calculan entre cinco y seis mil asistentes. En el acto se encuentran estudiantes, electricistas, comerciantes, ferrocarrileros y periodistas nacionales y extranjeros, que están en México para la cobertura de las Olimpiadas. Corre el rumor de que hay agentes policiacos vestidos de civiles.

Abren fuego

18:10. El mitin está por concluir y se informa a la multitud la cancelación de la marcha hacia el Casco de Santo Tomás, como medida de seguridad, pues se ha observado la concentración de tropas a lo largo de la ruta. Se solicita a los asistentes que se retiren a sus casas en cuanto concluya el acto. En ese momento, un helicóptero sobrevuela la plaza y luces de bengala verdes y rojas aparecen en el cielo. De inmediato avanza el ejército a paso desde su posiciones. Los carros militares se estacionan alrededor de la plaza y de ellos descienden los soldados con ametralladoras y entran a la plaza. En los tejados de los edificios, hay también soldados con ametralladoras y pistolas automáticas.

Los francotiradores ubicados en los edificios que rodean la plaza comienzan a disparar sobre la multitud. Las ráfagas de las ametralladoras y fusiles de alto poder zumban en todas direcciones. La gente corre de un lado a otro.

Por el andador de la Vocacional 7 llegan soldados que se colocan pecho a tierra apuntando sus fusiles hacia arriba, en dirección al edificio Chihuahua. Desde las tanquetas instaladas sobre la prolongación San Juan de Letrán también disparan. Por el poniente, a un costado de la SRE, avanzan tanques ligeros que se colocan frente de las puertas del Chihuahua.

En la terraza del tercer piso de ese edificio, se encuentran los oradores y varios miembros del CNH. Desde esa terraza, señala Félix Fuentes, reportero de La Prensa, abrieron fuego agentes de la Dirección Federal de Seguridad y de la Policía Judicial.

El ejército avanza sobre la plaza y el Batallón Olimpia, junto con la policía política, toma el tercer piso del Chihuahua. Ambas partes del ejército actúan exactamente al mismo tiempo.

En la publicación póstuma del testimonio de García Barragán, éste apuntó “a los primeros disparos el Batallón Olimpia se replegó en las entradas del Edificio Chihuahua y aprehendió como 400 individuos, entre los que se encontraron todos los cabecillas del movimiento, descabezándolo con este hecho, que fue el éxito completo de mi plan.”

En la plaza sigue la balacera. Mujeres, niños, jóvenes y adultos corren despavoridos; algunos se tiran al suelo; otros buscan protección en las escalinatas o entre los vestigios prehispánicos; otros más se esconden debajo y detrás de los automóviles estacionados, o intentan refugiarse en los departamentos de Tlatelolco. Mucha gente logra huir por el costado oriente de la plaza, otras personas se topan con las columnas de soldados. Las menos afortunadas están tendidas en el suelo, muertas o heridas.

El fuego intenso dura aproximadamente 30 minutos. Luego, los disparos disminuyen, pero se mantiene el tiroteo hasta las 20:30 horas. Hasta ese momento, se impidió que las ambulancias de las cruces Roja y Verde llegaran a la Plaza de las Tres Culturas.

21:00. Varios edificios están ocupados por la tropa y son cateados. Los elementos del Batallón Olimpia se identifican: ¡Batallón Olimpia, no disparen! Cientos de personas con las manos en alto son conducidas hasta el muro sur de la iglesia Santiago Tlatelolco. Todas están detenidas, a excepción de los fotógrafos y periodistas que pueden identificarse. Ninguna persona puede abandonar o entrar a la zona, salvo rigurosa identificación. Unos trescientos tanques, unidades de asalto, jeeps y transportes militares tienen rodeada la zona, de Insurgentes a Reforma, hasta Nonoalco y Manuel González.

Algunos dirigentes del CNH son capturados en el edificio Chihuahua. Otros son detenidos en la plaza. Posteriormente, cientos de ellos son trasladadas al Campo Militar Número Uno. Se calcula que hay más de dos mil detenidos.

Por orden del general Raúl Mendiolea Cerecero, los hospitales de la Cruz Roja y de la Cruz Verde, así como la información sobre heridos y muertos, queda bajo el control policiaco. La vigilancia se extiende a todos los hospitales a los que son conducidos los heridos y muertos. Se informa que a la Cruz Roja han llegado cuatro personas muertas y ha sido atendidos 50 heridos de bala, entre ellos 15 niños; en la tercera delegación se encuentran 18 cadáveres, 15 hombres y tres mujeres; en el Rubén Leñero, un muerto y 27 heridos; en la Villa, un muerto, y en el 20 de Noviembre no se especifica el número de heridos y muertos.

El general Mazón emitió un reporte del personal militar muerto y herido en esta operación: un muerto y 16 heridos, entre ellos el general José Hernández Toledo, a quien le disparan por la espalda.

00:00 La zona está bajo control militar y, ante la insistencia de los periodistas extranjeros, el jefe de prensa de la Presidencia de la República, Fernando M. Garza, declara que la intervención de la autoridad en la Plaza de las Tres Culturas “acabó con el foco de agitación que ha provocado el problema”.

(Con información de Consuelo Sánchez –Cronología del Movimiento Estudiantil Universitario–  y Eduardo Valle “El Búho” –El año de la rebelión por la democracia–).

El doctor Alejandro Guerrero Flores, integrante del Movimiento Estudiantil de 1968 y superviviente de la matanza de Tlatelolco, brinda su testimonio sobre los hechos:

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