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“Son unas guerreras”

Una niña hondureña saca a secar al sol una colchoneta mojada

Peripecias de una mamá migrante e hijas pequeñas

TIJUANA (Xinhua).—A María Isabel Reyes, una migrante hondureña, las voces de ánimo de sus hijas la empujaron a seguir la difícil travesía hacia la frontera de México con Estados Unidos.

“Son unas guerreras: ‘sigamos, mami’, decían, ‘vámonos’. Son valientes, ‘vámonos, mamá, no te canses’”, recordó la mujer de 40 años, quien era obrera de maquila textil en Honduras.

Como muchos otros integrantes de la masiva caravana de centroamericanos que recorrió México, María Isabel dejó su país por la violencia porque dijo que pandilleros le mataron a seis hermanos. Ella se unió a la caravana desde que salió el 13 de octubre de San Pedro Sula, su ciudad natal, llevando a sus hijas Amy, de 3 años; Génesis, de 5, y Yaritza, de 20, más la hija de ésta, Abis, de 3, entusiasmada por la idea de llegar a Estados Unidos.

Hoy, la madre, hijas y nieta se refugian en El Barretal, un centro de espectáculos en la periferia este de Tijuana que el gobierno mexicano habilitó como albergue.

Sus dos hijas más pequeñas y su nieta pasan los días dibujando o aprendiendo los nombres de colores en el área para niños, aunque Génesis ya ansía regresar a un salón de clases porque quiere aprender mucho.

El recorrido desde su país implicó para ellas una travesía de 45 días en la que hubo jornadas que caminaron hasta ocho horas.

“Yo traía una en el hombro y la otra en la mano y ahí veníamos caminando”, relató María Isabel. Las niñas se enfermaron de gripa y tos e 6incluso Génesis se contagió de varicela, una infección viral que se caracteriza por una erupción en la piel con picazón, que le causó fiebre y manchas en el rostro.

María Isabel dijo que atestiguó con sus hijas accidentes de otros migrantes, como caídas de las cajas de camiones o atropellamientos.

“Es duro el camino, pasamos grandes oscuranas (oscuridad) que solo con la luz del celular veníamos alumbrando y ahí veníamos con los niños”, agregó.

Igual que las hijas de María Isabel, cientos de niños y adolescentes formaron parte de la multitudinaria caravana que se abultó en número mientras recorría México rumbo a la frontera, la mayoría de ellos viajando con sus padres y en menor medida solos.

Al menos unos 1,000 de los poco más de 6,000 migrantes que llegaron en grupos en noviembre pasado a Tijuana eran menores de edad, según los conteos de la alcaldía. Expertos que atienden a niños en El Barretal han notado que varios muestran una actitud a la defensiva o de violencia hacia otros pequeños. Algunos hablan poco con sus padres o explotan repentinamente.

El coordinador de la organización Psicólogos Sin Fronteras en Baja California, Luis Guillermo Gómez, señaló que ellos observan que los niños reflejan en su comportamiento las situaciones que atravesaron, como abandonar su hogar, las caminatas o la incertidumbre que encaran sus padres sobre el futuro.

“Son niños de 7, 8 ó 10 años que apenas están conociendo el mundo e imagínate ante su situación cambiante. Vienen caminando, con personas que no conocen”.

 

 

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