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Entre Calles: Conoce la historia de la hacienda Xoclán

Las poco más de 80 hectáreas que formaron el Campo Eucarístico donde el Papa Juan Pablo II concelebró una misa el miércoles 11 de agosto de 1993, están donde hace muchos años reverdecían los henequenales de la ex hacienda colonial Xoclán, llamada originalmente “San Juan Bautista de Xocolam”.

Hoy, de esta heredad, sólo quedan testimonios en la antigua casa principal, la capilla y algunas construcciones alineadas donde vivían los acasillados, y que todavía sirven de morada a vecinos de esa parte de la ciudad. Esas edificaciones conservan parte del color rojo que las caracterizó.

Junto con el cultivo del henequén, la raspa de las hojas de agave, la ganadería y otras actividades que se desarrollaban en Xoclán, también se ha perdido memoria de la historia de desarrollo de esa parte de Mérida, la cual es sepultada cada vez más conforme aumentan los asentamientos humanos modernos y se van perdiendo indicios de ese pasado.

Según un análisis del Diccionario Maya Cordemex, Xoclán quiere decir “pie hundido”. Y revisando la historia se topa uno con que la vida en esa zona de la ciudad está ligada al ilustre literato José Peón Contreras y en cierta forma a la familia de Francisco de Montejo El Mozo, fundador de esta capital.

Se sabe también que junto con Mulsay, otra de las haciendas cercanas a la capital, fue punto de partida de muchas colonias de las periferias de la ciudad, que tomaron el nombre de esas fincas. Así surgieron unidades habitacionales de Mulsay y Nueva Mulsay, por ejemplo.

Economía colonial

Según informó el historiador genealogista Sr. Juan Francisco peón Ancona, Xoclán pertenece al grupo de haciendas más antiguas de Yucatán, por ser las más cercanas a Mérida.

Esos núcleos fueron fundados supuestamente en un lapso que va desde finales de la conquista del Estado hasta principios de la colonización, a fines del siglo XVI e inicios del XVII.

Debido a la pobreza ancestral de esta tierra – de suelo pedregoso y sin riquezas minerales – y ante lo exiguo de las fuentes de ingresos de las encomiendas, los encomenderos fundaron pequeñas granjas alrededor de la ciudad, las cuales se extendieron posteriormente a toda la Península.

El entrevistado aclaró que esas granjerías no eran encomiendas, sino más bien estancias de ganado mayor, vacuno y caballar.

Las estancias eran fundadas por órdenes del rey y por lo general fueron establecidas en tierras pertenecientes a comunidades indígenas, y por tanto tenían el nombre maya original del lugar, como es el caso de Xoclán.

En ellas se experimentó con frutos y cultivos propios de la Península, y con otros traídos de fuera como el trigo y la vid, que por cierto no dieron buen resultado.

A mediados del siglo XVII ya había aproximadamente 300 estancias en la Capitanía de Yucatán, pertenecientes, por lo general, a gente importante de la milicia, o los gobiernos civil o eclesiástico del período colonial.

Al sobrevenir la industria del henequén, esas antiguas estancias se fueron transformando en lo que son hoy las haciendas henequeneras.

Como evidencia de la riqueza que trajo el auge henequenero, en esas antiguas construcciones se distinguen todavía sus viejos corredores de piedra con arcos de medio punto, amplias escalinatas, capillas, norias, llamativos arcos de entrada a corrales y acequias de piedra, para el riego de lo que fueron productivas huertas. La industria henequenera dejó el recuerdo de las chimeneas y los edificios y maquinarias de raspa.

Antiguos dueños de Xoclán

Acerca de los dueños de la hacienda Xoclán, el genealogista dijo que lamentablemente no se conoce la historia completa, pero en 1795 era propiedad del Sr. Josef Jacinto del Pino, funcionario del gobierno colonial.

Otros dueños a principios del siglo XIX fueron los señores José Buenfil, quien la vendió a don Juan Bautista peón y Cano, padre del ilustre dramaturgo José Peón Contreras y antiguo hacendado yucateco que también poseyó la hacienda Tanlum, con la cual Xoclán estaba comunicada mediante plataformas que corrían por rieles “Decauville”.

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