in , ,

Un LeBarón con vida entre los mayas

Una casa de madera y palma que se construyó en la localidad de San Antonio

Quintana Roo, el hogar de antigua familia mormona

Decenas de integrantes de la comunidad mormona de Chihuahua, recientemente asediada por el crimen organizado, y practicantes algunos de ellos de la poligamia viven en dos pequeñas localidades de Quintana Roo desde hace más de 20 años.

Una de esa comunidades es Chulavista, a cinco kilómetros de Pedro Antonio Santos sobre la carretera federal Cancún-Chetumal y a 10 kilómetros de Bacalar, como publicamos en una entrega anterior.

Allí viven alrededor de 20 familias, todas conocidas entre sí, originarias en su mayoría del norte del país, pero de ascendencia estadounidense y con el apellido LeBarón.

Hay cerca de 160 habitantes, entre niños, jóvenes y adultos, dedicados a la agricultura, la albañilería, la carpintería y el trabajo temporal en Estados Unidos.

Te puede interesar: Los LeBarón, con presencia en la Península de Yucatán

La otra comunidad se localiza en una pequeña población de 60 habitantes llamada San Antonio Nuevo, cerca de Felipe Carrillo Puerto, donde viven dos familias descendientes de los fundadores de la Iglesia del Primogénito de la Plenitud de los Tiempos.

Éste se fundó en Chihuahua en 1955 presidida por Joel LeBarón, hijo de Alma LeBarón, un estadounidense defensor de las enseñanzas originales de El Libro del Mormón, como el matrimonio plural.

Enorme familia

San Antonio Nuevo es una minúscula comunidad agrícola, hundida literalmente en la selva, poblada por descendientes de los mayas, muy pocos de los cuales hablan español. Sin embargo, viven juntos, codo a codo, con otros “campesinos” y sus familias, blancos, rubios y de ojos azules, que hablan inglés y también español.

Los pertenecientes a estas dos familias conviven con los campesinos mayas, trabajando y ayudándose mutuamente, según observó un equipo de Central 9, la Unidad de Investigación Periodística de Grupo Megamedia, que visitó el lugar en febrero de 2014.

Una de las familias de ese pequeño pueblo es la de Jaime LeBarón Hanson, oriundo de Chihuahua e hijo de Floren LeBarón, hermano del fundador de la iglesia del Primogénito y uno de sus primeros “12 apóstoles”.

Floren llegó a Quintana Roo en 1984 con sus esposas e hijos y se estableció en varios lugares apartados en la selva, entre ellos San Antonio Nuevo.

Antes Floren estuvo en Nicaragua, pero salió de allí a raíz de la guerra civil y se trasladó a Felipe Carrillo Puerto, con sus esposas e hijos, y se estableció en varios lugares apartados en la selva, como Xcon Ha y Punta Piedra. Años después, alrededor de 1994, Floren LeBarón se trasladó a San Antonio Nuevo, donde actualmente vive su hijo Jaime.

Padre de 14 hijos…

Según el arqueólogo mormón César Castillo Valdés, egresado de la Escuela Nacional de Antropología e Historia y entrevistado por Central 9, Floren creía en la idea —cada vez más común entre los seguidores del Libro del Mormón— de que los relatos de ese libro se escenificaron en algunas zonas de la Península.

En su visita hace cinco años a San Antonio Nuevo, los periodistas de Central 9 encontraron a Jaime, que además de español e inglés hablaba maya con fuerte acento. Él les dijo que estaba empeñado en seguir, a toda costa y hasta sus últimas consecuencias sin evangelizar a nadie, sus creencias y transmitirlas a sus descendientes.

También reconoció que era padre de 14 hijos, pero se abstuvo de hablar de sus esposas. “No me gusta publicar mi religión, no quisiera decir nada, si me lo permiten”.

En el sureste

Jaime LeBarón, entonces de 38 años, vivía en una pequeña casa de madera y palma, en un rincón de la selva, rodeado de zapotes, cedros, caobas y jabines, en compañía de una de sus esposas y algunos de sus hijos.

Su casa, aunque era una “palapita”, como él decía, tenía luz, refrigerador y otras comodidades de la vida moderna, además de una camioneta y una moto. La otra familia mormona vivía en una casa de concreto y block con aparatos de aire acondicionado empotrados en la pared.

“Mucha gente nos tira a locos y sí, estamos un poco locos por estar aquí”, comentó Jaime a los periodistas, “pero a nosotros nos gusta mucho la tranquilidad y también enseñarle a los niños el trabajo del campo, darles otra alternativa. Eso es lo que se está perdiendo entre mi gente. En Estados Unidos es raro el muchacho que haya tocado un animal, si no es en el zoológico, de allí no pasan”.

Lamentó el decrecimiento de los miembros de su comunidad porque cuando los niños crecen, afirmó, “se quieren ir al norte de México o a Estados Unidos y ganar dinero, pero yo sigo terco en enseñarles qué se puede hacer aquí, en la selva”.— HERNÁN CASARES CÁMARA

PRI desconoce presidencia de Piedra Ibarra en la CNDH: Ramírez Marín

Salineros y henequeneros se ubican a un éxito de los banderines