CIUDAD DEL VATICANO.— La periodista italiana Stefania Falasca rechazó el antiguo rumor de que el papa Juan Pablo I habría sido envenenado y precisó que los documentos médicos evidencian que murió por causa natural.

“Las circunstancias y las causas de la muerte de Juan Pablo I están claras. La literatura negra (novela policiaca) es lucrativa, pero no tiene interés para la historia. Desde el punto de vista histórico, lo único que importa son las fuentes y las pruebas documentales”, indicó la experta, quien es vicepostuladora de la causa de beatificación Juan Pablo I, quien es llevado a los altares esta mañana en una ceremonia en la Plaza de San Pedro presidida por el papa Francisco.

Entrevistada por ACI Prensa, Stefania Falasca recalcó que “la historia se hace con fuentes, con papeles, y éstos fueron adquiridos y examinados durante el proceso canónico que también abordó el epílogo de la vida de Juan Pablo I con un riguroso método histórico-crítico”.

En esta línea, la periodista recordó que es autora del libro en italiano “El Papa Luciani. Crónica de una muerte” que se trata de “un texto fundamental de 2017, también traducido al inglés y reimpreso por la Fundación Vaticana Juan Pablo I que restablece la verdad histórica” porque fue realizado durante la causa de Juan Pablo I “investigando y procesando papeles coetáneos a la muerte, documentación clínicos y documentos judiciales”.

“Al final del examen, los informes y la documentación elaborados por el doctor Renato Buzzonetti y el arqueólogo papal profesor Fontana, en funciones en aquel momento, hasta ahora ocultos y cubiertos por el secreto profesional, a los que hay que añadir las consideraciones de los renombrados profesores del Instituto de Medicina Legal de la Universidad La Sapienza de Roma que trabajaron en la conservación del cadáver, demuestran que Luciani sufrió una ‘muerte repentina’ en la tarde del 28 de septiembre”, indicó la experta.

“En medicina forense, la expresión ‘muerte repentina’ o ‘inesperada’ siempre significa ‘muerte natural’”, resaltó.

Por su parte, el Papa Francisco estableció la Fundación Vaticana Juan Pablo I el 17 de febrero de 2020, que es presidida por el Cardenal Pietro Parolin y la vicepresidente es Stefania Falasca.

El objetivo de la Fundación Vaticana Juan Pablo I es “proteger el patrimonio documental, cultural y religioso dejado por Juan Pablo I y fomentar a nivel internacional la investigación, los estudios, la profundización y la difusión de su obra y pensamiento, promoviendo conferencias, concediendo becas y ocupándose de las actividades editoriales, ha trabajado intensamente desde su creación para consolidar su estructura y preparar actividades que contribuyan al conocimiento y la difusión del legado teológico y cultural de Luciani”.

En esta línea, el archivo privado del Papa Juan Pablo I regresó a Roma gracias a la labor de la Fundación Vaticana Juan Pablo I.

Entre los importantes documentos, hasta ahora inaccesibles, se encuentran el diario y el cuaderno de su Pontificado.

El archivo consta de “escritos autógrafos, cuadernos, diarios, lecciones, homilías, correspondencia y material impreso y fotográfico que abarca un amplio periodo de tiempo desde 1929 hasta 1978”.

 

Entrevistado por el periódico católico “La Brújula Cotidiana”, Edoardo Luciani, sobrino de Juan Pablo I, también desmintió la leyenda que asegura que al Papa lo envenenaron en el Vaticano, y precisó que su tío murió de forma natural.

Luciani comentó que su tío “debía morir joven y por la gracia de Dios sobrevivió porque su vida tenía un propósito en el plan de Dios. Murió de la misma manera, Dios lo llamó”.

Cuando murió el 28 de septiembre de 1978, solo 33 días después de su elección, “nos dijeron lo que había sucedido. Algunos dicen que tuvo un infarto, pero nunca tuvo problemas cardíacos, su corazón era fuerte”.

Sobre “los rumores de que había sido envenenado (risas) eso también fue inventado”, destacó.

Luego relató que el obispo emérito de Cloyne, Irlanda, Mons. John Magee, “que entonces era el secretario privado de mi tío y el primero en pedir ayuda después de que la monja que le llevaba el café de la mañana lo encontrara muerto”, le contó lo que sería el origen de la historia falsa.

“Me dijo que una vez estuvo en el aeropuerto y se encontró con David A. Yallop, el autor del libro ‘In God’s Name: An Investigation into the Murder of Pope John Paul I’ (“En el nombre de Dios: una investigación sobre el asesinato del Papa Juan Pablo I”), publicado en 1984 por Bantam Books”.

 

“La historia del envenenamiento nació de él”, de Yallop, de modo que monseñor Magee “le preguntó de dónde había sacado las pruebas de las acusaciones que hizo en su libro”.

 

Según Luciani, Yallop le respondió: “También debes inventar algo cuando escribes un libro para vender”.

El sobrino de Juan Pablo I aseguró entonces que “la gente tiene una imaginación viva, no hubo conspiración. Murió de forma natural”.— ACIPrensa

 

La vida de Juan Pablo I “fue un milagro”.

El sobrino de Juan Pablo I dijo también que la vida de Albino Luciani “fue un milagro y siempre fue para nosotros un signo de la Providencia. Durante el tiempo que nació no todos los niños sobrevivieron, muchos murieron”.

 

Albino Luciani nació el 17 de octubre de 1912 en la localidad de Canale d’Agordo en Italia. Lo bautizó ese mismo día una señora de nombre Maria Fiocco, ante “el inminente peligro para su vida”, indica el sitio web del Vaticano.

 

“Mi tío pertenecía al grupo de los que suelen morir muy jóvenes. Su salud era frágil y no había los medicamentos que tenemos ahora. Sufría de neumonía y pleuresía y pasaba temporadas en el hospital. Su salud lo ha afectado toda su vida”, relató Edoardo Luciani.

 

 

Cuando San Juan XXIII fue elegido “Papa, dijo que quería nombrar obispo a Albino. Recibió una carta que desaconsejaba su ordenación por motivos de salud. A pesar de esa recomendación, se le ordenó”.

 

Albino Luciani fue designado obispo de Vittorio Veneto el 15 de diciembre de 1958, recibiendo la consagración episcopal solo 12 días después, el 27 de diciembre. Lo consagró obispo el mismo San Juan XXIII.

 

Edoardo Luciani dijo finalmente de Juan Pablo I que “su vida es un testimonio de cómo los planes de Dios desafían la lógica humana”.

 

“Su vida es un testimonio vivo de que lo que parece imposible para el hombre es posible para Dios”.

 

 

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