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Obituario: Hermano marista Juan Auxibio Franco Villares

De manera repentina y a la edad de 95 años, se desligó de la vida ayer en esta capital el apreciado hermano marista Juan Auxibio Franco Villares, quien se desempeñó como maestro en diversas escuelas maristas del país, y en Yucatán estuvo por dos períodos, el primero de 15 años, en la década de los 1970 y 80, y el segundo, del año 2000 hasta la fecha.

Don Auxibio nació el 24 de marzo de 1926, en Melgar de Abajo España, hijo de los eposos Abelino Franco Pérez y Octavila Villares López. Tuvo cinco hermanos: Ana, Luis, Lázaro, Luisa y Feliciano.

A lo largo de su vida impartió clases en nueve colegios de México, uno en España y otro en la isla de Cuba.

Realizó los votos perpetuos como hermano marista el 15 de agosto de 1948, en el Distrito Federal, y se inició como maestro marista en Gerona, España, donde estuvo por tan sólo tres meses, pues luego fue enviado a Santa Clara, Cuba, al Colegio del Sagrado Corazón.

Llegada a México

El 13 de abril de 1944 llega por primera vez a México. En 1954 los trasladan a Ocotlán, Jalisco, y habiendo terminado los estudios de la Normal Superior comienza a fungir como profesor titular de la clase de biología en secundaria.

En diciembre de 1956 es enviado al segundo noviciado, en Glugliasco, Italia, y después de un año regresa a México al Colegio Cervantes Casta Rica, para impartir las materias de zoología y botánica, en la preparatoria, y de zoología en la Normal Superior. Después de 13 años, en 1970 entra al Internado en México, como maestro de biología y enfermero.

Don Auxibio recibe la felicitación del padre Jorge Antonio Laviada Molina (fallecido en 2014) en la misa de sus 70 años como hermano marista, el 6 de junio de 2013 (Megateca)
El hermano Auxibio coloca al Niño Dios en el Nacimiento instalado en el Colegio Montejo, durante la misa del 24 de diciembre de 2020. En el altar, monseñor Jorge Carlos Patrón Wong (Megateca)
En la fiesta de San Marcelino Champagnat de 2005: Jorge Quiroz Rivas, José Guadalupe Romero Torres, Ignacio Ramírez Estrada, Carlos Perales López, Pablo Hernández García, don Auxibio, Roberto González González, Ricardo Méndez Gil, Sergio García Blackaller y Jesús Cisneros Guerra
En la boda de su sobrino nieto Francisco Javier Franco Alsina y Daniela Fernández Martín, en septiembre de 2020: con Jorge Agustín Richaud Falcón, Ana Luisa Franco Alsina, María Luisa Alsina Massó viuda de Franco, los novios, Santiago Franco Alsina, Regina Sala Cáceres, Ángel María y Cristina Franco Alsina y Rodrigo Rosas Cantillo (Megateca)
Con alumnos del Montejo en la conmemoración de sus 70 años como marista, en 2013 (Megateca)
Don Juan Auxibio Franco Villares (1926 - 2021)

En 1974 llega a Mérida, al Centro Universitario Montejo, donde se desempeña como maestro de biología y zoología.
En 1989 es trasladado a los Mochis, Sinaloa, y en 2000 llega nuevamente a Mérida, al Colegio Montejo, donde continúa su fructífero servicio durante los últimos años de su vida.

Además, colaboró en el Centro Comunitario que los Hermanos Maristas fundaron en la colonia Emiliano Zapata Sur, para apoyar a los más necesitados.

Misa por el descanso de su alma

Hoy se oficiará a las 19 horas una misa por el eterno descanso de su alma, que se transmitirá en Facebook Live en la cuenta del Colegio Montejo.

Al hermano marista Franco Villares le sobreviven su hermana Ana, en Melgar de Abajo en España, y aquí en Mérida, su sobrina María Luisa Alsina Massó viuda de Franco y sobrinos nietos Franco Alsina, quienes reciben las condolencias de las personas de su amistad, a las que asociamos cordialmente las nuestras.

Ser marista le dio felicidad

Cuando en marzo de 2011 cumplió 85 años de edad, el hermano Auxibio Franco Villares aseguró que “ser marista es lo más feliz que me ha pasado en la vida”.

El religioso culminó esa felicidad ayer lunes, cuando por la mañana fue llamado a la Casa del Padre, víctima de un infarto.

Diez años atrás, con motivo de su cumpleaños, don Auxibio —como le llamaban sus alumnos— le dijo al Diario que “no hay fórmulas ni secretos para vivir muchos años ni para encontrar la felicidad verdadera”.

Su vida, añadió, se regía por el lema “Ser para servir” y que en todo lo que había hecho tenía en mente a Dios y ayudar a la comunidad. Ahí, subrayó, había encontrado la felicidad.

Nacido en Melgar de Abajo, España, el 24 de marzo de 1926, don Auxibio profesó votos perpetuos como hermano marista en 1948, en el Distrito Federal. Fue docente en escuelas dirigidas por la congregación en varias ciudades del país, entre ellas Mérida, en dos etapas: de 1976 a 1989 y a partir del año 2000.

Dinamismo, creatividad... amor

Seis meses antes de la llegada del nuevo milenio y de su mudanza definitiva a Mérida, el religioso viajó a la capital yucateca para participar en una convivencia de todas las generaciones del CUM en el Centro de Convenciones Siglo XXI.

En esa ocasión el religioso comentó a este periódico que la educación marista en el nuevo milenio no tendría un camino fácil debido a los problemas sociales, económicos, políticos y culturales dominantes en el mundo.

Por esa razón, afirmó, debían redoblar esfuerzos para cumplir con la formación de las nuevas generaciones.

“Mayor dinamismo y creatividad en la formación, así como amar a Jesús, a María y al prójimo es lo que se necesita para superar los obstáculos que se presenten en el camino pedagógico”, señaló en esa oportunidad.

Su huella en la educación de cientos de mujeres y hombres quedó de manifiesto con el tiempo, al punto que en su festejo de 2011 él mismo bromeaba con que varios exalumnos suyos de Biología ya convertidos en médicos “no me cobran la consulta”.

“Como dice el lema de la Universidad Marista, lleven en vida el ‘Ser para servir’. Allí está la satisfacción de uno, en eso consiste la felicidad verdadera”.

Y confesaba que no tenía ningún secreto para ser octogenario, pues no se privaba de ningún tipo de alimento. “Nada más no me he podido acostumbrar al chile y a los tacos”, confesaba.

En junio de 2013, don Auxiblio festejó siete décadas como hermano marista, en el Colegio Montejo. En ese marco le declaró al Diario que “estar sirviendo a Dios entre los niños es mi mayor satisfacción”.

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