Salud

Se congela el cerebro; el hipotálamo “enloquece” con las bebidas frías

miércoles, 20 de julio de 2022 · 01:30

Con el calor las proteínas se desnaturalizan —pierden su estructura, se derriten— lo cual afecta y mucho a las neuronas, como damos cuenta en la portada.

Todo este proceso, además, desencadena una respuesta inflamatoria que modifica la homeostasis (equilibrio) del tejido nervioso, según publica BBC News Mundo.

La razón es que las altas temperaturas afectan a la barrera hematoencefálica que protege a nuestro sistema nervioso central, alterando ese equilibrio.

 

En concreto, hay un tipo específico de neuronas especialmente sensible al daño: las células de Purkinje. Estas neuronas se encuentran en el cerebelo, y son responsables de la función motora.

De ahí que uno de los síntomas característicos de un golpe de calor sea la debilidad motora con afectación grave de la coordinación y el equilibrio.

Bebidas frías

¿Se congela el cerebro con bebidas frías? Si usted está pensando que una posible solución al calor sería tomar una bebida bien fría, ¡cuidado! porque a nuestro cerebro no le gustan nada los cambios bruscos de temperatura.

Al beberla, puede sufrir una cefalea por crioestímulo o, dicho de otra manera, una sensación fuerte de dolor de cabeza al tomar algo frío.

Se nos congela el cerebro. La respuesta a este efecto es sencilla. Estamos confundiendo al sistema circulatorio, el cual a su vez vuelve loco al cerebro. Y el cerebro responde con un toque de atención en forma de dolor.

Ya hemos visto que nuestro organismo es capaz de regular nuestra temperatura corporal. Cuando hace frío nuestros vasos sanguíneos periféricos se contraen (se encogen). Es lo que llamamos vasoconstricción. Así la sangre circula lejos de la piel y se puede mantener mejor el calor corporal.Cuando hace calor, los vasos periféricos se dilatan (se expanden). Esto es la vasodilatación. Así, al expandirse y estar más cerca de la piel se favorece la transferencia de calor fuera del cuerpo. ¡Sudamos! y así controlamos nuestra temperatura corporal. En verano los capilares tienden a estar dilatados para expulsar el calor del cuerpo. Pero si de repente tomamos algo frío, los vasos sanguíneos pasan rápidamente de su dilatación normal para eliminar calor, a la contracción por el frío de lo que estamos tomando. El resultado final es que el sistema circulatorio no sabe cómo actuar con tanto trajín de calor y frío.

Estos cambios en el flujo sanguíneo son detectados por los receptores del dolor que hay en el paladar y la garganta, que comunican con el cerebro a través del nervio trigémino, que envía información sensorial de lo que ocurre en la cabeza.

Una porción del trigémino se extiende por la parte media de la cara y la frente, por eso el cerebro interpreta que hay un problema y se produce esa sensación de dolor punzante.

 

Es lo que llamamos un “dolor referido”: se produce en el paladar o la garganta pero lo notas en el cerebro.

Pero que no cunda el pánico. Realmente el cerebro no siente dolor, es solo una sensación que se pasa enseguida. Para evitarlo, hay que comer o beber despacio para acostumbrar al paladar a ese cambio de temperatura.

Aunque todo el mundo tiene un nervio trigémino, no todo el mundo experimenta esa congelación cerebral. Es posible que los nervios de algunas personas sean más sensibles que los de otras. De hecho, quienes experimentan congelación cerebral padecerían de migrañas.

En conclusión, protege tu cerebro del calor, pero cuidado con el método que empleas. Aunque una bebida fría o un helado bien merecen unos segundos de dolor.