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La mascarilla sí hace la diferencia

Un voluntario con su mascarilla de una campaña de pruebas de anticuerpos en Rumania

Menos contagios si la mitad de la gente la utiliza

El nuevo coronavirus se transmite al respirar partículas que contienen el virus que exhalan personas infectadas cuando hablan, tosen o estornudan, por lo que el uso generalizado de las mascarillas, de lo que hablamos en la nota de portada, es tan relevante para evitar futuros brotes de contagios.

En un estudio publicado ayer, los científicos valoraron diferentes escenarios de empleo de mascarillas, combinadas con periodos de confinamiento e incluyeron en sus modelos de estudio etapas de infección y transmisión mediante superficies además del aire, considerando asimismo los efectos negativos de su uso, como el incremento del acto de tocarse la cara.

A fin de ralentizar la pandemia, es necesario mantener el número de reproducción del coronavirus (R) por debajo de 1.0 y si los ciudadanos las llevaran en cualquier lugar público, reducir ese parámetro resultaría el doble de efectivo que si solo las usan personas que muestran síntomas.

Vieron que en todos los escenarios analizados el uso rutinario de esas mascarillas por un 50% o más de la población rebajó la propagación del Covid-19 por debajo del 1.0, aplanando futuros brotes de la enfermedad y posibilitando medidas menos estrictas de confinamiento.

Encontraron que si un 100% de la población combina su uso en público con otras medidas intermitentes de confinamiento se evita el resurgimiento del virus durante los 18 meses requeridos para dar con una posible vacuna.

Detectaron que incluso las caseras, hechas de camisetas de algodón o trapos de cocina son un 90% efectivas a la hora de prevenir la transmisión.

El estudio sugiere que si toda la población llevara mascarillas de un 75% de efectividad se podría rebajar un número R muy elevado de 4.0 hasta situarle por debajo del 1.0, incluso sin medidas de confinamiento.

Incluso aunque estas solo puedan capturar un 50% de partículas exhaladas serían, agregan, “beneficiosas para la población”.

John Colvin, de la universidad de Greenwich, apuntó que existe la “percepción común de que llevar una mascarilla implica que consideras a los otros un peligro cuando, de hecho, principalmente tu estás protegiendo a otros de ti mismo.”

En el Reino Unido, el enfoque debería ampliarse más allá del transporte público, según agregó, al opinar que “la manera más efectiva de retomar la vida diaria es alentar a todo el mundo a llevar algún tipo de mascarilla cuando se está en un sitio público.”

 

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