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Madre de las pandemias

Foto: Megamedia

La crisis de influenza de 1918 es uno de los brotes de enfermedad más mortales que han ocurrido en la Historia. Y “La Revista de Yucatán” estuvo ahí para informar de ella.

En octubre de 1918 el resultado de la Gran Guerra se ajustaba con un intercambio epistolar sobre el armisticio entre Alemania y Estados Unidos; en México, gobernado por Venustiano Carranza, continuaban los enfrentamientos entre revolucionarios; María Conesa y Prudencia Griffel hacían visitas a Mérida con sus compañías; en Valladolid era descubierta una conspiración armada, y un “perrito negro, lanudo y de baja alzada” era buscado por su dueño en el barrio de San Cosme.

Y también en ese mes aparecían en “La Revista de Yucatán”, antecesora del Diario, titulares sobre una asesina serial que hacía temblar al mundo: la “gripe española”.

Un siglo antes de que el Covid-19 trastocara la cotidianidad de los habitantes del orbe, una pandemia de influenza originada por el virus H1N1 elevó rápidamente el número de muertes entre los combatientes en Europa y la población civil de países alejados del conflicto, como México.

La “gripe española” golpeó incluso a Yucatán, donde se reportaron decesos por esta causa en Mérida, Cenotillo, Seyé y Homún, entre otros puntos.

Esa pandemia ha sido uno de los brotes de enfermedad más mortales de la Historia, de acuerdo con los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) de Estados Unidos. El virus infectó a un tercio de la población mundial y el número de muertos llegó a 50 millones.

La agencia sanitaria estadounidense recuerda que el nombre de “gripe española” se le dio por la cifra de casos reportados en España, no por ser ahí donde el contagio estuviera más extendido, sino por la transparencia con que informaban las autoridades del país, que se mantuvo neutral durante la guerra.

Los CDC contabilizan tres brotes u “olas” de la pandemia: en la primavera de 1918, entre septiembre y noviembre de ese mismo año, y en el primer semestre de 1919. La segunda fue la que tuvo la mortalidad más alta.

Durante esta “ola” aparecieron en “La Revista de Yucatán”, dirigida por don Carlos R. Menéndez González —fundador en 1925 de Diario de Yucatán—, artículos sobre el avance del mal, que afectó notablemente al centro y norte de México.

Los contagios llevaron a las autoridades a tomar decisiones similares a las adoptadas ante el Covid-19. Las “enérgicas medidas” que citan artículos publicados en octubre de 1918 incluían la suspensión del transporte de pasajeros entre ciudades, la clausura de escuelas, iglesias, teatros, puntos de reunión y, en el caso de Nuevo Laredo, la aduana fronteriza; la distribución de “hojas y prospectos, en los cuales se hacen indicaciones para precaverse del mal”, y una colecta de fondos entre comerciantes para auxiliar a las víctimas.

En Ciudad de México se crearon brigadas sanitarias “y se está arreglando convenientemente el Hospital General para recibir a los enfermos y mantenerlos debidamente aislados”.

Asimismo, se dispuso la “cuarentena contra los Estados Unidos y los trenes serán cuidadosamente fumigados”.

A medida que pasaban los días la palabra “estragos” aumentaba su frecuencia en las noticias sobre la influenza, que “se está caracterizando por la obstrucción de las vías respiratorias” y llevaba a regar las calles “dos veces al día con una solución de creolina”.

La enfermedad impactaba, como ahora, en la actividad laboral. El 15 de octubre se dio cuenta de que “la suspensión del servicio cablegráfico para la prensa no es por interrupción del cable, y seguramente se debe a la gran acumulación de trabajo que existe en las oficinas por causa de que muchos empleados, casi todo el personal, están atacados de influenza que en forma epidémica está haciendo estragos en el norte del país”.

En Veracruz, la pandemia obligó a clausurar las actividades del Congreso, “a causa de hallarse enfermos de influenza todos los miembros”, e imponer la cuarentena al barco “Manzanillo” fondeado en el puerto jarocho, “con motivo de traer a bordo varios casos”.

En Tamaulipas, para octubre “el ochenta por ciento de los habitantes de Ciudad González están atacados de la terrible influenza española”. Al día, precisó “La Revista de Yucatán”, se reportaba un centenar de muertes.

Iniciativa

A tal punto se extendieron los contagios que circularon versiones de que el presidente Carranza consideraba remitir a la Cámara de Diputados una iniciativa “tendiente a que ésta apruebe un crédito de doscientos mil pesos oro nacional para combatir la terrible epidemia de la influenza que tantos estragos está causando en diversas partes de la República”. Asimismo, “el Gobierno propondrá que se dicten medidas muy enérgicas para combatir el mal”.

La clausura de puntos de reunión cambió el aspecto de Chihuahua, ciudad que “parece un cementerio”. En Puebla surgieron problemas para sepultar a los fallecidos. El 2 de noviembre se supo que “en el Cementerio de Agua Azul había ayer más de 100 cadáveres insepultos, por falta de enterradores, pues todos los empleados están enfermos y se hace imposible conseguir gente para ese penoso trabajo”.

Sin trabajo

Los trastornos a la vida económica se cobraron la vida de tres artistas de la compañía de zarzuelas de María Caballé, que a finales de octubre de 1918 se suicidaron en el hotel de Tampico donde se hospedaban. Junto a ellos, la tiple argentina también atentó, sin éxito, contra su vida “en vista de la difícil situación porque atravesaban”.

“Desde hace muchos días no trabajaban, debido a que los teatros se cerraron por causa de la epidemia reinante”, señaló la nota de prensa.

El general Salvador Alvarado, a la sazón exgobernador de Yucatán, no se salvó del contagio. A principios de noviembre se informó que, “enfermo a consecuencia de la influenza complicada con un ataque de neumonía, acaba de sufrir una recaída de tal naturaleza que ha entrado otra vez en un período de suma gravedad”. Incluso, “se cree que su enfermedad tenga un desenlace fatal”. No lo tuvo: el militar falleció emboscado en 1924.

El temor al contagio fue aprovechado por comerciantes para convencer al público de la conveniencia de sus productos. En las páginas de “La Revista de Yucatán”, Mangas e Inchausti aseguraba vender “la mejor creolina”, que era “el mejor desinfectante”. Para demostrarlo recordaba que “las calles se riegan actualmente con creolina para combatir la influenza”.

Por su parte, la Gran Panadería de Bolio y Gutiérrez anunciaba que en la elaboración de su pan francés se usaban “materiales de suprema calidad, importados directamente de centros productores no infectados con la terrible epidemia”.— Valentina Boeta Madera

El general Salvador Alvarado, exgobernador de Yucatán, no se salvó del contagio. A principios de noviembre sufrió una recaída de gravedad de la influenza

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