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Paciente de cáncer de mama cuenta su historia y aconseja a mujeres

María Elena Ramos Tescum

Consejos de una paciente a fin de seguir adelante

“Todo es posible; aun cuando nos hayan diagnosticado cáncer en alguna parte del cuerpo, sin importar la fase, somos fuertes y podemos luchar por salir adelante. Siempre hay motivos para levantarse cada día”, asegura la maestra María Elena Ramos Tescum.

Diagnosticada con cáncer de seno en noviembre de 2015, María Elena está bajo vigilancia médica desde hace un año, luego de numerosas quimioterapias, radioterapias, tratamientos hormonales y apoyo psicológico.

“Con el favor de Dios aún sigo aquí, con más fuerza haciendo mi vida día a día; disfrutando de las cosas simples, trabajando, cuidando a mi familia, mi cuerpo, mi mente y espíritu”, señaló la vecina de Chetumal, compañera de carrera, amiga y comadre.

Cáncer de mama, principal causa de muerte en mujeres

Octubre es el mes de la lucha contra el cáncer de seno y ayer fue el día principal de concienciación. La enfermedad sigue siendo flagelo para las mujeres, pues es la primera causa de muerte de la población femenina del mundo, el país y Yucatán.

En México diariamente 20 mujeres entre 35 y 64 años de edad pierden la vida por esta enfermedad. 250 casos fueron diagnosticados en 2019 en la entidad y 100 personas perdieron la batalla en ese mismo año, reveló Alejandra Gutiérrez Blanco, presidenta de la Fundación Tócate, cuando presentó la décimo tercera edición de la campaña que este mes se promueve a través de diferentes medios con el lema “Salva una vida, salva tu vida”.

María Elena Ramos, hoy de 50 años de edad y madre de dos hijos, ha llevado su tratamiento a lo largo de casi seis años tanto en Chetumal como en Mérida, ciudad que la acogió en su vida universitaria, cuando cursó la Licenciatura en Ciencias de la Comunicación.

Recientemente, junto con otras nueve mujeres que han presentado cáncer, trabajó en la edición de un libro sobre el tema, el cual podría ver la luz en breve, de encontrar el apoyo para su publicación.

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No duda en compartirnos su testimonio, el cual, dijo, considera valioso para que las mujeres estén muy pendientes de los cambios en sus cuerpos, aprenden a darse cuenta de las cosas que no son normales y puedan dar una alerta temprana.

“En este punto es indispensable saber que no están solas; que esta experiencia está llena de aprendizaje, te hará más fuerte, valiente, paciente, fervorosa, confiada, sensible, empática, solidaria y sabrás que, sin lugar a dudas, tienes un propósito mayor”, destacó.

“Recuerdo que habían pasado 10 meses de mi último chequeo; así que en una ‘campaña rosa’ del gobierno del Estado asistí a realizarme la mastografía. Para ese entonces estaba postulándome para estudiar una segunda maestría, me desempeñaba como subdirectora de comunicación de una importante institución, participaba en actividades diversas y convivía con mi familia. Una semana después de realizarme el estudio me llamaron al celular, recuerdo ese día claramente, estaba preparando un examen cuando contesté el teléfono, la verdad es que me asusté mucho, aunque la señorita de manera sutil me había citado en tres días de nuevo a un ultrasonido. Intenté clarificar con ella qué tipo de situación había, pero no me dio más detalles. Le llamé a Carlos (en ese entonces mi esposo) para comentarle, él no le dio importancia y trató de calmarme, asegurando que habría sido un error” .

“Rogaba a Dios que el diagnóstico estuviera equivocado; sin embargo, después del ultrasonido se confirmó la sospecha. En ese momento ofrecieron hacerme una biopsia y enviarla a un hospital público; los resultados estarían listos en tres meses”, apunta.

“Mi hermana, que vive en Mérida, me llamó y dijo: ‘No permitas que nadie te tome una biopsia, tomar un estudio como ése requiere cuidado, vente a Mérida, acabo de conseguir cita con el mejor cirujano oncólogo del Sureste”.

“Si tiene alas...”

“El cirujano se portó amable y cauteloso, revisó el seno y después de remover un poco me dijo: ‘Sí, señora, aquí tiene un racimo de quistes, usted no los siente porque están muy adentro’. Aún en ese momento no aceptábamos el diagnóstico. Dándose cuenta, el doctor dijo: ‘Si parece un pato, tiene alas, pico y grazna, todo indica que es un pato, le mandaré a realizar una biopsia con trucut, así confirmaremos qué tipo de pato es, si es blanco, negro o gris, y con qué tipo de escopeta le daremos’”.

“La espera fue terrible, angustiante; dejé de comer ante la incertidumbre de la situación, en ese entonces pensé: ‘Las personas no se mueren por cáncer, se mueren por la angustia, el temor, por todo lo que había escuchado acerca de la enfermedad y sus consecuencias, el estrés me superaba’”.

“Al fin sonó mi celular, la llamada más amarga que puedes recibir, endulzada desde luego por mi interlocutora. El diagnóstico era carcinoma ductal invasor, es decir, cáncer. Mi hermana me dijo que el médico recomendó la cirugía del seno izquierdo”.

“Al colgar el teléfono Carlos y yo nos dimos un abrazo largo; apenas podía llorar, estaba en shock, no lo creía, era una mujer completamente sana desde niña, fuera de mis partos jamás había estado en una clínica”.

Comienzan las cirugías

A partir de ese momento la vida de María Elena cambió, dos cirugías fueron necesarias, la primera para extirpar los tumores y la segunda, una histerectomía. El cáncer fue de tipo hormonal.

Después de ser operada, recibió seis sesiones de quimioterapia y 28 de radioterapia. La caída del cabello no tardó en llegar, cosa que le entristeció profundamente; sin embargo, el apoyo psicológico profesional y el amor de familiares y amigos hicieron más llevadera esta etapa de su vida.

“El cáncer no respeta sexo, edad, credo religioso, filiación política, estatus ni estilo de vida. Solo llega a instalarse en tu vida como un compañero que te viene a enseñar y hasta que no aprendamos no se irá”.

''Agradezco cada día''

“Esta experiencia de vida me llevó a hacer cambios drásticos y positivos, escuchar las señales de mi cuerpo cuando está cansado, vivir sin estrés, establecer mis prioridades, respetar horarios de alimentos, comer sanamente, realizar ejercicio, tomar las cosas con calma, ser empática y solidaria con los demás, nutrir mi vida espiritual, tener una actitud positiva aunque esté sintiendo que el escenario no es el mejor, es decir, elegir estar en la vida. Cada mañana desde el 12 de noviembre de 2015 me despierto y lo primero que hago es elevar una plegaria a Dios y a la Virgen María Reina de la Paz, agradeciéndoles un día más de vida, que me den dirección para conocer, entender mi propósito y misión en la Tierra. No sé si es un deseo ambicioso pero solo pido dejar un mundo mejor y más justo del que yo encontré en 1970”.

Sus consejos

a) “Te sugiero que leas un poco, si te encuentras de ánimo, acerca de la enfermedad; yo confieso que leí poco sobre ella, el miedo me acobardaba cada vez que tomaba algún libro, pero tengo amigas que leyeron de cabo a rabo de la situación y cuando asistían a sus consultas hacían las preguntas necesarias hasta satisfacer sus dudas”.

b) “En el caso de los médicos, es indispensable tener el tacto y la sensibilidad necesarios para decirle a la paciente cómo es la enfermedad, en qué etapa se encuentra, cómo será su tratamiento y, sobre todo, tener la paciencia suficiente para resolver sus dudas. Confieso que en mis primeras citas con el médico oncólogo yo tenía terror de preguntar, porque pensaba que la respuesta siempre sería desfavorable; con el tiempo me fui adaptando y ahora trato de salir de mis dudas. Así que mejor pregunta y, si es necesario escuchar una segunda opinión, búscala”.

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c) “En el caso de los familiares cercanos, es importante informarse acerca de la enfermedad, ya que existen demasiados mitos al respecto, sobre todo de curas milagrosas. La mejor forma de dar acompañamiento es cuidando al paciente, distraerlo si así lo necesita”.

d) “Jamás decir ‘mi cáncer’, no lo hagas tuyo, reconócelo como un maestro que viene a enseñarte algo que necesitas saber, pero no personalices la enfermedad o los achaques porque será más difícil dejarlos ir”.

e) “Si en el ámbito laboral te encuentras en posición de autoridad respecto al paciente, bríndale todas las facilidades, nos volvemos sensibles solo cuando nos toca a nosotros, no esperemos a eso para apoyarlos, piensa que ya lleva una carga difícil de sostener como para que le causemos más preocupaciones”.

“Las personas tienen derecho a recibir su tratamiento con las facilidades necesarias, especialmente los que vivimos en lugares donde no se encuentran suficientes médicos especialistas y debemos trasladarnos a otras ciudades”.

f) “Haber padecido cáncer en alguna etapa de tu vida obliga a que te realices chequeos de forma regular, aunque el médico tratante te haya dado de alta. A veces en algunas visitas posteriores surgen asuntos médicos que atender y hay que tomar al toro por los cuernos con buena actitud para recibir el tratamiento médico adecuado.

“Una de las anécdotas que recuerdo con cariño fue cuando mis hijos se raparon el cabello por solidaridad conmigo (porque a mí se me cayó después de la primera quimioterapia); y cuando sus compañeros de escuela se enteraron, por solidaridad también se cortaron el cabello cortito”.— Emanuel Rincón Becerra

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Escrito por Emanuel Rincón Becerra

Emanuel Rincón Becerra, reportero de la Agencia Informativa Megamedia (AIM). Es licenciado en Ciencias de la Comunicación con 30 años de trayectoria en periodismo; ingresó a Grupo Megamedia en 1994. Se especializa en arte, cultura, turismo, arqueología, vida empresarial, historia y  fotografía.

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