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Semáforo rojo, rojo

Foto: Megamedia

Salud y Vida

Yeusví Maley Flores Cazola (*)

Un problema de salud pública como la pandemia actual del coronavirus requiere de manera forzosa implementar acciones no solo en materia de salud, sino en el rubro económico.

No existe bolsillo que pueda aguantar tres meses sin percepción económica alguna. Es precisamente por eso que las autoridades decidieron implementar un sistema de semaforización. Basado por un lado en el porcentaje de ocupación hospitalaria y por otro en la positividad y el ritmo de contagio, hoy tenemos un semáforo naranja, que permitió la tan necesaria reapertura económica.

Sin embargo, cuando esta semaforización no se acompaña de un recordatorio constante de las medidas de prevención y es percibida erróneamente por la población como una mejoría de la situación el caos se hace presente. Los ciudadanos bajan la guardia y se reincorporan de manera masiva a una “nueva normalidad”.

Pareciera que tan solo se necesitara ataviarse de cubrebocas para emerger en calles llenas, servicios de transporte abarrotados y, como miles que buscan mitigar el calor y hoy particularmente el hartazgo, las hermosas playas yucatecas.

Tristemente, quienes nos desenvolvemos en medios hospitalarios desearíamos ver un semáforo color rojo incandescente, correspondiente a la realidad que nuestros ojos perciben, y que tal vez es el único símbolo que refleje de manera real lo que las estadísticas marcan, lo que los medios de comunicación gritan con titulares plagados de desolación y lo que las familias de los deudos reflexionan ante las innumerables pérdidas.

La apertura del Centro Siglo XXI para la atención médica de pacientes positivos a SARS-CoV-2, si bien es un logro de infraestructura, debe ser percibido como un fracaso social absoluto. Abrir este hospital alterno no deja duda alguna de que los hospitales del Estado están a su máxima capacidad. Quiero hacer hincapié en que máxima capacidad no solo significa que no haya camas disponibles, también significa que el personal de salud no se da abasto.

El ambiente médico ha pasado por las siguientes etapas: primero era incapaz de reconocer a sus colegas solo por los ojos, luego eran identificados por nombres sobres trajes, posteriormente se adquirió la capacidad de distinguir el tono de voz o la intensidad de la mirada. Aprendimos a sonreír con los ojos, a apoyar con la mirada y a alentar con un guiño. Hoy solo vemos miradas cansadas, ojeras que sobresalen de los anteojos y una incertidumbre que se transmite en instantes al cruzar miradas. Hoy se festejan las pruebas negativas porque eso implica que puedes seguir adelante sin preocupaciones, y que tu estrés puede quedar a un lado la próxima catorcena mientras continúas laborando.

No perdamos la visión de las cosas, naranja significa que debemos salir a reactivar la economía con mayor conciencia que nunca, en medio de una pandemia que parece retomar fuerza y cuyos únicos guerreros somos los ciudadanos y las acciones responsables que ejercemos ante esta guerra mundial.

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