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Parecido a la Tierra: Gliese 486b es el quinto planeta mejor descrito

jueves, 23 de junio de 2022 · 01:30

MADRID (EFE).— Gliese 486b es un exoplaneta muy similar a la Tierra que orbita alrededor de una enana roja y, aunque no es habitable, conocerlo bien puede ayudarnos a saber cómo se formaron los planetas —también el nuestro— y responder a preguntas hasta ahora imposibles de contestar.

Un equipo internacional de astrónomos liderados por José A. Caballero, del Centro de Astrobiología (CSIC-INTA) de España, acaba de publicar en “Astronomy & Astrophysics” una descripción sin precedentes de las características de esta exotierra cercana.

Situado a “tan solamente” 26 años luz de distancia, Gliese 486b orbita tan cerca de su estrella que su temperatura se eleva a más de 400 grados centígrados. Tal y como lo describen los astrónomos, su superficie sería parecida a la de Venus, con un paisaje caliente y seco, surcado por ardientes ríos de lava.

Además, Gliese 486b podría tener una atmósfera distinta a la de la Tierra pero hasta que el telescopio espacial James Webb no oriente sus espejos hacia él no se sabrá con certeza cómo es (los astrónomos barajan cinco escenarios).

De momento, Gliese 486b sirve para probar los modelos atmosféricos y predecir su estructura interna.

“Gliese 486b se convirtió en la Piedra Rosetta de la exoplanetología. En el sistema solar tenemos los planetas terrestres Mercurio, Venus, Tierra y Marte”. El exoplaneta es el quinto mejor estudiado en el universo y “el primero de fuera del sistema solar”, matiza Caballero.

Para analizarlo, los astrónomos usaron la espectroscopia ultraprecisa y la fotometría de tránsito.

Los autores midieron la masa del planeta con dos espectrógrafos de alta precisión (el de Carmenes, en España, y Maroon-X, en Estados Unidos), y el radio del planeta con las misiones espaciales TESS (de la NASA) y Cheops (de la ESA).

Con la masa y el radio determinaron la densidad de Gliese 486b y calcularon los modelos de interior, algo que se hizo antes pero “nunca en planetas tan pequeños ni con tanta exactitud y precisión”, apunta Caballero.

Según los cálculos, Gliese 486b tiene un núcleo de hierro proporcionalmente más pequeño que el de la Tierra y está rodeado “por un manto profundo hecho de silicatos y, quizá, agua”.

Los autores también midieron el radio de la estrella con el CHARA Array (interferómetro de infrarrojo cercano, en Estados Unidos) y determinaron el período de rotación de la estrella, su composición y su actividad, entre otros parámetros.

Habrá que esperar hasta 2023 (o, si hay suerte, unos pocos meses), o hasta que el telescopio espacial James Webb observe este sistema para desvelar cómo son el exoplaneta y su estrella.

Solo entonces podremos ver si el exoplaneta “tiene hidrógeno y helio, dióxido de carbono, vapor de agua, nitrógeno, una atmósfera muy enrarecida, nada de atmósfera... Tenemos nuestro escenario ambiental favorito, pero habrá que esperar un año para saber cómo es realmente”, apunta Caballero.

Para Esther González-Álvarez, coautora del estudio, probablemente los resultados más importantes detrás de este trabajo “no son los valores en sí, sino las oportunidades que ofrecen para futuros estudios”.

Y es que gracias a su caracterización precisa y exacta, este exoplaneta puede convertirse en el primero (y único, por el momento) en el que se pueden formular preguntas que hasta hace pocos años parecían de película de ciencia ficción, puntualiza la investigadora española.

Además, indica Caballero, el artículo es un ejemplo de que este tipo de análisis se puede hacer “poco a poco, despacito y con buena letra”, y un ejemplo de la capacidad de los astrónomos españoles que a día de hoy son “el Rafa Nadal de la astronomía mundial”, valora el investigador.

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