in ,

Facebook sigue planteando dudas sobre su beneficio

Mark Zuckerberg en su comparecencia en 2018 ante el Congreso de Estados Unidos

Quince años de vivir en el área gris

SAN FRANCISCO (EFE).— Facebook se ha erigido en un auténtico titán de las comunicaciones en Internet (además de su propia plataforma es propietario de Instagram y WhatsApp), lo que abre un intenso debate sobre el papel de garante o regulador de la libertad de expresión en línea que debe desempeñar.

La compañía que fundó hace 15 años Mark Zuckerberg junto a otros tres compañeros de la Universidad de Harvard creció hasta el punto de que un tercio de la humanidad tiene una cuenta de Facebook, lo que le da una posición de dominio casi absoluto en el mercado.

Por un lado, la plataforma ha dado a millones de personas la posibilidad de compartir sus puntos de vista con una audiencia gigantesca, lo que ha democratizado la comunicación pública y ha supuesto un avance innegable en libertad de expresión.

Por otro, la empresa se ha convertido en una de las principales herramientas que la ciudadanía usa para informarse, lo que ha llevado a plantearse cuestiones que poco tienen que ver con la programación y tecnología, y mucho con decisiones editoriales y conceptos filosóficos sobre comunicación.

“Nuestras políticas se basan en los siguientes principios: seguridad, voz e igualdad”, dice una portavoz de Facebook que pidió no ser identificada para respetar las directrices de la compañía en cuanto a declaraciones de sus empleados.

“Nuestro objetivo es ofrecer puntos de vista diversos. Por defecto, permitimos todos los contenidos, incluso cuando los encontramos desagradables, a no ser que eliminar ese contenido particular pueda prevenir un daño concreto”, indica.

En duda

La cuestión que deriva inmediatamente de este principio es qué significa exactamente “un daño concreto”, ya que, si bien parece claro que podría referirse a animar a cometer un acto violento, el terreno se vuelve pantanoso si se trata de daños morales o psicológicos.

Por ejemplo, según los “estándares de comunidad” de Facebook, que tratan de delinear esas difusas fronteras, se consideran dañinas las imágenes que muestren desnudez o actividades sexuales, porque “hay personas en nuestra comunidad que pueden ser sensibles a este tipo de contenidos”.

Esta política, sin embargo, se ha tenido que modificar en numerosas ocasiones en los últimos años después de que los internautas se quejasen de que la red social eliminaba fotografías de madres amamantando a sus bebés, campañas contra el cáncer de seno o pinturas con personajes desnudos.

“A veces nuestros estándares pueden parecer menos detallados de lo que nos gustaría y eso implica que los resultados de su aplicación entran en conflicto con lo que originalmente pretendíamos”, admite la portavoz.

“En algunos casos, y cuando se nos provee de contexto adicional, tomamos decisiones en base al espíritu con el que fueron redactadas nuestras políticas, en lugar de guiarnos únicamente por el texto de la redacción”.

Ello implica un alto grado de subjetividad, más propio de un editor de prensa que de una compañía de Internet cuya misión a priori no incluía erigirse en regulador de lo que la gente puede o no puede decir en la Red.

“Fake News”

El debate encuentra una de sus máximas expresiones en la publicación de noticias falsas y la propagación de teorías de la conspiración, algo contra lo cual pondría a la firma a desempeñar el papel de un editor.

Legisladores de distintos países han presionado a Facebook para que asuma esa responsabilidad y no permita la circulación de contenidos falsos, pero ello podría derivar en una discusión legal y filosófica muy profunda: ¿Quién decide qué es una noticia falsa? ¿Están amparadas las noticias falsas por la libertad de expresión? ¿Es Facebook una plataforma o una compañía editorial?

Al respecto, la portavoz regresa a su premisa original: “La gente tiene que sentirse segura en nuestra comunidad. Nuestro compromiso es retirar contenido que aliente daños en el mundo real, incluyendo (pero sin limitarse a) daños físicos, financieros y emocionales”.

 

Se reportan en el Yucatán dos posibles casos de hepatitis A

Sobreviviente de estallido dice que vive con temor